martes, 2 de septiembre de 2014

Burladero Baudelaire (III)

Capítulo I 
Capítulo II

Una profusa carpintería rodeaba la estancia cuya similitud con un coso taurino yo solo podía inferir de algún grabado exótico y vagamente oriental exhumado en las cajones de los bouquinistas. Mis conocimientos sobre la tauromaquia no iban más allá de las fantasías románticas de Gautier y los crepusculares telones de “Carmen” en la Opéra Comique.

Renuncio en consecuencia a intentar explicar con detalle la sucesión de estructuras más o menos estables que componían las gradas y los palcos donde, a medida que la penumbra invadía mi espíritu, empecé a distinguir una secreta e intermitente asamblea de mujeres que agitaban pequeños abanicos sobre sus hombros desceñidos. Creo que fue entonces cuando perdí de vista a mis dos angelicales compañeras.

Yo aún estaba en la arena. En el centro, ante mí, una barra en forma de doble anillo desplegaba una selva de licores y frutas escarchadas, pero no atendía nadie por lo que yo mismo me serví una larga copa de Sauvignon que alcé a lo alto como en un brindis. Antes de que pudiera farfullar ningún deseo celestial o maligno me detuvo la mirada triste y envenenada de Charles Baudelaire.

Bajo una marquesina de cristal surcada por verdes serpientes de hierro colado, que se entrelazaban formando una especie de palio o de hornacina, la imagen del poeta presidía la plaza como un emperador romano, rodeado de grandes y lóbregos ramos de jacintos y girasoles junto a los cuales dos tenues faroles de gas empezaba a florecer. Era, a mayor escala, una reproducción pintada de los famosos y codiciados daguerrotipos de Nadar.

-Viens, mon beau chat, sur mon coeur amoureux.

Una voz cavernosa susurraba a mi espalda como un escalofrío, aunque apenas podía distinguir su reflejo sobre el azogue gastado del bar:

-Bienvenido a mi guarida, ¿Monsieur…? ¿Con quién tengo el gusto de hablar?


(*): Ven, mi hermoso gato, a mi corazón amoroso

¿Continuará?

domingo, 31 de agosto de 2014

Lección de Astronomía

La noche del sábado pasado nuestro amigo Luis Fernández nos llevó a ver las estrellas al Aljarafe, quede como recuerdo este poema de circunstancia, siendo la circunstancia que jamás podremos olvidar cómo vimos los anillos de Saturno.

Saturno, 23 de agosto
Lección de Astronomía

El telescopio
como una pipa de opio
que fumáramos por turnos
hendía el cielo nocturno
con ímpetu de trombón.

Las estrellas de neón
rugían desde el abismo
[-para abismo, el de uno mismo
como avisara Pascal-],
y bajo el cielo orbital
el eco de un cataclismo
refutaba el ateísmo:
tocan Dios y su big band,
fuera el mecanicismo.

No solo el swing del big bang
miramos por la mirilla:
el firmamento en Sevilla
tiene un color espacial.

El catastro de los astros
como astrónomos caldeos
listamos uno por uno
no mejor que Zoroastro
ni peor que Galileo
(¡música de "2001"!).

El taciturno Saturno,
el arzobispo planeta,
nos daba a besar SU anillo
(¡lejos Frodos y Sigfridos!)
con sabor a Peta Zeta
y a cine de serie B
cuando Dios era Yahvé,
Charlton Heston, su profeta.

[Me equivoqué de sesión:
yo vi en fase de ataraxia
“La guerra de las galaxias”,
¡qué magnífica explosión!
Esa Estrella de la Muerte,
tan semejante a una @,
plena de materia inerte
igual que una supernova].

Vimos varias nebulosas,
estrellas dobles, gigantes,
luengos cúmulos errantes
con forma de mariposa…
En fin, un sin fin de cosas
que no habíamos visto antes.

Aunque no vimos la luna
que era nueva y no salía
hasta después de la una:
¡cosas de la astronomía!

Selfie astronómico, 23 de agosto



domingo, 24 de agosto de 2014

Lisboa antiga

Miro girar los tranvías
sobre la curva
                    amplia
                             de la calle
esmaltada de luz y ropa blanca.

