martes 14 de julio de 2009
Nel mezzo del cammin
En la segunda década de la vida el hombre afortunado conoce la nostalgia.
En la tercera década de la vida el hombre afortunado conoce la angustia.
A partir de la cuarta década es afortunado el hombre que puede hacer de su vida una variada combinación de felicidad, nostalgia y angustia.
Más allá, nada sabemos, sólo una mínima parte de la humanidad ha sobrevivido para contarlo y no es una muestra fiable. La medicina ha avanzado mucho, pero la reciente mutación de los virus y las ordenanzas de tráfico para la circulación de bicicletas en mi ciudad no me permiten albergar demasiadas ilusiones al respecto.
Parece, no obstante, que para continuar el viaje es necesario el olvido.
Nada nuevo bajo el sol y que el amor nunca falte.
Estas columnas no deberían haber superado nunca los mil caracteres y yo ahora debo pagar por ello:
Mañana cumplo 35 años.
Lasciate ogni speranza voi che entrate.
sábado 11 de julio de 2009
Los poetas en quimono III
Interludio chino.
En poesía yo soy más de China que de Japón, como otros son más de Juan Ramón Jiménez que de Antonio Machado.
De esta afirmación, lejos de ser gratuita –¡tan lejos como diez mil kilómetros!-, lo que realmente se concluye es que con las distancias de espacios, tiempos e idiomas el Oriente me confunde, como a otros la noche.
Lo mismo, me digo, debe de suceder con España y Portugal, que vistos desde la otra punta de la Ruta de la Seda parecerán iguales, aunque no sean lo mismo Filipinas y Macao, que tanto se han parecido.
Mi primer acercamiento al arte oriental fue a través de la pintura: los grabados japoneses de Hiroshigue y Hokusai y las pinturas de paisajes chinos, seda y caligrafía.
(Habría que añadir una prehistoria manga, hecha de los dibujos animados de Heidi y nuestro amigo Marco, al pie de las montañas ambos, como los monjes Zen)
Creo que una contemplación profunda -en la posición de la rana si prefieren- de estos paisajes y sus garabatos, nos pueden conceder el primer grado en la maestría lírica del haiku, el cinturón blanco-amarillo.
Posteriormente leí con deslumbramiento la Antología de la Poesía China de Marcela de Juan (Alianza Editorial) y las recreaciones de Catay de Ezra Pound (en magnífica traducción, por cierto, de Antonio Rivero Taravillo y publicada por la Universidad de Sevilla).
Hasta entonces yo había pensado que las cumbres de la lírica mundial eran la Ilíada, la Odisea y la Eneida, cuando no el infierno de la Divina Comedia, sobre todo la parte del Infierno (con mayúsculas, claro, valga la redundancia).
Ahora sé que me faltaba el Himalaya todavía.
Pocos libros tengo más anotados que éstos de poesía china, aunque estoy convencido de que en la traducción, por buena que sea, hemos perdido la inasible esencia de otra cosmovisión. Lo que no nos ocurre con nuestros clásicos occidentales, cuyos valores compartimos, creo, todavía, salvo que uno sea un damnificado de la LOGSE (en sus tres modalidades: profesor, orientador o alumno).
A ellos, a los amarillos, les debe suceder igual con nuestro Homero o con el Evangelio, lo que decíamos antes de Filipinas y Macao.
Ahora que lo pienso podríamos incluir una antología del haiku español en la asignatura de Educación para la Ciudadanía, en los centros privados leerían los de Federico Jiménez Losantos y en los colegios públicos los de Gamoneda, que no sé si los tiene, pero que para el caso es lo mismo.
Cuando he leído después la colección de poesía imperial japonesa, el Kokinwakashu (hay edición en Trotta, Pliegos de Oriente) verifiqué no había en esos tankas (estrofa de cinco versos muy parecida al haiku, en la que alternan conjuntos silábicos de 5 y 7 sílabas), nada que no hubieran desarrollado 1.500 años de dinastías chinas.
De hecho esta misma colección fue recopilada por la familia imperial para distinguir lo japonés de lo chino, pues en la corte nipona el estudio de la poesía era en esencia, el estudio de la poesía China.
Como lo de Grecia y Roma, pero sin el Mediterráneo (y eso que se ahorran, y si no que le pregunten a Gamoneda por la feria del libro de Sevilla).
En el Kokinwakashu hay muchos poemas dedicados a la descripción de cuadros. En los festivales de poesía oriental pintura, música y lírica iban juntas, cuando no eran lo mismo.
En el Aleph –ese haiku de belleza concentrada que abarca el universo en un solo punto- describe Borges el empeño ridículo de un poema titulado “La Tierra”, que intenta describir instante a instante la complejidad del planeta. Llega a copiar incluso algunas estrofas, como esta que se refiera a un rancho en Australia
Sepan. A manderecha del poste rutinario,
(Viniendo, claro está, desde el Nornoroeste)
Se aburre una osamenta - ¿Color? Blanquiceleste
-Que da al corral de ovejas catadura de osario.
Esta afición a la écfrasis de magnitud cosmográfica es más abundante de lo que parece, los escritores frustados suelen devenir en empeños grandilocuentes y, a poco que se descuiden, componen una Araucana. Yo mismo conozco muy de cerca a uno que se está despeñando en el propósito inútil de celebrar los momentos estelares de la humanidad, que no tienen fin, cual la arena de la playa, como todo el mundo sabe.
Pero, decíamos ayer, la manifestación más reciente de esta –digamos- gripe (no es buen ejemplo con la que está cayendo en Argentina, pero "a Borges estábamos") es la violenta erupción cutánea en forma de tres versos: ya estreñidos y solitarios, ya en ristras como chorizos orientales, que a saber Dios cómo los llamarán allí.
A este conocido nuestro le dio por aproximarse al arte Oriental y emprender la écfrasis de la écfrasis, la descripción de la famosa pintura: “En la ciudad de Kaifeng a lo largo del río durante el festival de Qingming”, que es un enorme cuadro de más de siete metros en el que, detalle por detalle, se describe la fiesta en la que los chinos rememoran a sus antepasados, como nuestro día de todos los Santos pero en Confuncio y con papeles de colores y cometas, menos lúgubre, o sea.
La pueden ver si pinchan aquí (de uno en uno y no tan fuerte, que me hacen daño).
Nuestro amigo pensó que para acercarse a una pintura china el haiku era la mejor estrofa, por eso de darle un aire más oriental a su ya islamizado castellano. Quizá fuera por la diferencia de los husos horarios, quizá por su natural tendencia al pentasílabo, el caso es que al final concluyó que el haiku, en realidad era una estrofa demasiado larga y que a él le sobraban dos sílabas en el segundo verso.
De hecho no hay nada que se diga en siete sílabas que no se pueda decir en cinco y, aplicando el método inductivo, en cuatro, tres o ninguna, lo que constituye la conclusión fundamental del libro del Tao y de estos ensayos por añadidura.
Para que quede constancia del desaguisado copiamos la descripción lírica, que quedó interrumpida a mitad del cuadro, dando un salto de no menos de cuatro metros de mural cuando se aproximaba a la Gran Muralla de Kaifeng, porque la cosa propendía al infinito, y el infinito no le sienta bien ni al haiku, ni al Oriente, hijo del Sol, que es un cero muy grande y luminoso, como la bomba atómica.
Para el que se quede en la primera o tercera estrofa (les alabo el gusto) añadiré que el poema quedó resuelto en una composición en prosa que ahora ilustra, pero con el texto en caligrafía Kanji, toda una línea de productos de marketing chino basado en el famoso cuadro: calendarios, abanicos, pulseras... todo eso que les regalan mis amigos en sus restaurantes cuando ustedes deciden purificar su cuerpo de tanto sushi, ese haiku gastronómico.
Mis lectores más aficionados (¡oh campos de soledad, mustios collados!) pueden ir marcando sobre el cuadro, de derecha a izquierda y de arriba a abajo cada uno de los motivos de cada ¿haiku? como quien completa un sudoku, esa otra perversión nipona tan propia de estas fechas.
Dragones negros
sobre la seda:
caligrafía.
Isla de bruma,
deshabitado
perfil del agua.
Río sin márgenes,
resplandor puro
de la mañana.
Vuelan cometas,
hilo invisible,
junto a la orilla.
Velas fruncidas
sin horizonte,
barcas lejanas.
Templo de luz
en el alzado
bosque de acacias.
Por la pradera
de los faroles
algarabía.
Guarda el enebro
de la amplia casa
el patio claro.
Pagoda y pérgola,
los campesinos
frente a las máscaras.
Cañaverales:
la brisa riza
los juncos dóciles.
Piara de cerdos,
multiplicada
fauna de sombras.
Puestos flotantes,
los dulces sauces
rozan las balsas.
Ojo enarcado,
escorzo ágil.
puente hiperbólico.
Toda la vida
fluye serena
bajo tu broche.
Los mercaderes
hacen de oro
tu pavimento.
¿Pasará el mástil
sin descalabro
por tu vacío?
Los sirgadores
y los cordajes:
arpas y liras.
Un arco iris
de mercancías
y crisantemos.
Linternas mágicas
y parasoles
son otro río.
Palestra: espejo
de los jinetes
sobre la nada.
Lámina vacua
del alto trono
divertimiento.
El hormigueo
de los oficios
en la Aduana
La gran muralla
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Embarcadero
del paraíso,
cúpula sola.
Largo el pasillo,
para las almas
puente de mármol.
Ciudad vacía,
imaginada
arquitectura.
Escalinatas
y corredores
en perspectiva.
Acantilado
de la belleza
bajo la luna.
Entre las rocas
y los evónimos
del mediodía.
Fulge el palacio.
que solitario
se desvanece.
Según el método Ruano ahora debería cortar el primer párrafo, cuando no el artículo, pero sucede que el interludido chino no se ha escrito únicamente para mostrarles, como anuncié, mi fracaso lírico, sino para avisarles de que este blog se cierra por viaje y que ésta y no otra es la razón verdadera de este interludio.
Me voy a China por diez días a meditar sobre estos temas (y ya puestos a revisar mis negocios de restauración) por lo que convendrán conmigo en la conveniencia de mi posicionamiento a favor de la República Popular durante estas semanas.
De haber viajado a Tokio otra rana me cantara.
Por cierto, y transportado a la lírica, me preocupan los numerosos encargos de copias baratas que a raíz de este viaje me están haciendo mis conocidos. Me pregunto, después de todo, si no será eso el haiku.
¿Tú que quieres que te traiga?
*Versión en prosa
China: festival de Qingmin.
En la ciudad de Kaifeng hay un palacio vacío al que arriban las barcas de las velas fruncidas, vienen del horizonte, abstractas y lejanas, con su carga liviana de seda y crisantemos como a un embarcadero del paraíso. Fulge el palacio sobre las aguas entre las rocas y los evónimos del mediodía. El resplandor puro de la mañana lo alza y lo muda en un acantilado de belleza donde mueren las ondas de un río sin márgenes, poblado de ancestros y de lentas acacias. ¡Oh ciudad de los muertos, pérgolas y pagodas solitarios bajo una luna de papel pintado! Escalinatas y corredores se multiplican en mágicas linternas, confunden los pasos de los viajeros últimos por un pavimento de bruma sin retorno. Largo, largo el pasillo que conduce a las almas, el puente de mármol y parasoles, el ojo enarcado por el que fluye dócil, serena y pura, la vida toda. En la ciudad de Kaifeng.
Viena
Fin de siècle, siglo XX, ¿Atenas? Austria-Hungría.
(Actualización de EL LECTOR DE ALMANAQUES)
http://www.jmjurado.org/
miércoles 8 de julio de 2009
La Soledad del Héroe
Dada la afición de JT por la mística Samurái quizá haya que hablar pronto de los toreros en quimono, pero ¡qué me digo! el toreo es algo serio, nada que ver con la poesía...
Mi compadre Lorenzo Clemente lo cuenta mejor aquí.
Nos vemos en el Puerto de Santa María.
jueves 2 de julio de 2009
Una canción japonesa
Canción Japonesa
Embarcadero,
la luna es una flor de ciruelo
y en el aire tiembla
la rama de un cerezo.
No hay ondas en el lago,
sólo un hondo y vacío silencio
de sílabas contadas.
(Golpe de remos,
los pétalos de la barca
mojan el cielo).
Hay una rana muerta sobre los crisantemos.
viernes 26 de junio de 2009
Los poetas en quimono II
Teoría
En la “Epístola a los Pisones” o “Arte Poética” dejó enunciado Horacio el célebre lema “ut pictura poesis”, o sea, “la poesía es como la pintura”.
Acudo ahora al concepto horaciano para “ilustrar” la naturaleza imaginista o icónica del haiku.
Con la venia de Horacio y de Ramón Gómez de la Serna, que ya es atrevimiento, podríamos definir al haiku como el bodegón de un instante.
[/digresión]
Obsérvese que menciono al inventor de la greguería por sus apellidos y no con el apocopado “Ramón” ya que aún está por estudiar si esta familiaridad con los autores consagrados tiene que ver más con el pernicioso influjo de la brevedad nipona o la simple pedantería.
Claro que tampoco hay reglas cerradas al respecto, si yo hubiera citado a Quintus Horatius Flaccus no hubiera resultado menos cursi que si digo “Federico” para referirme a García Lorca o, ya que a haikus estamos y salvada la distancia, a Jimenez Losantos, opciones ambas que implícitamente comportan, además, una significación política, lo que demuestra que los extremos se tocan, y quede claro que nos referimos a Oriente y a Occidente, no me vayan a poner una querella.
[/fin de la digresión]
Decíamos que el haiku es como un bodegón hecho con diecisiete sílabas, lo cual explica no solo la importancia de la caligrafía y del dibujo, que acompañan siempre a la poesía oriental y que se desvanece en la geométrica traducción al alfabeto latino, sino la afición del pueblo japonés a la fotografía, en mala hora exportada a nuestras latitudes por el uso y abuso de la cámara digital.
Porque sólo me puedo imaginar una cosa más peligrosa que un poeta en quimono: un poeta con cámara digital. Pero quien esté libre de pecado, así en el haiku como en el soneto, que haga el primer click.
Como soy de ciencias puras hasta hace muy poco ignoraba la figura literaria llamada “écfrasis”, esto es: la representación poética de una obra pictórica.
Este tropo se puede ampliar a cualquier otra forma de expresión plástica no verbal y, en última instancia, a la propia realidad, como creo que hace el haiku.
En la écfrasis se busca trasladar al pensamiento del siempre improbable lector las sensaciones emanadas de una pintura, escultura o música, con el objeto, éste sí verdaderamente improbable, de formar en la mente del receptor una arquitectura verbal o un concepto equivalente e intercambiable con la obra evocada.
Los poetas culturalistas, por ejemplo, viven (¿vivimos?) en un estado de écfrasis permanente, pero más de catálogo, de marco hacia fuera, que de cuadro adentro, por desgracia.
El escritor de haikus debe evitar los nombres propios porque suponen un consumo excesivo de sílabas, pero en un buen haiku siempre hay una écfrasis, como en un escritor de haikus siempre anida implícitamente un culturalista, mal que le pese.
Esto no es ni bueno ni malo, se trata simplemente de aceptarse a uno mismo y salir del biombo, después de tantos años de poesía de la experiencia, de tanto acoso a la poesía pura o parnasiana, quizá está llegando el día de proclamar, en una exuberante cabalgata bizantina, el día del orgullo culturalista.
En esa cabalgata siempre habrá una pequeña carroza de origami perfumada con la flor del loto y con una rana imperial como emblema. Porque el haiku no es ajeno a la impersonalidad y falta de sentimiento de la música verbal y alejandrina.
“Ut pictura poesis”:
Incrementemos la confusión tomando el todo por la parte o viceversa (la sinécdoque sí aparecía en el temario de bachillerato que estudié) o echemos mano de la paronomasia (ésta la he aprendido el mismo día que la écfrasis) para embrollar el problema: “la poesía es como la pintura”, no es lo mismo que decir que la “pintura es como la poesía”.