Algo gira en el alma al mismo tiempo:
un puñal amarillo de tristeza.

Y sube a la garganta y a los ojos
esa lenta nostalgia de haber sido
y no volver a ser,
que no es la muerte
sino algo más o menos parecido.

Todo es tan claro ahora,
mientras gira el tranvía junto a los azulejos
y la vieja fachada del café,
como el reflejo
de ese heterónimo viejo
que ves y ya no ves.

Lisboa, 20 de julio

.





Una década de almanaques

Hoy, coincidiendo con el 115 aniversario de Borges, se cumplen exactamente 10 años desde que empecé a escribir EL LECTOR DE ALMANAQUES [www.jmjurado.org]. La historia de la gestación de esta obra ya la he contado en TABLERO DE SUEÑOS, donde se ofrece una selección de 50 hojas del calendario. En rigor aquel 24 de agosto fue mi big-bang literario, yo llevaba años de escritura intermitente y guadianesca, pero hasta entonces no "había soltado la mano", en expresión de un inolvidable escritor y crítico literario, ya ido,  que fue quien me dio la pista, no tan obvia, de que la escritura ha de acontecer todos los días. Ingenuamente pensé que en un año acabaría el proyecto, una olimpiada después, como contaba por aquí, llevaba "solo" 245 hojas volanderas, seis años más tarde aún me quedan 10: no es solo que el ritmo se haya ralentizado, surgieron otros proyectos y libros, la mayoría inéditos, (esta "Columna Toscana", "La Gran Temporada",  "Cuaresma", "El Partido", "Cuentos barrocos"..., presentaciones, lecturas, prólogos), creció la familia (aquí y aquí) y no menguó, más bien al contrario, el trabajo alimenticio (laus Deo). A menudo me preguntan sobre su publicación, pero yo pienso que aún me voy a dar otra década para acabar las fechas que faltan, ¿quién querría pasar al papel esta etérea materia hecha de sueño y tiempo?

Gracias a los miles de lectores de almanaques.

Hablaba de big-bang, no en vano la primera fecha, la de hoy 24 de agosto, era el recuerdo de una erupción histórica.



Erupción del Vesubio. Noche de San Bartolomé.

Noche. Noche reventada por el trueno. Frente al televisor mi padre imploraba de rodillas la clemencia de Júpiter, pero los dioses habían huido y en todas las ventanas el sombrero de copa de los conjurados destilaba la sangre de los Hugonotes. El cielo ardía como un horno veteado de azufre camino del embarcadero. En la huida escuchamos el aullido de los gladiadores cuyos huesos ardían al fundirse en el hierro de las corazas. Las olas despeñaban las naves contra las rocas y las arcas derramaban las perlas griegas en la bahía de Nápoles. Felix felat as: arribamos llenos de deseo, pero pronto tuvimos que marcharnos: Narcissus fellator maximus. En Pompeya hay ciento veinte casas de comida, cuarenta panaderías, dieciséis lavanderías y treinta y cinco lupanares. Destillatio me tenet. En Pompeya hay una hogaza de pan carbonizada que no sirve para la eucaristía de los Protestantes. Palabra de Google, amen.

lunes, 18 de agosto de 2014

Aquellas lecturas de verano

Mais où sont les neiges d'antan!
François Villon
En la tumbona, haciendo el holgazán
y compartiendo chismes en Facebook,
me mira de reojo Thomas Mann
y toda la familia Buddenbrook.

Me acuerdo de “La Isla del Tesoro”,
no era aún navegable el Internet,
largas noches piratas, viejo loro,
sin smartphone, ni WiFi en el chalet.

O esas siestas de Tour con los amigos:
mientras pedaleaban los atletas
terminábamos “Crimen y Castigo”
y Romeo moría ante Julieta.

Recordad el azul de la piscina,
inundados de luz en cuerpo y karma,
y a la duquesa de Sanseverina,
tan divina, en “La Cartuja de Parma”.