Porque no es lo mismo que el poema sea la representación fonética de una realidad pictórica que el hecho de que la realidad sea representada fonéticamente como una pintura.
Lo que quiero decir es que si uno traslada al poema la realidad como un pintor el resultado no será el mismo que si uno traslada al poema una pintura de la realidad.
La cuestión no es baladí y el arte abstracto la complica sobremanera, cuando cualquier monigote improvisado puede adquirir carta de naturaleza poética.
¿Pero, dónde queda el haiku en todo esto?
Por decirlo de forma Zen y al más puro estilo de Kung-Fu: en el filo de ambas aproximaciones al problema.
El haiku es un triángulo sonoro cuyos tres lados deben apuntar a un mismo vértice: el instante.
Un instante hecho de tiempo, imagen y pintura (sonido) a partes iguales.
La clasificación matemática de los triángulos vale para los haikus: Basho los escribía equiláteros, los poetas en quimono los hacen escalenos cuando no obstusángulos, es decir, como churros.
Este triángulo (o churro) debe ser luego sazonado con salsa de Kigo.
El Kigo es una referencia estacional muy sabrosa: la nieve, la lluvia, la floración del cerezo o las faltas de ortografía que enmarcan la época del año en que sucede el poema.
La poesía japonesa y china tiene mucho picante de Kigo y los haikus occidentales muy mala sintaxis.
Para sacarles de este lío recurriré a un ejemplo personal, pero será otro día, que si no, no me leen.
jueves 25 de junio de 2009
sábado 20 de junio de 2009
Los poetas en quimono
Elogio y refutación del Haiku
Introducción
En mi pueblo se instaló una familia de coreanos que abrió un gimnasio para la enseñanza del Kung-Fu y otras artes marciales con gran éxito de crítica y público. Entre las novedades del “método” se encontraba el incorporar el quimono al vestuario natural de sus pupilos, esto les permitía mayor rotación de turnos -los alumnos llegaban y salían vestidos- y, sobre todo, mucha publicidad, que completaban con las clases impartidas a la vista del transeúnte.
La orientalización del vecindario pronto se hizo patente y poco antes de cada hora en punto por las calles cercanas al gimnasio una marea blanca de pequeños saltamontes salía de los salones de té para darle patadas a una luna de papel pintado.
La práctica de las artes marciales no era desde luego nueva, más bien al contrario: los luchacos cogían polvo en el altillo de las casas y el rostro de Bruce Lee se había puesto amarillo, valga la redundancia, en las colecciones de cartelería retro.
Hablo de los noventa, sin ir más lejos una década antes yo había “alcanzado” el cinturón amarillo-naranja de Judo cuando el big-bang de las actividades extraescolares. Lo cual, dada mi natural indisposición hacia el deporte y mis nulas competencias psicomotrices, no deja de maravillarme.
Al menos aprendí “a caer”, cosa que en esto de las artes marciales parece ser que tiene mucha importancia, pero que en la vida ordinaria la tiene mucho más, cuanto más en la lírica.
Hasta la incursión coreana el mono de trabajo -perdón el qui-mono- se reservaba para el tatami, y la gente decente, pero con la extravagante desviación del kárate, guardaba el traje de superhéroe en una discreta bolsa. El cinturón negro se reservaba para las grandes ocasiones...
Sucede que últimamente me encuentro por la calle a demasiados poetas en kimono. Ignoro dónde han puesto la Academia, pero hay una legión de cultivadores del haiku dispuestos a recorrer las escaleras del parnaso en poco menos de diecisiete sílabas mal contadas (y nunca mejor dicho).
La cosa viene de largo (perdón, de corto) y mucha de la culpa en español la tiene Jorge Luis Borges, pero él al menos expió sus pecados (menores) casándose con María Kodama.
Quizá sea Ezra Pound, en cambio (y corto), con su maravilloso poema “En una estación de metro” quien dio carta de modernidad al género en occidente:
La aparición de estos rostros en la multitud;
pétalos en una mojada rama negra
De aquí a los libros de Jack Kerouack o Jimenez Losantos, por referirme a dos ilustres ejemplos superventas, han sido pocos los poetas que hayan resistido la tentación del sol naciente y que no nos hayan castigado con una llave de jiu-jitsu.
Que nadie me entienda mal, lo que se dice aquí del haiku vale igual para el soneto, la octava real o el pentámetro yámbico.
Una tontería no depende del número de sílabas en que se diga, pero es evidente que, con esta ¿estrofa? por el mismo precio se pueden decir más y en menos tiempo.
Por otra parte desde que las poéticas del silencio anunciaron que el mejor poema es el que no se escribe, es posible decir tonterías hasta callados.
Cero sílabas como el Zero Summer.
Porque a mí me sucede con el haiku lo mismo que con el bonsái: prefiero la copa grande del árbol centenario que ha crecido sin argollas contadas.
Los bonsáis me parecen “bonitos”, incluso deliciosos, pero me gusta más el bosque.
A menudo, además, se anuncia como bonsái lo que no es más que una rama mal cortada, sin raíces y retorcida, que al poco muere por falta de alimento.
Empieza uno comiendo una cereza y termina comiéndoselas todas, las buenas, las malas y las piedras del camino.
Prefiero una noche estrellada a una sola estrella y me gustaría saber qué sucede al otro lado del monte Fuji o qué pasó con la rana una vez que se hundió en el charco.
Quiero saber quién es el hombre que dejó sus huellas en la nieve y qué monstruo vive en el lago que refleja la armonía del mundo.
Los expertos avisan que la brevedad del haiku tiene que ver con la filosofía zen (ya saben, menos es más) pero apunto la pornográfica hipótesis de que guarden proporción con la reconocida limitación antroponométrica viril del pueblo nipón.
Pero, ¡ánimo! después de todo el tamaño no importa y quizá con esta licenciosa advertencia nos ahorremos algunas ocurrencias y ganemos dos o tres “Orlandos Furiosos” de longitud africana.
En próximas entregas les ofreceré mi particular clasificación del haiku, ciertas bases teóricas para la construcción de los mismos a partir de metáforas “prestadas” y mis propios ejemplos prácticos que espero les sirvan de contento y provecho.
Por si no cumplo mi promesa quiero dejar constancia de que los mejores haikus en español los han escrito Lorca, JRJ y Antonio Machado, aunque ninguno tiene diecisiete sílabas y, salvo Machado, quizá, no era su intención explorar el Oriente.
Por cierto, el gimnasio al cabo de los años se convirtió en un bazar de todo a cien (y es que siempre he creído en la supremacía de la poesía china sobre la japonesa -lo de la novela es otro contar-)
PS: Disculpen lo larga que me ha salido hoy la columna, les confieso que en todo momento he intentado evitar estirar mis ideas, uno es así de natural.
domingo 14 de junio de 2009
¿Cristiano? Ronaldo.
Y todavía he llegado a ver a quienes con razones abstrusas manejan cábalas: retornos de inversión y cuentas de resultados, equilibrios de la oferta y la demanda en el centro blanco de las marcas y los estadios impúdicos.
Como si de un becerro de metal pudiera exprimirse alimento de algún tipo.
Y el maná del espíritu podrido y enfangado, tirado en el desierto.
Tendréis lo que adoráis.
Y la cólera de Dios –y de los hombres- será implacable y ciega.
Hoy rompo las tablas de la Ley contra los televisores.
No veré la Tierra Prometida, pero no me dirán hermano vuestro.
viernes 12 de junio de 2009
"La Memoria Frágil" (o de mi primer libro)
Lo ha publicado la Diputación de Cáceres a través de la Institución Cultural el Brocense, en la preciosa colección Abezetario, donde han aparecido recientemente la antología “Línea Clásica” de Luis Alberto de Cuenca o los “Caliches” de José Antonio Ramírez Lozano.
Es una edición muy cuidada, al cargo de Teófilo González y preparada en los talleres de Gráficas Romero de Jaraíz de La Vera, con el buen hacer que les caracteriza.
Es de justicia agradecer el interés en recuperar estos poemas, escritos entre 1994 y 1999, que de otra manera se hubieran desvanecido en mis archivos.
En esta colección se asigna a cada título una letra en lugar de un número, a mí me ha correspondido, y estoy muy feliz por ello, la letra “h”, minúscula. Quiero creer que esto es así porque es la letra más silenciosa del alfabeto, un premio –éste sí- a mí humildad y paciencia, lo que no deja de ser, como este anuncio, un jirón de vanidad. Esa facultad que se supone al poeta, como el valor al soldado.
Quizá es el libro que debió publicarse –o no- cuando frisaba el primer cuarto de siglo, ese primer libro del que todo escritor acaba arrepintiéndose.
Yo no: hoy no escribiría estos poemas, pero tampoco me desagradan. ¿Si no para qué hubiera aceptado la propuesta? El cariño que han puesto el editor y quienes me quieren bien en su publicación compensa con creces cualquier crítica antagonista porque la verdad ¿quién la sabe?
El improbable lector encontrará diversos ciclos o colecciones heterogéneas de poemas de seis o siete piezas deudoras de mis lecturas de aquella época: Borges, Biedma, Cernuda, Lorca, de Cuenca, Dámaso Alonso, Lope, Rubén Darío, Gimferrer, con la gravitación insoslayable de las poéticas de la experiencia, tan en boga entonces. De hecho los había “almacenado” en una carpeta con el título evidente de “Primeros Ejercicios”, y por tales los tengo.
Uno madura como lector y como escritor, y va rejuveneciendo en los retratos mientras envejece en los espejos, encontrarme a vueltas de una década con el joven que fui y comprobar que en esencia no he cambiado es una magia irreemplazable.
He dicho al principio que el libro no ha sido premiado, esto no es del todo verdadero, algunos poemas recibieron premios menores, con el tiempo he comprobado que el “rigor” de aquellos jurados comarcales y el cariño con el que nos entregaban a los autores mozos la flor natural y el cheque conformado eran, si no mucho más sinceras que otras actitudes con las que la vida me ha desengañado, desde luego harto más conmovedoras.
Por este motivo recupero, en capítulo aparte, el que quizá sea el conjunto más antiguo: “El Poema del Génesis”, mezcla de existencialismo bíblico y angustia y exaltación religiosa, que tanto caló en los tendidos de varias plazas portátiles.
De esta retahíla de “galardones” así como de mi extravagante condición de Ingeniero de Telecomunicaciones se da noticia en la contraportada, de acuerdo a las convenciones del género, pero estos detalles son meros accidentes: la única biografía que cuenta es la vida que se hilvana puntada a puntada y día a día y de ésta –salvo mujer e hija- tengo poca o mucha, como todos, según se mire.
Espero poder anunciaros pronto su presentación, primero en Cáceres y luego, quizá en Sevilla.
Para entonces ya habrá avanzado su distribución.
Muchos otros libros duermen entre los papeles de su autor esperando la mano de nieve que quiera arrancarlos.
Que sea en otra década, por decantación.
El libro lleva la dedicatoria “A mis padres”, ellos saben por qué, que por algo son mis padres.
Os dejo con un poema de aperitivo, todavía recientes las difusas elecciones europeas, escrito tras mi primer viaje al otro lado del telón de acero.
PUENTE DE CARLOS
Al caer de la tarde, por el Puente,
adonde todo es tránsito
—catedral suspendida entre Praga y el agua—,
hemos visto bajar una astrolabio
de bronce en la corriente.
¿De qué torre encantada y por quién fue arrojado
al Moldava de plata
para llorar la muerte del astrónomo?
La bruma de Bohemia borra, en tanto,
las góticas agujas, los castillos,
y Europa se disuelve, río abajo.
miércoles 10 de junio de 2009
Corpus Christi en Sevilla
jueves 4 de junio de 2009
miércoles 3 de junio de 2009
La Beneficiencia
Que Dios reparta suerte.
El texto dice:
Recuerdos de la Corrida de Beneficencia de 2007
Trazas de incienso, humo de tabaco, angosta la capilla sofocante y, sobre el lienzo blanco, palmatoria de bronce, temblor del oro viejo, hornacinas oscuras, manchas negras de Cristo en la cal viva y columnas salomónicas que rompen la maleza de cardos y de espinas, así crece, con el mentón hundido en el embroque, un retablo barroco en el albero y en la blanda madera del tallo reverdece la mata trenzada del acanto como cresta de gallo, como rojo penacho que dejara coronas de laurel en las sienes del miedo. Pétalos de Morante bajo el cielo de junio, tratado de armonía.
Como decíamos, efectos colaterales del capote de la Puebla.
lunes 1 de junio de 2009
Llama de amor viva
En el infinito hálito
del alma universal,
en el gran Todo...
perderse, sumergirse...
sin conciencia...
¡supremo deleite!
Por fin hemos podido disfrutar del “Tristán e Isolda” en Sevilla. Creo sinceramente que éste ha sido el gran suceso cultural del año, por aquí ya habían pasado “La Valquiria”, “El Holandés Errante” y aun “Parsifal”, pero faltaba el Tristán, no para complacer a la tribu de wagnerianos que un día u otro invadiremos Polonia, no.
Esta obra es la cumbre de la música occidental, esto es, de la música. Sólo en el famoso acorde que le da inicio se contiene una inagotable lección de cromatismo y armonía que se proyecta hacia la atonalidad del siglo XX y más allá.
Se trata, además, de una propuesta moral y estética arrebatadora: la culminación del ideal romántico llevado al extremo. En el viaje que empezamos con Isolda de Irlanda y Tristán de Cornualles sólo nos puede acompañar el amor, la muerte y la noche, nada más, nadie más.
En la teoría de lo imaginario de Durand y Elíade, de las que tanto se abusa, se incluye en el “régimen nocturno” a aquellos símbolos que remiten a la muerte y la oscuridad, a los arquetipos del misticismo, frente a la claridad del régimen diurno:
“Shall I compare thee to a Summer's day?”
“¿Te comparé con un día de verano?”
dice Sakespeare, más cercano regularmente al régimen nocturno, en uno de sus más ilustres sonetos, por ejemplo.
No existe una obra más devoradoramente noctívaga que el Tristán en el que el día es, por exceso, sinónimo de muerte, de la vida que es preferible no vivir.
En mi predilección por esta obra, como en mi continua relectura de los “Himnos a la Noche” de Novalis que la alientan, tiene mucho que ver mi noctambulismo congénito.
La noche es el ámbito de lo sagrado, de la creación, de la belleza.
Dice Tristán en el segundo acto:
¡Oh, estábamos, pues,
consagrados a la noche!
¡El pérfido día
dispuesto a la envidia
podrá separarnos con sus ardides,
pero ya no logrará engañarnos
con su mentira!
De su vano esplendor,
de su resplandor jactancioso
se burla la mirada de quién
se consagró a la noche.
O Isolda:
¡Impulsado únicamente por la muerte
fuiste de nuevo restituido al día!
A través de la noche los personajes ingresan en el Cosmos, en un estado de conciencia anterior a la especie en la que el ser trasciende su contingencia y se diluye, como de hecho le sucede a Isolda, cuando muere de amor sin la intermediación de un arma, enfermedad o veneno.
En el Tristán no resuenan las valquirias ni los grandes mitos germánicos, ni los coros de Los Maestros Cantores o las sensuales danzas del Tannhäuser. En el más allá, en la cenagosa e indefinible Irlanda, en la brumosa e inalcanzable Cornualles, en el Finis Terrae de nuestro imaginario, al borde del abismo, resuena la voz de Caronte que llama a la muerte antes del tiempo.
El filtro de amor para Wagner no es más que un resorte, ni siquiera una excusa, para hacer estallar lo que ya latía y por eso trasciende cualquier leyenda, precipitándose peligrosamente cualquier exégesis hacia las interpretaciones más freudianas, y acaso improcedentes, sobre Eros y Tánatos.