Y las tardes de estío junto al río
leyendo “El Extranjero” de Camus:
la vida absurda y libre el albedrío,
¿quién reparte las cartas en el mus?

Yo no era un indolente, yo era un vago,
aborrecía el tenis y el kayak,
prefería la nieve de Zhivago
y llevar en verano un anorak.

         (Où sont les neiges d'antan!)

Pero ha cambiado el mundo y aun el Rey,
ya nadie lee a orillas de la playa,
azotados por las sombras de Grey
adoramos al dios de las pantallas.


La tierra encantada: Norman Rockwell 1934



lunes, 11 de agosto de 2014

Luna llena en Piazza Navona

Bajo la sombra grave de la noche
y decrépitas calles que oficiaban
un tributo macabro a la belleza,
llegamos a la plaza y a la luna
como quien llega al mar, aquí, la muerte.

En esta elipse orbita
                                   la perfección del barroco.

Sobre el antiguo estadio de Domiciano
los palacios y fuentes se suceden,
se suceden los pórticos, las cúpulas,
y la Iglesia Triunfante glorifica
la sangre de los mártires.

No hay muchos escenarios así sobre la tierra,
pero si apartas el telón verás los huesos
apilados tras siglos de dolor.

Aún rugen en las gradas las masas poseídas
por una sed de sangre no saciada
y entre aquellas hogueras la pureza
subía hacia los cielos como un cántico.

Mirad la luna llena,
hecha del mismo mármol que los siglos
alumbrando los ojos de los muertos,
hoy viene a pasar lista a sus legiones.

¿Por qué estamos aquí?


 Piazza Navona, Roma, 13 de julio
Caspar van Wittel - Piazza Navona, Rome

martes, 8 de julio de 2014

Burladero Baudelarie (II)


Bajo el letrero, sentado en una silla de anea floreada, un gitano español, mal encarado y renegrido, alargaba una mano retorcida y huesuda como la pezuña de un chivo. Dejé caer sobre ella un puñado de francos y avancé todavía un largo trecho en tinieblas interrumpido solo por el chasquido lunar de algunas navajas no del todo invisibles. Un halo escarlata reverberaba al fondo desde donde me llamaban, entre risas y maldiciones, las dos satiresas a las que había vendido mi alma.

Amparo y Ondine, suyas habían sido las precisas indicaciones que me habían hecho descender a esta sima que por fin franqueaba bajo el ingrávido dosel del humo que nacía de sus largos cigarros egipcios. Y así, enredado en sus brazos salomónicos, crucé las puertas del templo donde toda esperanza se pierde.

Una gran sala circular, revestida de colgaduras carmesíes y alumbrada por una inmensa araña de cristal tembloroso, se abría a nuestro paso. Muy al fondo, un decorado desvaído de vagos motivos andaluces se alzaba sobre lo que parecía la tarima de un tableau vivant, quizá en desuso; pero lo que más llamaba la atención eran las innumerables y descomunales cabezas de toro que rasgaban la seda roja de las paredes con la disecada bravura de sus ojos de vidrio y los cuernos afilados como la aguja de Notre Dame.

Friso Beethoven (Klimt): detalle
¿Continuará...?

domingo, 6 de julio de 2014

Burladero Baudelaire (I)


¡Ah, París! Ante la negra silueta de Aristide Bruant pintada por el tullido Lautrec -larga chalina roja como un brochazo de sangre sobre los cielos humeantes de la Comuna-, la libélula verde de la absenta revoloteaba por los viñedos de la colina de Montmatre, aleteaba en los abanicos pintarrajeados de las coristas y bendecía la noche sobre los turgentes y erizados senos blancos del Sacré-Cœur.


Pero no fue bajo las aspas del Molin Rouge, que levantaban las enaguas de las sombras con el rugido diabólico de los cancanes y el lúbrico carmín posado en las copas ahítas del champán, donde se forjó la leyenda de aquellos tiempos mórbidos. Ni en esa barraca de feria que, tras el pomposo nombre de l’Enfer con su puerta de yeso, mitad cetáceo, mitad gárgola viciosa, devoraba con sus conjuros teatrales los corazones timoratos de los estudiantes y de los aplicados funcionarios que las prefecturas enviaban de paso a la Ciudad de la Luz.

No, no fue  tampoco en los cabarets del Lapin Agile o la Cigale. Ni siquiera en el Chat Noir, cuyas cornucopias doradas y espejos gastados de azogue habían presenciado la iniciación teosófica de tantos prohombres a la luz temblorosa de los velones y bajo la mirada reprobatoria de los santos  policromados del siglo de Rabelais.

Es unánime la opinión de que las opalescentes alucinaciones del ajenjo, arpegiadas por las fantasmagorías de Erik Satie, terminaron con un disparo en el riñón salvaje de Austria, cuando la niebla fosforescente del gas mostaza abrazó a sus hijos en las trincheras del Somme; pero nadie o casi nadie conoce o parece haber conocido la existencia del local de Europa donde con más fuerza arraigaron las flores del mal.


Pasada la Gran Guerra muchas cosas se olvidaron para siempre, otras se alteraron o mixtificaron pero yo aún recuerdo con horror la primera vez que traspuse el umbral de aquel antro de perversión: se accedía a través de un estrecho pasadizo, tras una puerta falsa al final de una calle encajonada, maloliente y húmeda de orines, al pie de la colina. Un primer compartimiento, de tierra compacta, daba paso a una puerta batiente sobre la que caía una cortina de cañas. De un techo invisible y lejano colgaba un cartel de letras grandes y rojas, perfiladas en negro, donde podía leerse: BURLADERO BAUDELAIRE.



¿Continuará...?

sábado, 28 de junio de 2014

El mundo en guerra (29-VI-1914)

Han apagado las luces en el pabellón de caza y las verdes cúpulas de bronce, con el último bramido de las trompas del ocaso, se están hundiendo en el estanque real, constelado de hojas caídas. Agujas rojas de los alerces, vaho en los hocicos del lebrel: es otoño en los bosques de Viena, ¡violín, no dejes de sonar! Tu melancólica y dulce melodía trae un rastro de rosas imperiales a este mundo de ayer despedazado. Entonces, ah, entonces, paseábamos en carroza a la sombra de árboles espléndidos y sabíamos pintar las oscilantes fronteras de las viejas naciones en los mapas de Europa. Entonces, en los salones nublados del café, Gustav Mahler jugaba al ajedrez con Sigmund Freud. Pero se han borrado del cielo las águilas de Schönbrunn, igual que la nube de pólvora que abatió al jabalí por la mañana. Unser Kaiser und Herr. ¿Qué sombras pardas, qué furias rojas, qué masas uniformes se apelmazan  bajo las ménsulas de los palacios? ¡Violín, no dejes de sonar! Que tu melancólica y dulce melodía gire y gire en los salones de baile como un canto de réquiem, que tu luz no se apague en mitad de la inmensa cacería.

"Cúpulas y Capiteles", Siltolá 2011.


lunes, 23 de junio de 2014

A un naranjo chino

Parece un planetario en miniatura
constelado de soles acidísimos,
en las órbitas verdes de sus ramas
la belleza es hermana de la fuerza.

Absorto como el niño que en la cuna
mira girar un móvil, acaricio
el equilibrio áureo de los frutos
y suenan silenciosas las esferas.

Yo soy ahora el dueño de la lluvia
que dócilmente moja sus raíces
como en el patio emir de los naranjos.

Cuando la luz de luna lo ilumina,
un mandarín tañe el laúd de jade
por orden del Emperador de China.