Es sabido que Wagner incorporó a su partitura el nostálgico aviso con el que bogan los gondoleros venecianos y que en esas calles de agua, majestad, podredumbre y lujo, donde a la postre encontró la muerte muchos años más tarde, concibió y terminó esta obra que podría ser un retablo decadente y novísimo, derrumbado y sumergido ya para siempre en el mar de los teatros, pero que el genio absoluto que fue Wagner elevó a la cima del arte total.
Así, El Tristán es, sino la más mediterránea, desde luego la menos germánica de las óperas de Wagner, pues su monolítica concepción romántica está preñada de sensualidad lírica.
La Sinfónica de Sevilla sonó como pocas veces (hay que decir que cada vez mejor) muy empastada, brillante y sutil, alimentando continuamente la hoguera de la música, a la que los cantantes, que en las obras de Wagner son instrumentos de viento poderoso, aportaron el portentoso torrente de su voz sin desfallecer durante cerca de cuatro horas y media, lo que es un milagro.
Como otro milagro ha sido la puesta en escena, clásica, esto es, romántica, modernista y prerrafaelita: aprovechando las curvas, las volutas de una imaginaria góndola que hacía las veces de leit-motiv visual conformando una espiral aúrea que contuviese la salvaje vegetación donde la noche se enciende en el segundo acto, el buque que navega perdido por las brumas célticas en el primero, el castillo en el que Tristán agoniza en el último.
Sobre una leve gasa que difuminaba la luz se iban proyectando lunas, soles, astros, bruma, estrella azules y todo tenía el matiz de los sueños.
Hemos ingresado en la noche eterna de Novalis, despreciemos el día, la luz violenta en la que no se escucha el corazón de los hombres.
T. S. Eliot, que lo sabía todo, en la desesperación estéril de la Tierra Baldía hizo brillar, dentro de los cristales de su espejo roto, el grito que abre el Primer Acto del Tristán, el canto del triste marinero
Frisch weht der Wind
der Heimat zu:
mein irisch Kind,
wo weilest du?
El fresco soplo del viento
hacia la patria nos lleva:
mi niña irlandesa,
¿dónde estás?
En el siglo XX que empezaba no había lugar para Isolda, sólo para la esterilidad y el vacío moral que nos da náuseas también según avanza el XXI.
Pero el manto de la noche nos ha cubierto y bendecidos por la belleza hemos salido del teatro de La Maestranza ungidos por la luz de la Noche Eterna.
Aunque pierda
Del Madrid, mejor ni hablamos, como ya dije en otro sitio los canapés del Palco del Bernabeu han descastado a la afición y a la política nacional, pero vivo muy cerca del Benito Villamarín ¿se sigue llamando así? como para sustraerme al dolor de mis vecinos y familiares.
Pero yo lo prefiero en Segunda, los vencidos arrastran la épica de los pueblos errantes que algún día alcanzarán (alcanzaron) la Tierra Prometida.
¿Quién quiere ganar? A un caballero sólo le interesan las causas perdidas (Borges) y yo, a diferencia del madridismo y de algunos béticosevillistas, aún soy o quiero ser un caballero.
Creo en la grandeza de los derrotados y quiero recordar al Betis con este texto viejo de Píndaro y Postguerra, que escribí un día después de un balonazo y el subsecuente delirio. Que yo a esto del furbo le dedico lo justo:
Aunque pierda. Radio Moscú anuncia que el equipo del pueblo ha ganado el campeonato de España -alcanzaron la gloria con sus puños- y en los corrales de Triana canta Concha Piquer un amor imposible y fatal. La tarde de domingo sestea en el hogar del pensionista, pero en los transistores reverbera la alegría humilde de los goles que se marcan en los campos de tierra: a través de la segunda división y del desierto una ilusión verdiblanca ha cruzado cuarenta años de penuria para recibir el Santo Grial junto al río Manzanares, en la basílica grande de las derrotas deportivas. Nunca nos arrebatarán el miedo del portero ante el penalti, pero siempre tendremos la bandera de la esperanza, Verde como el trigo verde y el verde verde limón. Aunque pierda.
En su versión original, con escudo, aquí.
Menos mal que Morante bordó el toreo en Las Ventas...
miércoles 27 de mayo de 2009
Tetralogía gitana
1. Rafael de Paula
2. Antonio Mairena
3. Miles Davis
y 4. Ya que estamos de Romería ¡vámonos, que nos vamos!
Creo que a Lorca se le ocurrió antes ¡qué coincidencias!
sábado 23 de mayo de 2009
El "pograma"
Fue la tarde del martes 19 de mayo y alterné en el cartel con El Juli, El Cid y Miguel Ángel Perera.
La empresa había incluido un poema mío dedicado a Juan Belmonte en el programa de mano. Mi compadre, Lorenzo Clemente, eximio abogado e ilustre taurino me daba la noticia por SMS.
Otros años hemos participado en este certamen, pero la empresa nos había colocado en el cruel ferragosto, cuando sólo acuden a la Plaza los japoneses y los aficionados verdaderos, o sea, casi nadie.
Pero no se dio mal la tarde de la Asunción del verano pasado (resultamos finalista) y la empresa nos ha premiado con una tarde en San Isidro.
Tarde de expectación, con lleno hasta la bandera, cuando el centro de España es una Plaza de Toros que abrocha el presente y el pasado y baja el público por la calle de Alcalá comentando las últimas noticias de la Guerra de Cuba, del asesinato de Prim o de la boda desgraciada de Alfonso XIII.
Tarde de sol y moscas, de cestas y viandas, con el Rey y la Infanta y el Pueblo Soberano. De chulapos y abanicos, de majas vestidas y de majas desnudas, cuando el sol se pone por la ribera del Manzanares y en las calles de Madrid, en el Prado y la Cava, resuenan los fandangos y las coplas.
Todavía no he hecho el paseíllo este año por la Capital del Reino, pero cada vez que acudo no sólo recuerdo mis años de estudiante mocito en la andanada del seis, es como si se abriera la Puerta Grande de la Historia y entráramos por ella en uno de los Episodios Nacionales de Galdós.
En Madrid hay dos públicos: está la Corte de sombra, con el aire degenerado de la beatutiful people, tan descastada por las empanadillas del Palco del Bernabeu y luego el sol terrible donde rugen los oficios del tiempo. A mi lado se sientan ujieres, menestrales, ganapanes, tipógrafos, botones y porteros, cisqueros y serenos, ordenanzas de uniforme que se escapan de un oscuro Ministerio de Ultramar, a la hora en punto en la que sale el toro y los almirantes ocupan su reservado en Chicote.
Así pues que tenía 24.000 lectores potenciales, pero eso es lo de menos, también los tenía la publicidad encubierta de las salas de alterne, con más eco, seguro, en los tendidos. Lo importante era ser, lo importante era estar, como una pieza más, como un minúsculo ladrillo, de la Primera Plaza del Mundo, como un juglar, si quieren, de la Villa y Corte, que ya decía Juncal que los poetas habían nacido para cantar a los toreros y olé que arte tiene este Rilke de mi arma y qué cosas dejó dichas de Paquiro el de Chiclana.
Luego, y como está mandado, la tarde salió mala y bajo las luces tristes de un Madrid de crepúsculos, entre los feriantes y la malandanza, el viento se llevó las hojas volanderas como pliegos de ciego que cantaran las desventuras del pasmo de Triana y de Sevilla.
Y de Madrid
al cielo.
Aquí lo transcribo, en su versión original se puede leer aquí o aquí, buscando más.
Homenaje a Juan Belmonte
El hambre es una cabeza de toro que embiste a los niños de Murillo por los callejones cegados de Sevilla la Vieja. La garganta cercenada del Cachorro angustia al cielo de abril, envejecen los capotes de paseo en las vitrinas como las dalmáticas raídas de una sacristía desvencijada, cubiertos de polvo sagrado, de cenizas que han gloriosamente ardido. El miedo es el agua nocturna del Guadalquivir en la cintura, entre los olivares de Tablada, donde pacen los novillos romanos de Itálica con hambre de gladiadores. Las afiladas astas se mecen sobre el pecho de Belmonte como un péndulo mortuorio retrasado por una tauromaquia de ultratumba... Se ha dormido la tarde en la media verónica y Bailaor queda en suerte frente a la blancura imponente de Joselito.
Juanito, hay una calavera de vaca sobre el carretón con el que jugáis los chiquillos en las esquinas sin adoquinar del Altozano, hay una pistola amartillada golpeando tu sien como las tablas de un burladero, reventando tu cabeza como las entrañas de un caballo de picar sin peto. Juanito, hay una Maestranza de verdad en el corazón troquelado de tu estatua.
jueves 21 de mayo de 2009
Jacarandas
Y no es para menos, el árbol morado de la jacaranda o jacarandá -según como ande uno de apurado con los acentos o las sílabas- hace ondear al viento su tropical exuberancia sobre la fronda maciza de los árboles cuando entra mayo, cuando el fuego artificial de los abriles sevillanos disipa con sus escopetazos feriados el alma breve de los azahares.
Después del mes cruel nos encontremos, también con Eliot, otra vez en una ciudad irreal y en la hora violeta (at the violet hour.)
El morado es un color libertario y comunero, es el color rojo saturando el azul hasta su justo punto de provocación jacobina. Morados son los cielos que perdimos y morado el poniente de la tarde cernudiana. Y hasta la cubierta de la Historia de los Heterodoxos Españoles de Marcelino Menéndez Pelayo en la Biblioteca de Autores Cristianos es también de color morada...
No sé qué causa puede abrazar un lazo morado, pero las amatistas arbóreas de las tardes de mayo pudieran ser un emblema de la Poesía. Juan Ramón Jiménez, por ejemplo, prefería el amarillo y el malva sobre todas las cosas. Pero los poetas ya andan sobrados de amarillos con la mala suerte de querer ser poetas y sus estériles intentos de hablar con los dioses, los animales y las plantas que, como se sabe, son mudas. Aunque a veces se encienden como la zarza vanguardistas de estos árboles excéntricos, lo mismo que apariciones.
Yo tengo para mí que la devoción por la jacaranda procede del desarrollismo, los poetas sevillanos hasta mediado el siglo XX vivían en el centro de la ciudad y nadaban en la abundancia aromática de los naranjos, los claveles y las gitanillas, por eso, creo, no conozco ni copla, ni poema, ni canción que las ensalce. El centro de Sevilla es literariamente blanco y frío, como el Magnolio de Luis Cernuda, pero con el punto verde y sabroso de la bética albahaca.
Pero hacia la antigua calle Oriente, hacia el Prado y los nuevos viejos barrios campean estos árboles, con su sombra especular y espectacular de flores rendidas que también pintan las aceras, como una alfombra suprematista, como un camino salido de un sueño que a dónde irá.
Yo puse una vez una jacarandá en Triana porque me venía bien en un poemita, con su acento y todo, pero no he visto ninguna por allí, aunque por allí entraron, Puerta y Puerto de Indias, según se dice habitualmente con pompa y circunstancia, y el poeta es un fingidor y hay, de hecho, alguna por la margen sevillana del Río y que más da y el viento se lo lleva.
Cuando volví a Sevilla hace diez años, después de un exilio como el de Kipling en la India, me sorprendió por mi barrio del Plantinar de Sevilla este árbol, desconocido completamente para mí, que no había dejado de venir a la ciudad ninguna Semana Santa, de morados lirios más compuestos.
Pero aquí conviene recordar a Rimbaud y lo que se le dice al poeta a propósito de las flores
Mais Cher, l’Art ‘est plus, maintenant
-C’est la vérité, -de permettre
À l’Eucalyptes étonnant
Des constrictors d’un hexamètre
Pero, Querido, el Arte ya no es, ahora,
-de verdad- permitir
al sorprendente Eucalyptus
constreñirse en un hexámetro
(Traducción Carlos Barbáchano)
Y lo que se dice del eucalipto vale para la jacaranda o cualquier otra industria vegetal del ramo.
Aún así, la jacarandá, en mitad de lo verde, funciona como una metáfora o una imagen deslumbrante, de éstas que por una excesiva sumisión a las poéticas mandonas, de canto moderado y alicorto, tan falsamente cerca de la emoción como alejadas del lenguaje, echo tanto en falta en la poesía moderna de nuestros días.
Me gustaría que la Poesía fuese como una jacaranda, a veces llana, a veces aguda, pero siempre morada o lila o violeta o malva. Y también me gustaría que los poetas de Sevilla saturasen con el color morado de la jacaranda, con el moderado barroco de nuestra gran tradición lírica, tantos versos que se quedan sin florecer, mustios y venenosos como adelfas en la mediana de la autopista que lleva a Córdoba, lejana y sola.
El dadaísta Tristan Tzara dejó escrito que "La vida es un antílope malva en un campo de atunes" que no significa nada, se mire por donde se mire, pero que lo explica todo, como la jacaranda o la jacarandá.
jueves 14 de mayo de 2009
sábado 9 de mayo de 2009
jueves 7 de mayo de 2009
An English Poem
And now you shall think of any anticlimactical matter,
Take, for instance, that of Mr. Eliot attending a bullfight,
Not in Seville neither in Malaga under the brilliant sunlight of the sea foam
But in a mournful village in Castile come out of a Solana’s horror painting
The bull’s head quivering up and down under the frozen sunstroke of August
Horns like knives that scratch the air
Time future contained in time past.
Or that of the Pope shopping in the supermarket
His white clothes lighting up the goods:
Immaculate detergent powder, ivory dust at noon,
Paying the bill with cash or (better) with a no fund credit card
-“A failure on thy magnetic band, Sir, it must be”-.
Please, think of it.
This poem has been thought in English and written with definite modulations
Of my beloved native Spanish. You can realize, don’t you?
Now, you’ve had time. Have you deeply thought of it, Eliot and the Pope?
Please, think of it and then look at you, think deeply of your senseless routine.
We’re involved at the same absurd circumstances, you can realize, don’t you?
That that we call life
By any other name.
Trad.
Y piensa ahora en una situación anticlímax
Como por ejemplo, la de Luis Cernuda en una corrida de toros,
No en Sevilla ni en Malaga, bajo el brillante resplandor de la espuma del mar
Sino en un lúgubre pueblo de Escocia, salido de la caja de los horrores de un cuadro de Bacon,
El toro sacudiendo la cabeza abajo y arriba, bajo la insolación congelada de agosto
Los cuernos como cuchillos que arañan el aire
Diré como nacisteis placeres prohibidos.
O la Reina de Inglaterra comprando en un supermercado
Sus blancos ropajes iluminando las mercancías
Detergente en polvo inmaculado, polvo de marfil al mediodía
Pagando la cuenta con dinero contante y sonante o, mejor todavía, con una tarjeta de crédito sin fondos.
("Un fallo en la banda magnética de su Graciosa Majestad, eso habrá sido)
Haz el favor de pensar en ello.
Este poema se ha traducido del ingles, pero fue perpetrado
En mi español materno y querido. Es fácil darse cuenta, ¿no crees?
Has tenido tiempo. ¿Has pensado profundamente en lo que te dije? ¿En Cernuda y la Reina?
Por favor, piensa en ello y mírate luego, piensa profundamente en tu rutina carente de significado.
Nos rodean las mismas circunstancias absurdas. Es fácil darse cuenta, ¿no crees?
Eso que llamamos vida
Con otro nombre.
NB: el verso empieza en mayúscula, no tanto por lo anglosajón del asunto como para combatir el sangrado de blogspot (¿acaso no es lo mismo?
viernes 1 de mayo de 2009
Der Engel
viernes 24 de abril de 2009
Píldoras para la crisis
Ahí van:
La tarjeta de crédito deja un rastro de sangre al pasar por el datáfono.
Los cajeros automáticos muerden las manos de los clientes como vampiros anémicos.
Revisaba el cambio con la minuciosidad de un numismático.
No eran vasijas romanas, eran los restos de las huchas de sus hijos.
Harakiri del pequeño comercio: "se traspasa".
Vagaba solitario por el mundo con aquel billete en el bolsillo, y nadie podía darle cambio.
Parecía una rueda de presos, pero sólo era una entrevista de trabajo.
La máquina no daba cambio. Sólo recuerdos de Fortuna caducada.
Paradoja del especulador: antes compraba pequeñas superficies en grandes cantidades, ahora compra pequeñas cantidades en grandes superficies.
sábado 11 de abril de 2009
Sábado Santo
Por las calles de la ciudad renovaré los votos con el tiempo sagrado de la Soledad.
Mi antifaz y escapularios serán negros, mi rostro será el de todos los hombres y mujeres, el de todos los niños y los pájaros.
Con el hábito blanco de esta tarde triste miraré desplomarse la arena en los relojes, mientras roza mi piel la última sábana que habrá de velarme los ojos.
La blanca Soledad camina sola hasta el último puerto de la vida.
Yo no quiero para mi cuerpo inerte el fuego devorador que convierta en polvo de cenizas aventadas mis huesos por el mundo.
Ni quiero una colmena de la muerte o un columbario alzado, tan lejos de las raíces de los árboles que seguirán floreciendo cada mayo mientras cruje indeleble la gran rueda del cielo.
Yo quiero para mí la tierra humilde, el barro de la vida, los nudos rugosos de la madera.
A solas con mi túnica resonarán las paletadas en mi cabeza yerta como las largas trompetas del Día Octavo.
Y entonces abriré los ojos.
Para Ver.
viernes 10 de abril de 2009
Viernes Santo
Hacía tiempo que lo buscaban y cuando dieron con él en una esquina de la Cava Baja lo degollaron de dos certeras cuchilladas.
Era joven, trabajaba en el puerto como calafate, su rostro moreno estaba quemado por el sol, era alto, era bueno.
Bajo la interminable lluvia de aquel viernes la sangre se mezclaba con el barro.
Los niños lloraban en el mirador cegado.
Pero nadie venía, Cachorro.
jueves 9 de abril de 2009
Madrugada del Viernes Santo
Madera renegrida por el humo, madera astillada por el óxido, madera leprosa y consumida, carbones y cenizas del dolor.
Una túnica morada ciñe a la ciudad y la luna redonda se rompe en mil cuchillos de hielo, témpanos del vacío, saetas de la nada.
¿Dónde está el sol?
Una corona encendida, una corola de pétalos blancos se anuncia por el horizonte exangüe, y un resplandor de luces verdes y esmeraldas dormidas.
La Esperanza, la Resurrección.
Jueves Santo
Y cuando ya la noche se hunda en las tinieblas de la madrugada, levitará todavía la plata restallante del Señor de Pasión, la imagen apolínea de Dios
Ya mi túnica, planchada y preparada para el Sabbath, anuncia la blancura del sepulcro y la soledad total.
martes 7 de abril de 2009
Miércoles Santo
Pero sobre todo lo he visto en el monte de lirios que acompaña a los Cristos muertos de Sevilla.
“Cristo moreno pasa, de Lirio de Judea a clavel de España”, dejó dicho Lorca en su Poema de la Saeta
Los nazarenos del Baratillo son lirios que visten la tarde del miércoles con la tragedia milenaria de la fiesta de los toros.
Mirad a la virgen de la Piedad del Baratillo, la hermandad que forma en el albero de la Maestranza, ¿no lleva roto en su regazo el cuerpo partido de un torero? ¿No es la madre terrible que aúlla en el Guernica?
Sí y no: es una madre con la desolación absoluta de quien ha recogido en el regazo que dio vida a su hijo muerto, pero es la madre que conoce la imponente razón de esa muerte y traslada al cuerpo inerte la suprema piedad de un amor cósmico.
Esta es la virgen a la que rezan los toreros antes de colgar en los cuernos de la muerte las guirnaldas moradas, los capotes de abril, el mes más cruel.
Y sigo con Eliot para invocar el cuarto movimiento de las Dry Salvages, el tercero de sus Cuatro Cuartetos, que un día parafaseé muy atrevidamente así, cambiando el oficio de marear, por el arte de torear.
Señora, cuyo altar se esconde en la capilla de la Plaza,
Reza por las gentes del toro, aquéllos
Cuyos negocios tienen que ver con el toro, y
Aquéllos involucrados en tratos legales
Y aquéllos que llevan la brega.
Repite una oración también por
Las mujeres que vieron a sus hijos u hombres
Partir y no volver.
Hija de tu Hijo, Reina de los Cielos.
Y reza también por aquéllos que torearon
Y acabaron su trasteo en los brazos del albero.
O en los negros chiqueros que no los devolverán
O en cualquier plaza donde no se escuche
El ángelus perpetuo de la campana
De la espadaña del cielo.
Como el arenal de Sevilla fue un barrio de marineros, valga también el original inglés, desde los galeones de madera, desde las barcazas y los pontones del Guadalquivir asomaba el promontorio del Malbaratillo.
La Piedad infinita que no distingue oficios.
Lady, whose shrine stands on the promontory,
Pray for all those who are in ships, those
Whose business has to do with fish, and
Those concerned with every lawful traffic
And those who conduct them.
Repeat a prayer also on behalf of
Women who have seen their sons or husbands
Setting forth, and not returning:
Figlia del tuo figlio,Queen of Heaven.
Also pray for those who were in ships, and
Ended their voyage on the sand, in the sea's lips
Or in the dark throat which will not reject them
Or wherever cannot reach them the sound of the sea bell's
Perpetual angelus.
THE DRY SALVAGES
(No. 3 of 'Four Quartets')-IV
Martes Santo
Todo lo que sucedió en Jerusalén fue muy raro porque es la historia del asesinato de Dios.
A través de centurias de desiertos, a través de largas migraciones bajo el abismo de las tormentas, a través de milenios y cataclismos el ser humano ha buscado una respuesta: en el lamento desesperado de Gilgamesh aterrado por la muerte, en los salmos del exilio en Babilonia, en la palabra proteica de Homero, en la palabra oscura de Esquilo, en las altas pirámides de Egipto, en las brillantes legiones de los césares.
Esa respuesta que tiene que ver con el sentido último del ser, con la búsqueda de un Hacedor, con la distinción del bien y del mal.
Y la respuesta del hombre frente a su Creador es el patíbulo.
La cruz es una cámara de gas, un garrote vil, una silla eléctrica, un bisturí, una cápsula de cianuro para el Todopoderoso.
Y esto explica por qué el cristianismo se extendió como un reguero por el mundo, porque aclara una verdad: toda conducta inspirada por el bien tendrá como sanción por parte de los hombres la befa y la tortura .
Allí donde hay un hombre bueno, hay siempre un hombre despreciado.
Allí donde hay una acción buena, hay un coro de sátrapas mofándose.
Nadie ignora que esto es cierto, cualquier hombre bueno lo puede constatar, crea o no crea.
La crítica más radical y lúcida del cristianismo procede de Nietzsche y, en última instancia, conduce a los totalitarismos: para el superhombre es intolerable esta humildad.
Pero el cristiano (el hombre bueno de cualquier confesión) no aspira a ser un superhombre, porque sabe que es harto más exigente, más elevado, más espiritual ser simplemente un hombre.
Un hombre muerto en una cruz, en la Buena Muerte del Cristo de los Estudiantes que tallara Juan de Mesa y que hoy nos da su trance dulce por las calles de esta Jerusalén libertada de Sevilla.
Porque la única forma de representar la Resurreción es con la muerte que no existe, este Cristo no va muerto sino dormido, en cualquier instante abrirá los ojos, nosotros, con Shakesperare, no podemos distinguir, no sabemos distinguir este sueño dulce de la muerte.
Ni el ser del no ser.
Para ser Siempre.
lunes 6 de abril de 2009
Lunes Santo
Hay en la Semana Santa de Sevilla una luz caliente y barroca, de oro viejo y dalmáticas, de clavo, sangre y martillo que se aparece a las cinco en punto de la tarde sobre la cal y el almagre haciendo reverberar las salomónicas columnas del incienso.
Pero también hay una luz ilustrada del siglo dieciocho, una luz clásica que hace más negro el filo de las inquisiciones que se filtran por la celosía de los conventos, una luz racional que se aparece en las calles anchas del Arenal o del barrio del Museo.
Por la noche encontrarás esa luz blanca como de infolio intonso en la toca inmaculada de la Virgen de las Aguas en la que, toda contención, ningún puñal se clava. Te asaltará esta barco de cera y plata en el andén del Ayuntamiento o en la calle ancha de Tetuán por donde rodaron los carros del Asistente Olavide y frente a su palio sentirás la dulzura de una mirada humana, la paz de un rostro de terracota pulida que aún no habrá conseguido borrar de ti la sombra volteriana de una duda.
Y entonces llegará el Cristo del Museo, la terribilitá de un gigante retorcido en el supremo sacrificio, el escorzo imposible que se agita contra la redonda noche de los taxonomistas. Y los astrólogos del mundo, y tú con ellos, os subiréis a su paso para acechar el secreto oscuro que no se resuelve en las enciclopedias. Porque esa pierna arqueada como la serpiente pitón del Laoconte es el primer tramo de la escalera de Jacob y arriba está la luz.
La única Luz.
sábado 4 de abril de 2009
Domingo de Ramos
En algún lugar de la obra de Ovidio se relata la fiesta de la Palilia: cada veintiuno de abril los niños de Roma subían al monte Palatino para conmemorar la fundación de la ciudad, llevaban corderos sobre los que caía una lluvia de pétalos de rosas que luego eran sacrificados a los dioses eternos.
Durante las fiestas de las Panateneas las canéforas subían a la Acrópolis para vestir a la diosa Atenea con el peplo sagrado tejido por las mujeres de la ciudad a lo largo del año, los ancianos subían con ramas de olivo, los jóvenes guerreros iban detrás con sus armaduras. La procesión está esculpida con detalle en los frisos del Partenón.
Cada Domingo de Ramos Sevilla renueva sus votos con el tiempo y la Fe, la ciudad se viste de palmeras, Cristo entra en Jerusalén por la puerta de ladrillo rojo de la Iglesia del Salvador. Una marea de blancos nazarenos niños recibe a Jesús en su borriquita. Las campanas de la Giralda, las cornetas y los tambores gritan al cielo el hossana jubiloso de una nueva primavera. Por la noche la misma puerta de ladrillo, roja de sangre, acogerá el cuerpo alzado del Amor crucificado, alanceado por las saetas que vienen del dolor subterráneo del mundo, la infinita ternura de una madera transida de verdad acompañada por nazarenos negros, ancianos, moribundos. Las palmas serán la débil luz de un cirio a punto de apagarse. Y en una sola jornada discurrirá lo que va de la vida a la muerte. Y cómo esa vida y esa muerte sólo adquieren sentido por el Amor.
Y Sevilla habrá sido otra Atenas y otra Roma y otra Venecia bajo las nubes de incienso y de azahar que velan los ojos con los que el hombre se asoma al abismo trágico de su existencia. Pero detrás de las nubes está la mirada intensa de Dios .
domingo 29 de marzo de 2009
Un soneto impagable
Los sonetos, como los haikus, los carga el diablo, se empieza por querer decir una cosa y se acaba diciendo la contraria o lo que es peor, las dos a la vez o ninguna de las dos.
Hace no mucho Enrique Baltanás escribía con gran acierto sobre esta circunstancia.
Por eso prefiero los sonetos de madera, como los llamaba Neruda, los que no tienen la rima que condicione el sentido: todos los sonetos rimados ya están escritos, seguramente Borges escribió el penúltimo.
Como lo que me pide este amigo es como si me lo pidiera mi padre, y en atención al carácter toscano de esta columna (¡tan lejos de Dante y de Petrarca!) ahí va:
PUEBLO BLANCO
Abstractas azoteas del sonido,
disonancias cubistas de la tarde,
sincopado zaguán, calleja que arde
en la arista del cielo con su ruido.
Nubes de cal y sol, sol sostenido
en el alambre de los tendederos,
pentagrama de bragas y sombreros
por un limpio temblor estremecido.
Pasadizos de rejas y canceles,
panoramas de esquinas superpuestas
y manchas puntillistas de claveles
encima de las sumas y las restas.
Extravío solar de los pinceles,
expansiva blancura de las cuestas.
Solicito la ayuda del curioso lector para el segundo cuarteto -en el que deliberadamente alterné la rima-, la mejor opción eufónica en el séptimo verso es decir “bragueros”, pero me avisa este buen amigo del ortopédico significado de esta palabra y no, no es lo que vimos colgando entre la ropa tendida.
Si decimos “ligueros” adquiere una suave connotación erótica acorde con el octavo verso, que podemos reducir a la nada con un maternal “baberos”.
Lo más parecido a lo que vimos fueron en realidad unos pantalones “vaqueros” que lastran el verso con su tela pesada, así que lo dejaremos en “sombreros” en esta versión porque siempre hay que optar por la aliteración antes que por el significado, a la espera de que las hernias se sujeten de otra forma y podamos recuperar el término previsto con la intermediación del Ministerio de Igualdad.
Bragas y bragueros como "miembros y miembras".
Como es obvio que la composición no va a figurar en mis obras completas, ni en mis “Collected posts”, remitan las sugerencias a mi improbable editor y amigo, que les quedará muy agradecido.
El pueblo podría ser Arcos de La Frontera, pero como allí hay un poeta en cada esquina (o al menos un azulejo que así lo dice), lo titularemos Pueblo Blanco (aunque sea consonante) que es como no decir nada, ahora que la Peri-Rossi ha alcanzado el grado cero de la poesía y todo da igual, como el Ministerio.
PS: Me escribe mi amigo para decirme que no comprende lo de "las sumas y las restas", le recuerdo que lo transcribí sobre la cuenta del almuerzo que el había acordado pagar previamente. Y como la intención de cobrador de impagados de esta columna del frac queda, al fin, dilucidada, cambio su título en el capitel.
martes 24 de marzo de 2009
Primavera de Sevilla
La lluvia en Sevilla es una maravilla, como la primavera.
Para festejarlo, como mi amigo Juan Antonio, acudiré al expediente de la repesca.
El original -con cartel- aquí
Volverán los cielos que perdimos a incendiar los balcones de la tarde; volverán los tambores por el río con el toro de cal y el pan de plata; volverán las mujeres como flores, las cinturas de pétalo y de mimbre, y el humo blanco del tabaco antiguo; volverán los hombres a caballo con espuelas de sol, con cascabeles, a tumbar la luz del mediodía. A la sombra morada del magnolio crecerá el llanto amargo del poeta y una luna de incienso y terciopelo vagará solitaria por las calles. Volverán el armiño de los reyes y la capa pluvial a ras de albero, volverán el jaramago, la espadaña, el dosel del naranjo que sustenta el aliento imprevisto de un perfume y también las oscuras golondrinas, las que han olvidado nuestros nombres -hecho de invierno y de ciudades grises- y que vuelan, locas y fugaces, enamoradas de sí mismas.
Pues eso, que la primavera ha venido y todos sabemos cómo ha sido.
jueves 19 de marzo de 2009
La verdad de la poesía
Estuve apenas unas horas, tras un largo trayecto en tren hasta Logroño que continué en coche de línea bajo la frágil lluvia del otoño, a través de paisajes portentosos velados por la bruma.
Pueblos solitarios en las laderas de montes antiguos, campanarios heroicos, páramos desolados... Castilla.
Mi bisabuelo, Miguel García García era soriano, de Vinuesa, donde la Laguna Negra. A finales del siglo XIX emigró a Sevilla. García es un apellido noble y común en toda España, como un sillar de piedra castellana.
En Sevilla hay una calle llamada García de Vinuesa, desconozco el origen de esta entrada del nomenclátor, pero me gusta pensar que es un emblema, el mote del escudo de quienes cruzaron la árida península, de norte a sur.
Yo hacía ahora el viaje contrario.
Pero yo ya había estado antes en Soria: subí con Bécquer al Monte de las Ánimas en una larga noche de leyendas que preludiaron los horrores de Poe y con Bécquer busqué el sutilísimo rayo de la luna, el amor platónico que se esfuma en las secretas calles de la piedra.