domingo, 8 de junio de 2014

El escondite inglés

Un remoto coro de voces infantiles contaba hasta cien mientras yo me perdía entre los setos de boj, más allá de la oscura hilera de cipreses. No quería defraudarlos y cuando llegué a la acequia seguí corriendo con todas mis fuerzas procurando ocultarme entre los carrizos. De cuando en cuando aún me sobresaltaba alguna voz, pero la algarabía sonaba cada vez más distante. ¿Por qué me habrían invitado con tanto entusiasmo a jugar con ellos si a menudo me hacían burla o me rehuían? Recuerdo que entonces no lo pensé: yo me sentía feliz de que me hubieran aceptado en sus corrillos e incluso concedido el privilegio de ser la primera en buscar un escondite. Casi tambaleándome por la tortuosa senda del agua llegué a un molino en ruinas y allí me refugié, segura de que no me encontrarían hasta que yo no saliera. Pero nadie venía y ya no se oía nada que no fuera el chapoteo de los animales silvestres. Entre aquellas paredes hacía un frío húmedo y pronto caería la noche. Quizá me quedé dormida, entre tinieblas vi las amarillentas sombras de unas antorchas y oí un eco muy apagado de voces que repetían mi nombre. A la mañana siguiente creo que comí mi primer pájaro crudo aunque no es esta mi única dieta: en otoño, si no hiela antes, salen unas bayas moradas y abundantes en los arbustos, son dulces, pero no sé cómo se llaman. Con estos guijarros afilados como cuchillos también me corto los cabellos. De cuando en cuando se oye el tiro suelto de un cazador o los jadeos de alguna pareja extraviada. Salen siempre corriendo si acaso llegan a verme. Aunque ya casi nadie se acerca. Algunas veces me despiertan en sueños sonidos de otro mundo que me llaman llorando, como en un susurro. Pero no son las voces de los niños y yo solo los espero a ellos.

El mundo de Cristina Andrew Wyeth

miércoles, 28 de mayo de 2014

Cabeza de monje (un poema de Santos Domínguez)

La que pintó Zurbarán y que me viene dedicada, retallada por la palabra de Santos Domínguez en el envío que cierra El dueño del Eclipse, el libro de poemas publicado por Algaida y con el que ha ganado el Premio de Poesía Ciudad de Badajoz. 

Lo presentamos este jueves en Sevilla junto con José Antonio Ramírez Lozano y Miguel Veyrat en la Casa de la Memoria de la Calle Cuna a las 19:30h.


Cabeza de monje

Ese rostro en ayunas,
de frente demacrada y pómulos agudos,
se olvida de su nombre
y arde sin llama viva en un lugar secreto.

Esos ojos cerrados que miran hacia dentro,
hacia una sombra ardiente que arrasa el corazón,
hacia una luz que abrasa al fondo del olvido,
anegan el silencio hondo del claroscuro
y se hunden en el mar del último naufragio.




lunes, 26 de mayo de 2014

Isaak Babel




Aplastado por Stalin, que no le perdonó su sarcástica declaración en el primer Congreso de Escritores Soviéticos: "el partido y el gobierno nos lo han dado todo sin quitarnos más que un privilegio: el de escribir mal", Isaak Babel (1894-1940) es, junto con Kafka, Borges y Hemingway, el gran hacedor del relato corto del siglo XX. El maestro argentino, en un lacónico pero contundente prólogo, remarcó: “la música de su estilo contrasta con la casi inefable brutalidad de ciertas escenas”

"Caballería Roja", que sucede en las devastadas soledades de Ucrania y Polonia, durante la gran guerra civil entre los rusos blancos y bolcheviques que ahora remedan los esbirros del imperial Putin, es una acumulación de violencia y belleza, de alucinación e iluminaciones, preñada de la más intensa emoción lírica, aunque solo apta para quienes no teman cortar la flor azul sobre las vísceras de los caballos. 

Quiso ser un gran canto épico a la revolución y así se publicó, pero Stalin no podía ignorar que bajo la máscara sórdida de la roja epopeya alentaba el irónico catálogo de los horrores, la reducción al absurdo de la gran maquinaria de miseria y destrucción moral que había activado el camarada Lenin y cuyo guión, tan bien pautado, solo tuvo que seguir treinta y cinco años más. 

El 23 de mayo de 1920 la gloriosa Caballería Roja cargó contra Polonia y, con tal motivo, en EL LECTOR DE ALMANAQUES remedamos el estilo purísimo de Isaak Babel, este judío de Odessa, cuya patria es, al fin, otra Babel, la de la infinita traducción de su escritura.