Pero yo ya había estado antes en Soria con Antonio Machado, buen amigo, por quien había subido al Espino con las primeras flores para Leonor, grises alcores, cárdenas roquedas. Si la poesía, como a veces parece, permitiera las clasificaciones y los podios, que no lo creo, el primer lugar en la categoría de silva asonantada lo tendría esta estrofa de Campos de Castilla:
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva
Antonio Machado siempre es grande, pero detengámonos ante la prodigiosa música de este poema, esas vocales abiertas donde está sonando el viento suave y la melodía del río que se va ligero, los ruiseñores a los que oímos cantar en cada fonema, la emoción rendida del corazón final.
La imbricación absoluta de sentido, sonido, paisaje, imaginación y emoción.
La perfecta traslación de una realidad que, por virtud del canto, se incorpora a nuestra sustancia y nos enriquece
Aproveché mis escasas horas en Soria recorriendo con una inexpresable sensación de dèjá vu el camino entre San Polo y San Saturio, ebrio de sol, bajo los álamos dorados y encendidos, y era como viajar al corazón del idioma, como internarse físicamente en la visible realidad del poema.
Mi recuerdo de aquel lugar no ha cambiado por este paseo ¿andaba o releía?
Esta es la verdad de la Poesía.
¿Estoy en Soria o escribo?
No lo sé, una y otra vez, feliz e infatigable “he vuelto a ver los álamos dorados”.
domingo 8 de marzo de 2009
La medalla
El gesto radical de Paco Camino y José Tomás de devolver la medalla de oro de las Bellas Artes al Ministerio de Cultura ha parecido excesivo a la anestesiada sociedad española a la que, por cierto y para bien, ha recordado por añadidura que todavía existe el toreo.
Cuando el pensamiento débil y la ausencia de exigencia intelectual y profesional dominan la escena pública, cuando el valor del sacrificio, la responsabilidad y la justicia no existen, gestos así son necesarios, aún más en tiempo de crisis: todavía hay quienes se toman en serio a sí mismos y no están dispuestos a admitir que el mundo sea un carnaval más o menos cómodo.
Hay quienes tildan la devolución de soberbia: en fin, entre ambos suman diecinueve salidas por la puerta grande de Madrid y Hemingway ya valoraba una oreja en Las Ventas como algo superior al Premio Nobel. La medalla ni les quita ni les pone y cada cual sabe dónde está y cuál es su sitio. Soberbia es aceptar una concesión no merecida que tuvo que ser devuelta en cuanto llegó a esa rivera donde de sobra saben lo que va de Ordoñez al Hola.
Hay quienes han acusado a los toreros de falta de compañerismo: hoy, día de la mujer trabajadora, es bueno recordar que el recentísimo premiado de rancio abolengo filotaurino vetó a la torero Cristina Sánchez por ser mujer. Pero es que además el recurso al corporativismo es uno de los males endémicos de las instituciones y empresas españolas: no se despide al vago por compañerismo, se mira a otro lado por compañerismo, se ocultan corrupciones por compañerismo y, en fin, por compañerismo, se atropella la virtud para evitar la confrontación, tan incómoda.
El compañerismo es un sinónimo, muchas veces, de cobardía. Ya lo decía Aristóteles al hablar de su maestro Platón: Amicus Plato sed magis amica veritas. (Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad).
En la rivera cayetana se torea mejor, pero también se ha sugerido un veto a otro torero, Morante, reserva espiritual de la gracia y el duende, por emitir una opinión contraria al galardón fraternal. Compañerismo, vaya. Otro cayetano e hijo de cayetana lo ha llamado incluso despreciable, grandeza de España le decían, pues vaya con el caballo...
Luego está la cuestión del arte, desde luego no podemos hacer una correlación entre el toreo y Schubert o Miguel Ángel, creo que eso lo tiene claro todo el mundo. Y aunque suele considerarse una expresión de la posmodernidad la mixtificación de las artes populares y su elevación en la consideración intelectual, también parece claro que si la danza, el flamenco o la fotografía tienen consideración artistica, no tiene menos motivos el toreo para tener la consideración trascendente del arte.
Quienes defendemos el sentido profundo del toreo, o lo consideramos así o lo consideramos como una liturgia, el toreo como religión, la estética como mística. Lo demás nos da igual
Nadie puede dudar de la plasticidad del toreo, sobran los ejemplos y nos lo voy a repetir, si la capacidad de generar belleza es abrumadora y si en esa capacidad interviene la acción humana, ya hay arte.
La concesión de la medalla a la rivera era una reducción al absurdo del supuesto apoyo del Ministerio de Cultura. La realidad es –aunque no sea de su competencia- que Televisión Española no ha retransmitido más que una corrida de toros o dos desde el 2004 y que el toreo es continuamente degradado en otras medios de comunicación, donde sólo es noticia la tragedia o la cochambre.
Por eso me alegro de este gesto de vergüenza torera y que tomen nota otros estamentos acomodados.
Ya querría ver uno gestos de este tipo en los estupendísimos premios literarios, por ejemplo.
Espero que esta feria de abril no inauguremos un podio al final de los festejos, quienes se visten de oro y plata no necesitan polémicas de bronce.
Para rematar con una media estos textos de mi archivo dedicados a José Tomás y Morante, como ustedes comprenderán me resulta metafísicamente imposible irme por la rivera. Espero que aquellos amigos de esta columna sin interés en la fiesta, al menos les ayude a entender la naturaleza de mi afición.
José Tomás
Has abierto las puertas de la Muerte toreando en el vértice del miedo. Y detrás de las puertas había luz, la deslumbrante luz de la pureza. Entrabas y salías de la muerte como el buzo entra y sale del abismo, sumergido en campanas de silencio, en solares silencios espectrales donde el aire vacío se completa con el lance y el trance tan reunidos que suspenden la razón y la despeñan al borde mismo del espanto. Nos hemos vuelto locos: las ménades se arrancan los vestidos y se arañan los rostros suplicantes, los guerreros golpean los escudos y el toro es un enigma reventado, una fuerza bestial hipnotizada por la suave quietud de los telares. Gira y gira la plaza como un astro, vibrante catedral de una liturgia cósmica que a la danza del héroe se ha rendido, funesta y primitiva.
Morante
Trazas de incienso, humo de tabaco, angosta la capilla sofocante y sobre el lienzo blanco palmatoria de bronce, temblor del oro viejo, hornacinas oscuras, manchas negras de Cristo en la cal viva y columnas salomónicas que rompen la maleza de cardos y de espinas, así crece, con el mentón hundido en el embroque, un retablo barroco en el albero y en la blanda madera del tallo reverdece la mata trenzada del acanto como cresta de gallo, como rojo penacho que dejara coronas de laurel en las sienes del miedo. Pétalos de Morante bajo el cielo de Abril, tratado de armonía.
lunes 2 de marzo de 2009
Venecia sin mí
Hoy, sin embargo, no vamos a esculpir una columna, vamos a levantar una fachada sin escapar de los órdenes itálicos, una fachada veneciana, pero no de un palacio, sino la de alguna casa humilde con la ropa tendida, deshuesada de ladrillos rojos, con los bajos corroídos por el légamo, con incrustaciones desordenadas de blanca piedra de Istria y una barca desfondada junto a la puerta hundida.
Porque este fin de semana hemos estado otra vez en Venecia y tenemos el ánimo decadente y serenísimo, quiero dejar encastrada en las paredes algunos recuerdos, de las cosas nuevas que hemos visto antes de que se las lleve el Gran Canal del Olvido.
No va a arder el mar de los teatros con erudiciones, máscaras y citas, son sólo unos esbozos sencillos en el moleskine de la memoria.
1. La luz, el sol velado por una levísima gasa de bruma, disolviendo en sfumato los colores como en las acuarelas de Turner.
2. El imposible escorzo de Tintoretto por el que sube una Virgen niña en Santa María del Orto.
3. Los moluscos vivos, como la médula de la ciudad, en el mercado improvisado del Canareggio.
4. El Sabath en el Ghetto, las ortodoxas barbas, el talit y el Talmud.
5. A los pies del Rialto el cruce de dos ríos en el centro de la vida.
6. Anticipar el óbolo a Caronte y cruzar, por fin, al otro lado del Gran Canal en uno de los traghettos.
7. El mercado de San Martín: dos perchas de ropa vieja y gastada que los parroquianos ceden para los pobres, como hizo el santo con su capa.
8. Las inscripciones rúnicas de un león en el Arsenal, el eco de los vikingos en Bizancio.
9. La soledad en San Marcos a primera hora de la mañana del domingo, la Plaza para mis ojos solos.
10. El agua, siempre el agua.
Como en toda fachada veneciana completamos este mosaico con material de acarreo a manera de arco. Estos textos y el soneto antiguo y decadente que les sigue, no serán ni el tetrarca de Egipto, ni los caballos del hipódromo de Bizancio, ni las columnas de San Juan de Acre, ni siquiera son de blanca piedra de Istria, pero estaban en el fondo del canal y la pleamar los ha reflotado.
VENECIA
CUANDO el aire, preñado de humedad, arrastra la salobre, lenta, niebla del río quiero invocar a la ciudad narcótica, hecha de tiempo y agua. Como el cordel que enhebra dos arcos apuntados, con su carga humilde de ropa desvaída, como el gato callejero que ha plegado sus fantásticas alas de león bizantino y deambula sigiloso por el pretil de los canales tras el rastro suculento del turista, como el bambino que da patadas a un balón contra el brocal de un pozo y es el hijo de un gondolero, un dios, un nieto de Neptuno y no lo sabrá nunca. Así quiero llamarte por tu nombre, Venecia, y escuchar el llanto sumergido de las vigas podridas que atirantan tus palacios como buques fantasmas, mirándote a los ojos lo mismo que a una mujer embaucadora y decrépita cuya doble impostura no pudiera disfrazar los estragos del tiempo y anunciara otra belleza más primitiva y serena, hecha de algas y escamas de pescado.
MARCO POLO
VARADO en estas islas acuosas, al término de todos los caminos, aguardo la galera milenaria, el dragón de madera y malaquita que hará palidecer al Bucentauro: la embajada gigante del Celeste Imperio. El Dux, flotante y mayestático, y los hombres engreídos del Consejo, se ríen de mí, el viejo Marco Polo, ese tendero del Rialto de excéntricas costumbres y modales taimados que ha dictado un memorial de disparates, un compendio de prodigios inventados, adornado con nombres de desiertos. Pero yo he visto las ciudades invisibles, las insondables provincias de Tartaria, el silencio implacable de las cumbres del mundo y los colores furiosos de la seda. Yo he viajado a lomos de camellos salvajes y he visto salir el fuego de las rocas, ¿qué me importa el comercio con una corte hipócrita de opulentos gondoleros descreídos? Son para mí como ojos de pescado, viscosos, repelentes. Si emprendiera de nuevo mi viaje, lejos de esta fauna de brocados, encontraría la muerte o el vacío y sin retorno no puede haber viaje, como no existe viaje sin memoria, sin palabras que canten por escrito las maravillas vistas de la tierra. Negocio con especias y telas carmesíes, con polvo de rinoceronte y marfiles indostánicos y cuento mis ganancias por lectores felices. Espero en mi jardín la luna azul de Xanadú, los dragones voladores del gran Kahn que me lleven por el cielo hasta Catay.
VENECIANA
Lentamente la proa del Burchiello
rasga las brumas de cristal del Brenta,
amanecen las islas bajo el cielo
tornasol. La laguna soñolienta
es un león azul de terciopelo
y oro. De la República opulenta
parte hacia Chipre infiel el moro Otelo
sin celo ni temor de la tormenta.
En el puente de mando va Desdémona
revestida de encajes de Burano
que deslumbran al Dux. Se da la recia
orden, el sol, tentáculos de anémona
despliega y al impulso soberano
redoblan las campanas de Venecia.
¡Y qué haremos ahora si los únicos canales que podemos mirar son los de la TV!
viernes 20 de febrero de 2009
Una muerte con hilo musical
En esta etapa lo que se fija en la mente no es una traducción realista de lo vivido sino una estampa deformada en el espejo virgen de la retentiva. El recuerdo es una función por estrenar para el niño.
La imaginación, tan levemente impregnada todavía, confundirá siempre estos recuerdos en los que se entreveran cualidades, lugares, rostros, parentescos.
Sin embargo Proust demostró cómo, sin cómo ni porqué, un estímulo furtivo puede poner en pie estas evocaciones y hacer retroceder el tiempo, recuperar el pasado con orden y esplendor.
Para perderlo irremediablemente.
Es la célebre magdalena en el té o el adoquín desnivelado en el pavimento de la Plaza de San Marcos de Venecia.
El tiempo recobrado.
Mis primeros recuerdos son de los años setenta, lo que implica la regresión a un universo estéticamente muy desalentador, pero inevitablemente adorable. El triunfo de los petrodólares y de la televisión en color exhibía bruñidas pistas de aterrizaje, aviones enlucidos de rojo y de naranja, hoteles de cinco estrellas, desafinados hilos musicales, anómalas fusiones de coros y pianos con profusiones eléctricas, abalorios, barbas, abbas, patillas de Curro Jiménez, carteles de la ucedé.
La TV mostraba el mundo al pie de un aeroplano y yo creo que de ahí me viene la indecible sensación de placidez que me produce una torre de control radiante, los aviones que despegan, las brillantes cristaleras y la bossa nova: la Samba do Avião.
A menos que se haya padecido una infancia muy desgraciada, que no es el caso, el hombre está siempre haciendo, cual Benjamin Button, un viaje hacia la raíz, hacia el tiempo perdido, así dejó escrito Wordsworth aquello de que el niño es el padre del hombre.
Retrocedemos a la semilla, al núcleo del primer recuerdo.
Y por eso ruego a mis desconsolados y abatidos herederos que, en lugar de hacer sonar en mi funeral una música acorde con mi posición, léase la Marcha Fúnebre de Sigfrido o el Segundo Movimiento de la Heroica de Beethoven, tengan a bien poner un casette con alguna de las melodías ingenuas de las bandas sonoras de la década de los sesenta que fueron rearmonizadas a la luz solar del baby-boom, por ejemplo “Un hombre y una mujer” o el “Tema de Lara” del Doctor Zhivago.
Para adentrarme así en la muerte adormecido en la inconsciencia de estos cándidos coros, como quien va a entrar en la discoteca más kitsch convencido de que es una catedral.
sábado 14 de febrero de 2009
Oración por M.C.
Preciosa M.C. que un mar más grande te recoja, que el mismo mar, que el mismo amor, traiga las olas del consuelo a tu familia.
viernes 6 de febrero de 2009
Bécquer trasterrado
Pero como nadie ignora, los poetas sevillanos, desde Gutierre de Cetina a Luis Cernuda, con la notable excepción del Divino Fernando de Herrera, han tenido por costumbre morirse lejos. Condenados al largo olvido, cuando no al desprecio o la ignorancia de una ciudad siempre más madrastra que madre.
Así: Bécquer, Blanco White, Luis Cernuda, Antonio Machado, Manuel Machado o, incluso, el recientemente desahuciado después de muerto, Vicente Aleixandre.
La situación se ha repetido con otros autores que, aunque no nacidos aquí, han cantado también nuestra ciudad.
¿Recordaremos que el Ayuntamiento de Sevilla en 1958 no recibió los restos mortales de JRJ ni acudió a la capilla ardiente del poeta que se instaló en la Universidad debido a su lealtad a la República? JRJ no era “sólo” un Premio Nobel o un “andaluz universal”, había declarado en repetidas ocasiones que Sevilla era la "capital lírica de España" y la ciudad aparecía de forma recurrente en su inmensa obra en marcha, pero parece que tampoco esto era suficiente.
Esta capilla se dispuso en la cripta del Panteón de Sevillanos Ilustres, donde reposan los restos de Bécquer, además de los de Fernán Caballero, Alberto Lista, Arias Montano o Rodrigo Caro.
La propuesta actual del Ayuntamiento tiene por objeto trasladar desde este Panteón los restos de Bécquer (como mínimo) al Cementerio de San Fernando, para “enriquecerlo culturalmente”. No deja de ser significativo que este Panteón sólo abra una tarde por semana y en horario laboral. Aunque ignoramos si la responsabilidad es exclusivamente de la Universidad o compartida con otras administraciones.
Surge esta iniciativa, por cierto, al mismo tiempo que desde Cuba reclaman los restos de la poeta Gertrudis Gómez de Avellaneda, enterrada, ésta sí, según su última voluntad en el Cementerio de Sevilla.
Quisiera recordar ahora a otro poeta sevillano, Rafael Montesinos, también víctima del olvido por todos los estamentos oficiales y cofrades de la ciudad, y uno de los que mas hizo en el campo de los estudios becquerianos y que finalmente pudo ver cumplida su voluntad y descansar en Sevilla, como había pedido:
He vivido cuatro días
tres no fueron sevillanos
llevadme a la tierra mía.
Respetar, siempre que sea posible, la última voluntad de una persona y sus familiares, debe ser la única norma en estos casos.
Y es que la afición a remover huesos líricos por parte de los poderes públicos en España no es una moda reciente como sugieren los autos frustrados de Garzón en relación a la fosa de Lorca etcétera. En el capítulo XIX de la Primera Parte del Quijote se narra el traslado furtivo y secreto de los restos de San Juan de la Cruz. Los huesos del más grande místico y poeta español se desperdigaron entre Segovia y Úbeda, desatando un litigio entre ambas ciudades que se saldó “salomónicamente” con un desafortunado despiece.
En Jaén apenas han quedado unas tibias y un dedo incorrupto.
En este punto conviene recordar que ese dedo no fue el que escribió el Cántico Espiritual. En el “Cimitero Acattolico de Roma”, conocido como cementerio de los ingleses, junto a la pirámide Cestia, donde están enterrados Shelley o el hijo de Goethe, esta también la tumba de Keats, ese ángel abatido a los 25 años cuyo nombre fue escrito en el agua. Además de su famoso epitafio en la lápida dice:
“Aquí yace todo lo que fue mortal del joven poeta inglés”
Lo que nos dicen los poetas, se sobrepone al tiempo, a la muerte y a las corrupciones que les son naturales.
El alma que canta está encajada en una carne mortal. La palabra no, la palabra vive.
A mí me gusta, sin embargo, visitar las tumbas de mis escritores y músicos preferidos, yo he visto la tumba de Ezra Pound, bajo un mármol con una inscripción clásica donde crecía la yedra, golpeado por las serenísimas aguas de la Laguna, en la Isla de los Muertos, tan cerca de mi admirado Joseph Brodsky y el no menos querido Stravinsky que también quiso yacer en San Michele de Venecia. Yo he estado en el damero cubista de Montparnasse con lo que fue mortal de Baudelaire (y no supe encontrar a Marcel Schowb) y en los románticos paisajes de Père-Lachaise, saludando a Proust, Balzac, Oscar Wilde, Chopin y Moratín.
Muchas veces he visitado a JRJ bajo el sol del mediodía y estuve con Pedro Salinas en San Juan de Puerto Rico, como en el Cementerio Marino de Valéry, frente al mar tropical donde él había sido “el Contemplado.”
En nuestra contingencia, honrar a los muertos es una acción digna que nos enaltece, aunque la memoria de un autor se invoca, de verdad y únicamente, en su lectura.
Por eso no me parece oportuno menear los huesos de nadie para convertir el Cementerio en un Parque Temático.
Es un cementerio, por cierto, precioso, donde yacen Joselito e Ignacio Sánchez Mejías en un mausoleo imponente de Benlliure, además de Belmonte y mis abuelos maternos.
La idea de los poetas en corro de porteras, o como si de una antología se tratase, particularmente me repele.
Uno busca una tumba como en un viaje iniciático, por afinidad espiritual: nunca he estado en Irlanda, pero he soñado que iba a ver a Yeats bajo el Ben Bulben, como otros constatan en Collioure el horror de nuestra Guerra Civil.
Pero la política cultural de nuestro consistorio se alimenta de estos gestos vagos que nunca se concretan, de estos brindis al sol. La nota de prensa no puede ser, al respecto, más candorosa o si lo prefieren, más explícita: “Sí hay un objetivo claro: que convivan las tres confesiones: cristiana, musulmana y judía.”
O sea, y me adentro, guiado por las propuestas del consistorio, en los terrenos resbaladizos de la demagogia: una alianza de civilizaciones lírica, post mortem y a la sevillana.
Han propuesto traerse a Al-Motamid de Marrakech, ¿se desmontará el túmulo de Alfonso X el Sabio que, como sabemos, escribió las Cantigas de Nuestra Señora en galaico-portugués, de la Capilla Real de la Catedral?
En cuanto al judaísmo: habrá que ir a buscar la tumba del pobre Rafael Cansinos Assens, que en algún lugar de Madrid andará. Otro con el que se realizó un oficio de destrucción y olvido al que sólo salvó la memoria generosa de Jorge Luis Borges (quien, por cierto, vivió un año en Sevilla y publicó aquí su primer poema).
Pero mejor no dar ideas.
Imaginamos al Alcalde inaugurando el mausoleo, orgulloso como un Tenorio
Mañana os contemplarán
los absortos sevillanos;
y al mirar de este panteón
las gigantes proporciones,
tendrán las generaciones
la nuestra en veneración.
Sucede que el parlamento de Don Juan prosigue de esta suerte
Mas yendo y viniendo días,
se hundirán unas tras otras,
mientras en pie estaréis vosotras,
póstumas memorias mías
¿Y qué memoria quedará de esta gestión cultural?
También se anuncia hoy que, por San Valentín, se organizará una fiesta de la Poesía junto a la glorieta de Bécquer en el Parque de María Luisa. Se aprovecha la excusa de que Bécquer nació el 17 de Febrero, para mezclar, en la “ciudad de las personas” la Poesía y el “día de los enamorados”, como de costumbre:
“el Parque se convertirá en un escenario abierto a todos los ciudadanos, quienes con sólo remitir un email con la solicitud, podrán realizar lecturas públicas de poemas u otras actuaciones relacionadas con la poesía. Paralelamente, el Parque habilitará el espacio y los recursos técnicos necesarios para un “mercadillo” de publicaciones de poesía, que será construido por los propios ciudadanos, librerías, editoriales, autores o particulares que deseen participar.”
En fin.
En este caso ya no sé distinguir entre la buena voluntad y el desconocimiento, por eso me limito a recomendar a mis generosos lectores que si son ustedes poetas o están en el trance místico de serlo, guárdense mucho de acudir al Parque de María Luisa el 14 de Febrero, piensen que en el cementerio hay muchas fosas vacías que asignar y hay que hacerlo cuanto antes para cumplir el programa y (de paso) el presupuesto....
Nota Final
A Bécquer no creo que le hubiera hecho mucha ilusión estar enterrado en San Fernando, extractamos estos párrafos del “La Venta de los Gatos”, leyenda ubicada en camposanto objeto de nuestras fúnebres pesquisas.
“En Sevilla, y en mitad del camino que se dirige al convento de San Jerónimo desde la puerta de la Macarena, hay entre otros ventorrillos célebres uno que, por el lugar en que está colocado y las circunstancias especiales que en él concurren, puede decirse que era,
si ya no lo es, el más neto y característico de todos los ventorrillos andaluces.”
[...]
“Primero comenzó a susurrarse que iban a colocar un cementerio por esta parte de San Jerónimo: unos decían que más acá, otros que más allá; y mientras todos estábamos inquietos y temerosos, temblando de que se realizase este proyecto”
[...]
Mientras esto sucedía, comenzóse a levantar el cementerio. La gente huyó de estos contornos. Se acabaron las fiestas, los cantares y la música, y se acabó toda la alegría de estos campos, como se había acabado toda la de nuestras almas
[...]
En el carro de los muertos
ha pasado por aquí;
llevaba la mano fuera,
por ella la conocí.
Como dijo en otra ocasión, “qué solos, qué solos se quedan los muertos” y aún más después de un siglo enterrados, añadiremos.
Qué claro lo tuvieron Tutankamón y el grandioso Shakespeare. Esto dice en su tumba el bardo de Stradford.
“Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito el hombre que respete estas piedras, y maldito el que remueva mis huesos."
Parafraseamos finalmente a Montesinos:
He vivido cuatro días
Tres no fueron sevillanos
No me mováis, ¡madre, mía!
domingo 1 de febrero de 2009
LA POESÍA POSTATÓMICA DE CARLOS MARTÍNEZ AGUIRRE
Carlos Martínez Aguirre (Madrid, 1974) nos ha regalado un libro de poemas extraordinario, la afirmación es literal en sus dos términos: el libro se puede descargar aquí y la colección de piezas que lo componen, por el imaginario desplegado, convocan un universo fuera de lo común, muy alejado de los escenarios uniformes de la última poesía en español.
Carlos Martínez Águirre es un filólogo clásico con una contagiosa pasión por los idiomas y un profundo conocedor de sus métodos didácticos. Acérrimo defensor de la adaptación de la pedagogía conversacional propia de las lenguas modernas a las lenguas clásicas, pertenece al conjunto de los happy few capaces de conversar en griego clásico, leer el Talmud en hebreo o disertar en latín.
Pero además, CMA es un apasionado aficionado a la informática y a las aventuras conversacionales, y también un polemista lúcido (y en ocasiones radical) lo que hace de su web http://erasmusreloaded.blogspot.com/ un festín permanente y un recurso imprescindible para estar bien informado en la galaxia blog.
Actualmente CMA es profesor de Español en un Instituto de Enseñanza Secundaria en Normandía.
Pero sobre todo, y gracias en parte a este bagaje intelectual, CMA es un gran poeta, dotado de una especial habilidad para imbricar los aspectos más felices de la imaginación y la literatura con la emoción vital. Todo ello sustentado sobre un lenguaje poético en esencia modernista y clásico.
En 1997 resultó finalista del XII premio de poesía Hiperión con la “Camarerá del Cine Doré y otros poemas”. Lo más interesante de aquel libro era el uso de la versificación explosiva de Rubén Darío en unos años marcados por la homogénea y a veces tan átona dicción de la poesía de la experiencia, pero puesta al servicio de una línea clara –con el ascendente evidente de Luis Alberto de Cuenca- en la que, además, el poeta renunciaba deliberadamente a los fuegos fatuos del numen:
¡Buen provecho, lector!
Mi libro es como un sandwich en Preciados,
listo para comersesin pensar,
de un bocado
y seguir disfrutando de la calle.
Podía leerse en la dedicatoria-prólogo de aquel libro, dedicatoria que el mismo desarrollo de los poemas, especiados con la gran tradición occidental, se encargaba de desmentir
Tal vez el amor sea solo literatura
que cambia con el tiempo. Supongo que nosotros
no amamos como Shakespeare, ni Shakespeare como Dante,
ni Dante como Safo, ni Safo como nadie.
Estoy convencido de que este desapego a lo accesorio, a las guirnaldas y las servidumbres de la poesía oficial (cada vez más inexistentes gracias a Internet), a los fuegos artificiales de los premios y las embajadas que requieren las publicaciones han propiciado este regalo que es
“Epitafio a Mr. Spock y otros poemas fantásticos”.
CMA ha declarado que le gustaría haber escrito poesía social, pero que le resulta imposible. Tras la lectura de este libro es fácil entender las razones: en una historia lírica y literaria como la española, regida por el realismo y el suprarrealismo a partes iguales, no deja de ser una provocación la proclamación descarada del triunfo elemental de la fantasía escapatoria.
Fantasía que llega a ser en sí misma una denuncia de las nuevas escalas de valores y los sistemas de vida por los que nos despeñamos, así el poema “Tusitala” es toda una declaración de principios:
Si los cuentos que oímos eran sólo palabras
de aquellos que dejaron su vida en los burdeles
hablando de aventuras, de odios y de amores.
Si las viejas historias de reinos olvidados
eran sólo cenizas de violentos monarcas
y príncipes inicuos, ciegos por la codicia.
Si todos los relatos que siempre me encantaron
de misteriosos hombres y extranjeros acentos
no eran más que el refugio de tristes perdedores:
¡Bien está! ¡Que así sea! ¡Algún día los jóvenes
alcanzarán la gloria del último triunfo
sobre la inteligencia! ¡Que sea en hora buena!
¡Yo prefiero quedarme aquí, con mis piratas,
mis náufragos perdidos, mis reyes sanguinarios,
con todos sus anhelos de ambición y miseria!
El día en que estos mueran sólo pido a los dioses
que mis huesos se sequen en el mismo sepulcro
en que se pudran ellos y sus sueños.
En esta colección de poemas CMA lleva a cabo una apropiación de los mitos contemporáneos para hablar de los temas de siempre con un lenguaje deliberadamente poético porque no se avergüenza de serlo. Y así, bajo la sombra tutelar de Rubén Darío, pero también de Manuel Machado, (y sin dejar atrás otras poéticas más “actualizadas”, véase el poema fragmentarista dedicado a “Los Watchmen”), el autor se recrea en un universo literario en el que prima la visión utópica de un mundo que es un perfeccionamiento de las visiones infantiles y adolescentes (los comics, la ciencia ficción, las series de televisión), y que, en sus momentos mejores, destila una belleza serena, con cierto aliento trascendente, como en el poema “Cuando en lo alto...”
Cuando en lo alto
no existían aún las dimensiones
ni el espacio, ni el tiempo,
en el Primer Instante,
los dioses se agolparon, sorprendidos,
sobre el súbito aroma del hidrógeno.
La llegada de aquello
anunciaba el comienzo del ocaso.
Poesía, al fin, optimista, que proclama una indudable fe en el poder de la literatura, en su combinación de tiempos y espacios para construir un mundo mejor.
Ven conmigo al país de todas las ciudades.
Tomaremos las plumas de dos aves de paso
y así conseguiremos sellar los pasaportes
sin responder preguntas completamente absurdas
(de “Viaje al País de todas las Ciudades")
o
“queda roto en el alma de la ciudad
que con mirada olímpica de diosa antigua
alza su llama y dice: ¡perseverad!”
(de “Nickel Odeon)
Ahora que los cuasi manifiestos de la llamada postpoesía, tan de moda en los suplementos culturales, hacen uso y abuso de la estética digital para hundirse en naderías insustanciales, Carlos Martínez Aguirre anuncia una poesía postatómica, anclada en la gran literatura, trascendente e intranscendente al mismo tiempo.
Somos el universo que se piensa a sí mismo,
como un viejo marino que busca el septentrión.
Que mis versos no sean un grito en el abismo
sino el rayo de un láser orientado hacia Orión.
(de “Poética Postatómica”)
Las variaciones sobre estos presupuestos estéticos, lejos de estar agotadas, nos siguen deparando, como en el caso que nos ocupa, excelentes resultados poéticos.
martes 20 de enero de 2009
Lincoln vs Obama
Más allá de las circunstancias geopolíticas, de las ideologías, de las ilusiones, el hecho de que Obama tome hoy posesión del Imperio en el Capitolio, a la manera de los Césares, es sin duda un hito deslumbrante de esta trama. Y una portentosa muestra de la capacidad de reinventarse del pueblo norteamericano (excluidos México y Canadá).
Quiero recordar lo que en mi "Obra en Marcha" EL LECTOR DE ALMANAQUES escribí acerca de esta fecha, compruebo -permítanme la petulancia- su asombrosa actualidad y, al mismo tiempo, su reciente antigüedad.
Lincoln decreta la abolición de la esclavitud.