23 de mayo La “Caballería Roja” marcha hacia Polonia


La ubre tumefacta de la luna se derramaba sobre las jenízaras barbas de la noche. En los ensortijados bucles negros brillaban las estrellas inmisericordes. Mañana entraríamos en la arcaica ciudad, pero al sargento lo devoraba la impaciencia y no dejaba de atizar con la fusta al viejo, que yacía a sus pies como un cardo aplastado sobre un charco de sangre y aguardiente. “Guarda tu odio para el amanecer”, le decíamos. No quería oírnos y resoplaba como una locomotora asmática con las calderas al rojo vivo: “el camarada Lenin ha dicho que a los terratenientes hay que sacarles las ideas a golpes”. Y siguió apaleándolo al menos otra media hora más. Aunque me fascinaba el odio de aquel sayón me alejé para respirar la brisa metálica de la hora. A lo lejos restallaban fogonazos púrpuras sobre las cúpulas de las sinagogas. De pronto sentí una fuerte emoción en el pecho al pensar en la carga de nuestra gran caballería, me imaginaba el universo como una inmensa llanura que Dios había bruñido para el bello galope de nuestros tristes y famélicos caballos y lloré. Lloré como aquel sabbat en Odessa cuando la hija de nuestro rabino me miraba con sus grandes ojos de hebrea que cobijaban todas las desolaciones. 

"Así es como acaban las ideas de los terratenientes."
Primera Edición de "Caballería Roja".
"Caballería Roja", marcha del ejército de la URSS.





Este jueves: eclipse de luna en la calle Cuna


lunes, 19 de mayo de 2014

Morante: Tratado de Armonía

El próximo jueves acudimos Morante y yo a las Ventas, José Antonio torea por la tarde, yo en la función matinal. 

Me cabe el honor de participar en la presentación del libro "José Antonio Morante de la Puebla. Tratado de Armonía", que han escrito y fotografiado al alimón Lorenzo Clemente y Andrés Lorrio, en la estela de su obra sobre José Tomás, que en su día comenté.

Todos los detalles del libro, aquí: 

http://www.esferalibros.com/libro/morante-de-la-puebla/ 

Tengo la inmensa suerte de haber escrito el prólogo, porque yo los admiro mucho a los tres: a Lorenzo, a Andrés y a Morante, claro. 

Que Dios reparta suerte. 

Nos vemos allí a las doce y media en punto de la tarde.

lunes, 5 de mayo de 2014

Gusanos de seda

Era una caja de cartón,
ahora es el Valle de los Reyes.

Un silencio solemne ha desplazado
el chasquido tenaz de las  mandíbulas.

Como el tiempo tritura los relojes
devoraron las hojas de morera
que unas manos traían cada tarde.

Ahora yacen inertes en la densa necrópolis
que ellos mismos tejieron
con un hilo de oro.

Bajo el mudo sarcófago,
que cobija su sueño
¿acaso aguardan la resurrección de la carne?

Dicen que el hombre es un ser para la muerte.

En esta caja de cartón termina
la Ruta de la Seda.





martes, 22 de abril de 2014

Donde empieza el Caribe

(In memoriam G. G.-M.)

Triana era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas…


Foto: Viernes Santo 2014, Virgen del Patrocinio (Cofradía del Cachorro)
sobre el Puente de Triana.




jueves, 17 de abril de 2014

Semanas Santas (Trujillo-Cáceres-Sevilla)

No conoce "uno" la Semana Santa de Trujillo, pero sí y mucho, la ciudad (es un decir), por los tantísimos años vividos en Cáceres, de la que, ¡qué cosas!, tampoco conoce uno -otro- su Semana Santa, por los muchos años nacido en Sevilla, donde, a pesar de los casi veinte años ya vueltos a vivir aquí, se sigue uno moviendo (laus Deo!) como Kipling en Londres o John Wayne en Innisfree, esto es: inglés del exilio, irlandés de ultramar. Puede así disfrutar de todo lo bueno y ver con más distancia haberes y deberes, virtudes y lo otro.