Hablé contigo en el Oráculo de Washington, bajo el friso zodiacal de los Estados y sus potentes columnas, donde tu memoria se conserva para siempre. Me ofreciste tu chistera y el hacha del leñador para romper las cadenas de los negros -I have a dream-, de los negros que encienden hogueras en las esquinas del capitalismo, de los negros que juegan al basket en las canchas con perfume de crack o soplan trompetas de latón en los antros de Harlem. ¡Oh Capitán, mi Capitán! No fueron suficientes tus barbas patriarcales, viejo Abe, para liberar el músculo africano y por eso el teatro y la bala –sic semper tiranus-. Las tierras del algodón, las plantaciones de Georgia y de Alabama –Norma y Paraíso de los negros- son holladas por máquinas bursátiles, enormes cosechadoras industriales que vienen de Detroit como tanques de guerra. Gracias, Capitán, el intento fue noble, me voy, regreso a Dixie, con mi casaca gris y mi petaca, cabalgo con John Wayne hacia el Oeste al destierro con doce de los suyos, sangre, sudor y hierro. Far away, lejos, muy lejos del Viejo Sur, de esta civilización rural de caballeros españoles y mansiones que el viento se ha llevado.
Queda mucho por hacer, son muchas las formas de esclavitud a las que en todo el globo está sometido el hombre y que me temo escapan a la acción de un César.
Pero, sin embargo, es él quien más puede hacer, es él quien más debe hacer.
Y esta poderosa confianza en el individuo no deja de ser fascinante, porque si nos la aplicáramos cada uno en nuestro desempeño diario, hace tiempo que no habría ninguna esclavitud, ninguna injusticia social, como decíamos ayer.
En su forma original la entrada se puede leer aquí.
domingo 18 de enero de 2009
Probablemente
Eso sí, yo me bajo en la próxima, porque probablemente no exista el autobús.
miércoles 14 de enero de 2009
Frío. Cambio y Corto.
sábado 3 de enero de 2009
Una Europa cómplice
Durante la tregua cristiana de la Navidad el Estado de Israel ha perpetrado una matanza desproporcionada e indiscriminada que culmina esta noche con la invasión de Gaza.
Ambas acciones son desafíos lanzados al gran tablero del mundo aprovechando el presunto vacío de poder que conlleva el relevo presidencial en los Estados Unidos.
Y Europa calla.
Un silencio culpable y cobarde.
Luis Cernuda en un poema memorable sobre Mozart dijo:
“...Mozart
Es la gloria de Europa , el ejemplo más alto
De la Gloria del Mundo, porque Europa es el mundo”
Pero, ¿no era la música de Mozart, tan pura, tan cristalina, la que sonaba en los pianos de los rubios niños arios cuando en la noche turbia aullaban los trenes blindados rumbo a las sentinas de los campos de concentración?
¿Todavía es este tu complejo, Europa?
Durante ochenta años dejaste que el tirano soviético soplase en tu nuca, como ahora otra vez en Ucrania y Georgia.
Durante diez años sacaste brillo a las esvásticas y durante otros cincuenta a las ojivas nucleares, a los teledirigidos misiles de la gran noche americana.
Durante cien años has pulido las pistolas de todos los nacionalismos.
Durante cinco años amontonaron metralla en tus Balcanes.
Llevas treinta años afilando los cañones del terrorismo etarra...
Has abandonado África, tu antigua despensa de dátiles y caucho.
Y tiemblas asustada en tus periódicos ante los ídolos oscuros que llenan de metales la tripa de tus trenes.
¿De quién era la caricatura?
¡Basta ya!
Has vendido tu antigua y caudalosa fuerza moral, científica y cristiana, republicana y pura, la que vio a tus hijos morir en los campos de batalla por causas verdaderas y elevar los cantos más perfectos, las más sublimes formas del arte y el pensamiento, al mejor postor en todas las subastas financieras y multiculturales.
La vaca Europa es un becerro de oro ungido con sangre, ahíto y complaciente, incapaz de sufrir.
Sólo sabes, Europa, orquestar manifestaciones, promover comisiones, lanzar cortinas de humo y burocracia. La (c)omisión no es el peor de tus delitos.
Tus hijos se reparten tus causas prostibularias, tu colección de cómplices medallas e ideologías: porque no piden la Paz o la Democracia para el mundo, sino para su parte del mundo, para su Palestina, su Tíbet, su China, su Cuba, su Iraq, su Colombia, su Israel, su Venezuela, su Chernobil, su Congo Belga...
Porque no es cierto que en Palestina, como dicen algunos hipócritas voceros en sus ondas ¿conservadoras? se dirima la lucha contra el terrorismo islamista. Más bien al contrario, este conflicto no es sino la consagración del terrorismo para la consecución efectiva de fines políticos.
¿No se acuerda ya nadie que en Julio de 1946 los patriarcas de Israel volaron el Hotel Rey David de Jerusalén y tras un rastro de 96 muertos Gran Bretaña y Francia -El Imperio, la Luz, Europa- abandonaron Oriente Medio, legitimando la lucha armada para siempre?
Como no es cierta tan poco la hipócrita algarada de los medios ¿progresistas?, ni la siempre inútil y abstrusa alianza de incivilizaciones, porque con el sátrapa y el tirano, el adorador de los oscuros ídolos del odio, no puede haber nunca concordia sin claudicación.
¿No se acuerda ya nadie de cómo en los 50 y 60 Francia y el Reino Unido fueron “liberando” a su suerte al Vietnam, Argelia, Somalia, el Congo, Costa de Marfil, Iraq, el Yemen, los Emiratos Árabes, el suma y sigue de todos los conflictos actuales bajo el pretexto de la fraternidad universal auspiciada por la ON¿U?-?
Esta división y manipulación, esta confrontación y debilidad moral es la que alimenta al monstruo, el que esta noche se está afilando los colmillos en los desfiladeros insondables de Afganistán, de Wall-Street y de la Plaza Roja de Moscú.
Que retumbe esta noche el Réquiem de Mozart, por el alma de los que ahora están muriendo en Gaza.
Por el alma de Europa condenada.
viernes 2 de enero de 2009
Año Nuevo
Concierto de Año Nuevo
El perfume escarchado del jacinto,
rama de los jardines invernales,
se derrama radiante sobre el plinto
constelado de azules vegetales.
Terciopelos dorados de corinto
anuncian bagatelas musicales.
El sol de esta mañana no es distinto,
son los mismos los valses imperiales.
Pero ya eres más viejo y se te nota
el cansancio inducido por los rubios
licores que la noche, gota a gota,
impregnaron con mágicos efluvios.
(El prístino violín de dulce nota
ha colmado de pena tus Danubios).
domingo 21 de diciembre de 2008
Defensa de la Poesía
sábado 6 de diciembre de 2008
domingo 30 de noviembre de 2008
¡Tengan cuidado ahí fuera!
domingo 23 de noviembre de 2008
Mickey Faust
Puto ratón hiperactivo, me habré muerto y todavía seguirá sonriendo, con sus guantes blancos y sus calzones rojos, con sus orejas inmensas y abracadabrantes: “¡Hola, soy Mickey!” Si será hipócrita...
domingo 16 de noviembre de 2008
Réquiem por "Baby P"
viernes 14 de noviembre de 2008
Proverbial Obama
"O tempora, Obama"
(Cicerón, del Partido Republicano)
"In dubio pro Obama"
(Jueces Latinos por la Democracia)
"Obama y haz lo que quieras"
(San Agustín del Magreb)
"No te preguntes lo que Obama puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por Obama"
(J.F. Kennedy, Ex-Presidente de Camelot)
"Obama no juega a los dados"
(Albert Einstein, Analista Político)
"Sólo sé que no sé Obama"
(Sócrates, Predicador Protestante)
"Lo que no me Obama, me hace más fuerte"
(Nietzsche, Ex-superhombre)
"Obama, más Obama"
(Goethe, Lucero Alemán)
"Obama es el opio del pueblo"
(Marx Primero)
"Estos son mis principios. Si no le gustan tengo a Obama".
(Marx Segundo)
"Yo soy el Alfa y la Obama"
(Autor desconocido, mas Autor)
"Nada de lo Obama me es ajeno"
(Terencio el Africano (sic))
"Yo soy yo y mis Obamas"
(Ortega y Gasset, Pensadores Sendos)
"Si consigo ver más lejos es porque he conseguido auparme a hombros de Obamas"
(Newton, Padre Peregrino)
"Obama, ¿Obama, para qué?"
(Lenin, Libertario Soviético)
"Obama omnia divisa in partes tres"
(Julio César, Invasor Divisor)
"Lo bueno si breve, dos veces Obama"
(Baltasar Gracián, Profeta del segundo Mandato)
"El Obama que ves, no es Obama porque lo veas, es Obama porque te ve"
(Antonio Machado, Oculista Político)
"El ejercicio del gobierno no es razón ni elocuencia, sino fuerza. Como el fuego, es un servidor peligroso y un temible señor. Nunca debe dejarse en manos de una acción irresponsable ."
(George Washington, Primer Presidente de los Estados Unidos)
Y esto es lo que hay, ¡ay!
jueves 30 de octubre de 2008
Un cuento ruso de invierno
-Y díganme, queridos, ¿es cierto que en sus países siempre hace sol y que muchos de sus súbditos no conocen la nieve?- en las mejillas encendidas de la joven habían florecido dos rosas de color púrpura y sus ojos azules eran limpios como el cielo del Mediodía.
-Alteza, es usted tan joven, tan... -el el embajador de Italia hizo un gesto gracioso rizando su mano en el aire y sin encontrar la palabra adecuada, prosiguió- A mí no me incomoda su frío, encuentro este clima suyo reconfortante, vigoriza el espíritu y atempera las pasiones. Además, tengo un remedio infalible para cuando se me congela el corazón: me basta con cortar un limón, aunque sea un limón escarchado, y aspirar su perfume, que es el de mi país y el de mi juventud. Albahaca, limón, un laúd, una romanza, ¡el primer sorbo de Valpolicella! – él la miraba muy fijamente y, al tiempo, se atusaba el imponente mostacho. Pese a su estudiada afectación sabía melancólicamente que había cruzado el umbral en que las jóvenes sólo lo consideraban como a un entrañable abuelo.
-El limón, el limón es demasiado agrio ¿no le parece?... Hay una bandeja de limones junto a las fuentes de té, puede llevarse a su residencia todos los limones que quiera... ¿Y qué dice nuestro venerable cónsul de Grecia?
-Usted se ríe de mí sin duda al hacerme mayor de lo que soy, pero la entiendo bien, después de todo profesamos la misma religión, es cierto que aquí no hay sol, pero en cualquiera de sus miles de iglesias, bajo las cúpulas doradas de madera y nieve, están los iconos de mi patria. Los finos cirios naranjas, el incienso, las casullas bordadas, los cantos litúrgicos y angelicales... A veces me parece que a la salida de una de sus interminables misas me espera un borrico que me bajará hasta la playa, a través de breñas y rocas blancas y ardientes hasta el azul donde se bañan desnudos los dioses...
-¿Y las diosas? ¿Acaso no se bañan desnudas las diosas?... Le felicito por su fe, en este palacio, sin embargo, no va a encontrar usted demasiado recogimiento, ni tampoco muchos cuadros piadosos, aunque, para su consuelo, abundan como usted sabe airoso mozos uniformados...-y mientras lo decía sonreía al joven agregado militar español que esperaba, ansioso, el momento de poder dirigirse a la joven princesa.
Le hubiera querido decir que en España, bajo el sol rabioso del sur, hay hombres que caminan con un cuchillo en el corazón y que saben templar la guitarra, hombres rudos que le rezan a vírgenes de oro con la cara de niña, hombres que se juegan la vida frente al toro por mujeres como ella y que doman caballos, hombres que... Le hubiera dicho que en las noches de verano, la música incesante de los fandangos desborda las calles de Madrid y que bajo la luz de la luna las gitanas leen la buenaventura y que...
Sin embargo, como el aire de un abanico o un inesperado rayo de luz, su traje de muselina blanca desapareció radiante entre los uniformes de gala,
-Me tendrán que disculpar, ¡ahí están los músicos!
Al agregado español le parecieron de repente del todo punto ridículo sus alegres fantasías y sin embargo, ¿qué ocupación mejor podía haber en San Petersburgo para un joven del cuerpo diplomático que cortejar a las lánguidas, dolientes y dulces princesas rusas? Llevaba tantos meses aburriéndose y hacía tanto frío...
Las cuerdas atacaban frenéticamente la partitura y el aire de las estancias se cargó aún más. A través de las ventanas ya sólo se divisaban muy remotas luces de gas, imprevistos reflejos del hielo sobre las aguas negras e insondables.
Pero un lejano aroma de incienso y de limones todavía flotaba.
jueves 23 de octubre de 2008
Politono español
Claro, que don Miguel lo decía porque le dolía España y creía en el espíritu de la raza, el Sepulcro de Don Quijote, los místicos españoles y todos esos asuntos de verdadera importancia y que, visto el siglo desgraciado que llevamos, sólo nos han servido para ser derrotados por los USA en todos los mares, ganar un par de campeonatos de fútbol europeo y entronizar al Real Madrid. Poco más.
Lo peor es que esta clase de ignorancia que nace de la división de Ciencias y Letras se exhibe alegremente por los agentes de uno y otro bando. No es extraño ver a sesudos hombres de letras despreciar la tecnología de la que más pronto que tarde hacen uso, no es infrecuente la alergia a las bellas artes de algunos científicos o ingenieros. Aquellas personas interesadas, en profundidad, por el Trivium y el Quadrivium no dejan de ser heterodoxos.
Pero (sin necesidad de apelar a Menéndez Pelayo) la historia de nuestra cultura, la hispánica, es la historia de los heterodoxos, de los solitarios, de las tristes figuras que cabalgan sin oír las carcajadas ibéricas y sardónicas.
Como todas las tragedias bárbaras esta escisión profunda tiene sus efectos colaterales como son la Música, la Filosofía o la Enseñanza de Idiomas, trincheras en tierra de nadie, donde nuestro retraso se mide por edades geológicas.
Por otro lado forma parte de los deportes patrios el admirarnos de las andanzas de nuestros heterodoxos por estos mundos de Dios, ¿sabían ustedes, por ejemplo, que la melodía que más veces suena en el mundo diariamente y la que más ha sonado jamás la compuso un español de Villareal?
Hablo de Francisco Tárrega (1852-1909), el valedor de la guitarra española, precursor de Andrés Segovia o Narciso Yepes, autor de composiciones inolvidables como “Los Recuerdos de la Alhambra” o la “Danza Mora” que necesariamente pulsan las cuerdas de nuestros corazones.
La compañía Nokia, líder mundial en la venta y distribución de esa revolución tecnológica que ha sido y es la telefonía móvil, eligió como tono predefinido en sus teléfonos un fragmento de su “Gran Vals”, que necesariamente todos sabemos tararear, pues es como el himno oficial de esta telepatía radiante. El Nokia Tune.
Lo que no hubiera podido ganar este hombre con la ayuda de la SGAE.
¿Sorprendente?
No, lejos de admirarnos la expansión universal del politono nacional, que nos debería parecer natural, lo que debería hacernos reflexionar es que nuestros teléfonos se piensen y diseñen en Filandia.
Esto es lo raro, que hayan inventado ellos, los habitantes de las taigas cenagosas y los bosques oscuros y brumosos.
No tenemos excusa.
viernes 17 de octubre de 2008
Los vendimiadores
Es otoño, la hora de los vendimiadores, y no van a dejar sin exprimir ni una gota de zumo.
martes 14 de octubre de 2008
Grandes de España
sábado 27 de septiembre de 2008
Las faltas consentidas
jueves 25 de septiembre de 2008
Los muertos digitales
¡Ah, las tentaciones fáusticas! Vanidad de vanidades: nuestro rastro digital es tan inmortal como las tablas cuneiformes resueltas en arena o la ceniza de los pergaminos, tecnologías que deslumbraron a sus incautos fiadores, porque la oruga del tiempo es lenta, pero infatigable, y no quedará un solo bit sin dentellada. Aunque yo prometo responder el teléfono desde el transmundo y atender sus amables comentarios, confío en que esta columna no se quede sin fantasma, en sus dos acepciones. ¿Quién sabe si no estoy ya allí ni que cosa sea ese allí?
sábado 20 de septiembre de 2008
La opinión de un mandarín
No corren vientos buenos para la tauromaquia en el ámbito del pensamiento, aunque sí prospera cierta glorificación del deporte sin que por ello los Epinicios de Píndaro -sus Olímpicas- hayan batido tampoco ningún record de ventas, incluso pese a la magnífica y postmoderna relectura de Juan Antonio González-Iglesias (“Olímpicas”, El Gaviero Ediciones, 2005).