Vaya este preámbulo por la mucha ilusión que me ha hecho que tanto de Trujillo, como de Cáceres, me hayan pedido este año poemas para distintos actos y libros sobre sus respectivas Semanas Santas. Yo, que soy autor de un libro sobre toros, y otro que se llama, no te digo más, "Cuaresma", no acepto -sin más- la cruz del casticismo, la chapela que alguno, más hortera, más cateto y en definitiva, más parecido a Gabriel y Galán (en fin: ni eso, ya quisieran) puedan poner a esta materia poética. Como en los poemas de amor el riesgo es doble o triple, pero hay que subir este ochomil, tirarse del trapecio, como lo hicieron Lorca, Machado (los dos) o Girondo, en su arte cada cual.

En Trujillo, han publicado “Semana Santa (2014)”, un antología de poemas que ha coordinado el Coro de Santa María de la Victoria de Trujillo y ha publicado el Ayuntamiento.


En Cáceres, el sábado llamado de Pasión se celebró el acto de exaltación a la Semana Santa y la saeta: “Aún mueve las piedras”, coordinado no por el Ayuntamiento en este caso, sino por “La Tortuga Producciones”. Mi compadre, Pablo Pámpano, es autor del cartel y creo que en el díptico daban mi poema sobre la noche de los crucificados, que fue ayer, el miércoles santo, de Sevilla.



Aquí, en Sevilla, después de cuatro días en la calle y un preámbulo que me concedí soy ya, aunque sea fea la comparación, un eccehomo en las últimas a la espera de ser transportado en su urna, nos queda sin embargo lo más grande: por la doble vía, la del inmenso gozo en las calles de Sevilla y por la Vía Dolorosa de Nuestro Señor Jesucristo, única Luz del Mundo.

Aquí, los poemas, con una coda a lo Oliverio Girondo, que añado para hoy, Jueves Santo, que sale en Sevilla el popular paso de “los caballos” (La Exaltación de Santa Catalina).

SEMANA SANTA (Trujillo-Cáceres-Sevilla)

Trujillo

MIÉRCOLES DE CENIZA

Alta viene la muerte por el hacha del frío y no ha salido nadie a combatirla. Los soldados huyeron con el joven monarca y su excéntrico séquito de bufones y magos. 

Fuerte viene la muerte por la estepa de hielo y los verdes pantanos del insomnio. Los gallos degollaron a la aurora y ahora la luna ondea como un cráneo sobre el estandarte de la noche. 

Larga viene la muerte como un río y sus viejos arqueros han tensado la sangre. Las huestes mercenarias ocupan la muralla y fuerzan las puertas de la ciudad. 

Inermes, vestidos con harapos, salimos a su encuentro ungidos de ceniza.

Dicen que no tenemos esperanza, pero en la frente llevamos una punta de fuego.



Cáceres 

MIÉRCOLES SANTO

Las manos transparentes de los niños muertos atraviesan la crestería cerrada de los balcones  para tocar la madera, pero tú no los ves. Hay un rumor continuo de abanicos románticos en la calle vacía, pero tú no los oyes. Es la hora alta de los crucificados, cuando crece la tristeza de los patios y florece la angustia rota de las cancelas, cuando la piedra lunar atrae a los desaparecidos; pero tú solo percibes el desamparo dulce  de su congregación, la estela melancólica de la ciudad. Hijo del limo, ¿por qué estás ciego? ¿Adónde huiste la noche de Getsemaní?




CALCOMANÍA DEL JUEVES SANTO 

-Plaza de la Encarnación, Sevilla-

                                                 (Con Oliverio Girondo)


Bajo el arco fungoso de “Las Setas”,
pasan dos jacos de picar sin peto,
una nube -apuntalada por grietas-
y la “Crucifixión” de Tintoretto.

Como el paso no cabe en el cuarteto;
la muchedumbre –vulgo: bulla- aprieta,
-Los Negritos se alejan in the Ghetto-
entre las sogas Cristo es un atleta.

Enfila la calle Orfila la fila
de nazarenos blancos y violetas,
y –de pronto- una gota, luego un rayo,

que a los cielos airados desfibrila,
y galopan sin freno Los Caballos,
y mueren de bronquitis las saetas.


Fotografía: http://corrientedesantiago.blogspot.com.es/



 
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