Estos contrastes entre el deporte y el toreo, sin embargo, me han traído a la memoria la reflexión de Ernest Gombrich, citada por Guillermo Carnero en la poética que presentó en la Fundación Juan March en Septiembre del 2004–accesible en audio y versión imprimible en Internet- según la cual los cónsules del Imperio Británico quisieron agasajar a un Mandarín de la China ofreciéndole un partido de tenis en la embajada británica, al término del cual, hizo el siguiente comentario: “suponiendo que exista alguna oscura razón que no acierto a imaginar para llevar esa pelota de un lado a otro, no comprendo cómo actividad tan irrelevante no se encomienda a los criados”. Estamos convencidos de que el “milenario” Mandarín no hubiera manifestado la misma opinión si hubiera presenciado la lidia de un toro bravo, actividad cuya nobleza podríamos argumentar con cien razones y que en ningún caso podría ser tildada de irrelevante porque incorpora, como mínimo, la trascendencia de una muerte posible. Y decimos que podríamos argumentarlo, pero que preferimos no hacerlo porque en estos tiempos de postmodernidad hemos de conservar algunos aprioris, la fuerza bruta de una razón no explicable, la opinión de un mandarín imaginario favorable a nuestras aficiones mientras por las gradas sube Rafael Nadal con toda la raqueta a cuestas y yo cierro, con media verónica, pero sin cargar la suerte, esta columna a plaza partida entre dos blogs.
viernes 19 de septiembre de 2008
Nulla dies sine linea
jueves 18 de septiembre de 2008
Una voz
Para mi hermana Ángela que vio conmigo la película (y sonreía).
¿De dónde nace esta voz de cristal? No es el oscuro
martinete de la muerte, ni el son brumoso y triste
de los puertos de ultramar, no está cegada por el
humo sofocante del tabaco, ni la acompaña el
contrabajo sucio de los últimos barrios. Tampoco
viene de las altas esferas, cabalgando en violines
o exactos pentagramas, ni es una vieja tonada
popular escrita en la sangre de algún pueblo
oprimido. Esta voz lleva la transparencia del agua,
el perfume limpio de la pura alegría, sólo puede ser
joven, sólo puede ser bella, las cuerdas que afinan
la música que canta son el arpa de la musa más
tierna, tan bella e inocente, tan luminosa y virgen,
como el rayo primero o la prístina flor. Es un
manantial que no se agota nunca y que nunca
nos sacia, clavada al corazón. Es música de ángeles,
es música de Ángelas, y no se quién la canta,
pero quedó temblando como un fino cuchillo que
invitara a cortar las amarras del mundo que cada
día nos hiere y emprender el viaje a una isla
perdida en mitad del Egeo donde no haya la muerte.
Mamma Mia.
miércoles 17 de septiembre de 2008
Las taifas de la Cultura
martes 16 de septiembre de 2008
Darwin perdonado
lunes 15 de septiembre de 2008
En el nombre del blog
Titular un blog es más difícil que titular un libro, un poema o una caseta de la feria, ya que por su vocación de apunte diario deben resumir, cual aforismo o lema, la personalidad, gustos e intenciones del autor y ser fáciles de recordar. La trama de la vida. Mi trama (como la de todos) está tejida con innumerables hilos fallidos, por eso me he entretenido en hacer un listado de los blogs que nunca escribiré, un catálogo de mis imaginaciones que pongo, nuevamente, a disposición de la comunidad. Si alguien se anima a tomar prestado estos títulos le agradeceré que escriba, por mí, las vidas que no viviré.
El cónclave lógico, blog de Teología y Matemáticas.
La pecera de Kant, blog de Filosofía y Piscicultura.
El hipopótamo a las tres, blog de gastronomía.
La seda de la ruta, blog de viajes muy lejanos.
El Napoleón industrial, blog de Management.
El Valle de la Muerte, blog de películas del Far-West y del pensamiento existencial en general.
El San Marcos del león, blog de repostería, panadería y poesía novísima.
La Generación del 27, blog de novela negra y misterio.
Los peones atroces, blog de finales de ajedrez, albañilería, misterio y crimen.
Los alfiles crueles, blog de ajedrez, aperturas abiertas y management
La hora del caballo, blog de ajedrez, aperturas cerradas, películas del Far-West y toxicología.
La Transilvania feliz, blog de viajes a Europa del Este y poesía de la Generación del 27.
Otros toros rotos, blog de Tauromaquia y Alfarería
Los c-alamares del día, blog de Tauromaquia y Piscicultura
Cuernos para todos, blog de Management, Tauromaquia y Psicología.
La verbena de la valquiria, blog de ópera y zarzuela.
La valquiria de la verbena, blog erótico-festivo de turismo interior.
Los enanos milenarios, blog dedicado al cultivo de bonsáis y a la Generación del 27.
Sin Espacio, blog dedicado a la obra de JRJ
Los taxis aparcados, blog dedicado a la poesía de la experiencia.
domingo 14 de septiembre de 2008
No es país para viejos
Picasso (1881-1973) también vivió 92 años, atravesó vivo todas las guerras pictóricas, gigante y proteico, sus últimos autorretratos tienen los alucinados ojos de un planeta antiguo.
Goethe (1749-1832) cuando moría a los 83 pedía más luz, pero él había sido la antorcha prometeica de Europa y todavía lo es.
Miguel Ángel (1475-1564) esculpió la Piedad de Florencia -en la que María es el propio escultor, arquitecto y poeta que recoge en sus brazos al hijo del mármol y del hombre- con más de 70 años, 50 años después de labrar la dulce Piedad del Vaticano. Moría a los 89, mientras la Cúpula de San Pedro se alzaba luminosa sobre el mundo, según sus planos.
A Tiziano (1476-1576) sólo se lo pudo llevar la Peste Negra. Hasta los casi 100 años pintó los techos, los cielos de Venecia, Vasari en sus “Vidas” dice que “aunque era muy viejo, lo encontré con los pinceles en la mano” .
¿Cómo mirarían la vida estos titanes en el abismo inalcanzable de la muerte? Las obras de todas sus juventudes fueron hermosas, pero qué profundidad, qué hondura, qué conocimiento no hay en las obras que diseñaron cuando el tiempo parecía que se hubiera olvidado de cumplir su parte.
Frente a estas pirámides, ¿qué fue la vida de tantos genios breves: Mozart (1756-1791) 35, Rafael Sanzio (1483-1520) 37, Keats (1795-1821) 26, Shelley (1792-1822) 30? Todos dejaron una obra abundante y madura, prodigiosa, y, sin embargo, apenas vivieron menos de la mitad de los otros gigantes.
Pasaron como cometas, como luciérnagas, como breves bengalas que nunca pudieron, pese a todo, conocer los misterios hondos de la vida y sin embargo ¡cómo está toda en su obra revelada!
Y mientras, ¿en qué perdemos nosotros el tiempo?
En su “Viaje a Bizancio”, dice el poeta irlandés Yeats
That is no country for old men.
The youngIn one another's arms, birds in the trees--
Those dying generations -- at their song,
The salmon-falls, the mackerel-crowded seas,
Fish, flesh, or fowl, commend all summer long
Whatever is begotten, born, and dies.
Caught in that sensual music all neglect
Monuments of unageing intellect.
Que, en traducción de Antonio Rivero Taravillo es:
No es un país para ancianos. Los jóvenes
se abrazan, hay pájaros en los árboles
–generaciones que mueren– cantando,
cascadas de salmones y mares de caballas,
peces, aves y carne que en verano celebran
cuanto ha sido engendrado, nace y muere.
Cautivos de esa música sensual todos olvidan
monumentos de perenne intelecto.
No, la vida no es un país para viejos, sino un viaje a Bizancio para quienes, jóvenes o mayores, no abandonan nunca las aspiraciones eternas, la permanente curiosidad del día que se abrirá o no.
Y mientras tanto, ¿en qué perdemos nosotros el tiempo?
sábado 13 de septiembre de 2008
Bibelots
y frío, como un verso de Rubén, que
me procura una alegría modernista.
Una figurilla de plomo del Emperador,
de cuando estuvimos con él, pólvora
y cañones, bajo el sol de Austerlitz.
Un Corán comprado en la Medina
de Tetuán, una noche que fueron mil
y una, bajo el toldo estrellado del Oriente.
El León de San Marcos, bronce verde
sobre el negro canal de la memoria,
señalándome el Cielo.
Una tropa de vikingos mellados
que hacen guardia conmigo desde
que cumplí seis años.
Un cristal de amatista, un cubo de
pirita y una estalactita del Centro
de la Tierra.
El busto de Beethoven, grave,
escuchando los sonidos interiores
del tiempo.
Una moneda soviética que me
regaló Ana Ajmatova con un verso
escrito a su través.
Algunas carabelas y veleros con la
proa rumbo a los mares del sueño
y los mares del sur.
Un globo terráqueo, azul, que ya
no gira, atenazado por los sargazos
y surcado por aves migratorias.
Algunos dinosaurios que asoman su cabeza
por detrás de los libros y que estaban ahí,
antes de Monterroso.
Un trilobites del fondo de los mares ¿qué
cataclismos dieron su lisa textura de
superviviente geológico?
Una Maestranza de cerámica para recordarme
que en esta ciudad hay un palacio que me
aguarda todas las primaveras.
Un nazareno de barro, lo que quedará
de mí.
Bibelots, figurillas, alambradas de los libros,
pecios de la vida que alguien, algún día,
meterá en una caja, como nuestras cenizas,
y seguirán dando tumbos por el mundo.
viernes 12 de septiembre de 2008
Las dos alas del poeta
A los 27 años fue condenado al exilio en Calabria por hallarse en posesión de cartas de las que no era el destinatario. Nunca delató a la “mujer de la voz ronca”, a la activa militante comunista de la que estaba enamorado y a quien encontró casada cuando cumplió su pena de tres años.
Fue la primera traición moral que recibió de la vida.
Durante la Segunda Guerra Mundial no intervino, por asmático, y su “mala conciencia” lo hizo afiliarse al Partido Comunista Italiano.
Era, otra vez, una postura moral que el tiempo ha demostrado equivocada, aunque esta es otra historia.
Lo que importa es la coherencia de Pavese a quien la náusea de la existencia le fue haciendo imposible la vida, mientras traducía a los mejores escritores norteamericanos del siglo y escribía “El Bello Verano”.
En la desesperación de su final (que para tantos otros escritores sólo ha sido una rentable pose) antes de la noche del suicidio, de la agonía de los somníferos, Pavese escribió el estremecedor poema que empieza
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi
(Vendrá la muerte y tendrá tus ojos)
Este verso, aislado, no se puede leer sin sentir un desgarro súbito en el alma.
El verdadero poeta descubre en las palabras la emoción y el sonido que ya están enterrados en el corazón de la especie y cuando alzan el canto producen un temblor, un fuego repentino, una llama deslumbrante que ahoga el resto de ecos, de fuegos fatuos, de falsas luminarias. Es un resplandor que anuncia lo que ya existía, lo que ya se conocía, pero no se había “dicho”.
Muchos son los llamados y muy pocos los escogidos; como se decía en el Imperio: cada año se eligen dos cónsules pero cada generación sólo nace un poeta.
Quiero hablar de otro poeta verdadero, de la misma generación, que también destruyó su vida, en este caso por alcoholismo: Dylan Thomas (1914-1953) murió a los 39 años víctima de un derrame cerebral consecuencia de sus excesos etílicos. Como Pavese tampoco participó en la Guerra que partió por la mitad el siglo y la historia, se alistó voluntario, pero no fue admitido por problemas de salud y, desde la radio, su voz tonante clamó, por la poesía.
La poesía de Dylan Thomas convoca una épica de imágenes, de símbolos a veces surrealistas que son, al tiempo, un himno celebratorio de la vida que iba apurando vaso a vaso por el “don de la ebriedad”. No erraríamos al colocar su obra en paralelo a la del llorado Claudio Rodríguez.
Porque su canto no es trágico, hay en su poesía una belleza de extrañas imágenes siempre vestidas de esperanza y luz, a él pertenece este verso que tampoco puede leerse sin sentir un súbito desgarro:
And death shall have no dominion.
(Y la muerte no tendrá señorío)
Frente al cuchillo helado de Pavese, aquí, sin embargo, no triunfa la guadaña. Hay una letanía que declara nuestra pervivencia.
Al poeta siempre lo acompaña la muerte, como a todos los hombres, pero de forma más intensa, porque la muerte es el único tema de la poesía, el resumen del tiempo, de la belleza, del amor.
Los dos versos transcritos, tan sencillos y tan contundentes, son las dos alas del poeta, la que asciende y la que hunde. Esta es la grandeza de la palabra, por más que se haya dicho de la muerte en 30 siglos, todavía había qué decir, en dos versos sencillos, del gran misterio humano.
El escritor clásico que fue Pavese y el excéntrico Dylan cayeron fulminados por el rayo de su demonio, pero, como poetas verdaderos, con estos dos versos, con estas dos gigantes alas nos salvan a todos.
Ya lo avisaba Baudelaire:
El poeta es semejante al señor de las nubes
que vive en la tormenta y se ríe del arquero;
exiliado en el suelo, abucheado por todos,
sus alas de gigante le impiden caminar.
Mejor no ser poeta, pero que nunca falte la Poesía.
El ala fúnebre de Cesare Pavese, el ala ebria de Dylan Thomas.
jueves 11 de septiembre de 2008
Y para qué los datos
cada vez más, conocimiento. Información
y conocimiento (técnica y sabiduría) antes
podían (con sentido) confundirse. Ya no.
Desde cualquier publicación electrónica
con un simple click podemos verificar
cualquier dato o ampliarlo. Ya no tiene
sentido ser riguroso, que lo sean nuestros
lectores, si les apetece. Que los escritos
se nutran de conocimiento, de alma, de
sonido, cual un magma en que pueden flotar
los datos, verdaderos o no, como material
de acarreo. La curiosidad está al alcance
de cualquiera y ya no dice nada. Usemos
los datos a voluntad para decir lo que
queramos, aunque sean falsos, siempre
habrá un cortocircuito en la web que los
haga verdaderos. Que importe más el para
qué lo decimos y el cómo lo decimos que
lo que decimos. Cualquiera lo puede
buscar todo en Google y saberlo todo es
ignorarlo todo. Y para qué los datos.
Hay que hacerse indiferente a la información,
como al dinero, para alcanzar la plenitud
del conocimiento y evitar la destrucción
a la que llevan la abundancia del "copiar y pegar".
miércoles 10 de septiembre de 2008
El Aleph acelerado
muerte de su amada Beatriz Viterbo es el principio
de una serie infinita de cambios cuya incontrolable
corriente abarca el universo en su totalidad:
“comprendí que el incesante y vasto universo ya
se apartaba de ella y que ese cambio era el primero
de una serie infinita”
¿Qué acción, qué movimiento, qué pensamiento
no pueden desencadenar una secuencia de acciones
y causas enlazadas que den como resultado un
cambio absoluto en el Cosmos?
La puesta en marcha del acelerador de hadrones
ha renovado estos temores. La Física de Partículas
es inquietante, la Mecánica Cuántica cuestiona los
más razonados corpus filosóficos y abre puertas
microscópicas a universos paralelos y simultáneos.
En la vida práctica siguen rigiendo, sin embargo,
las leyes inmutables de la física newtoniana o relativista,
según el fenómeno que queramos explicar. En esto
la ciencia tiene no poco de religión: para analizar el
comportamiento de un fotón a veces lo consideramos
una partícula con masa, a veces una onda de luz.
Ambas suposiciones, excluyentes entre sí, son sin
embargo válidas para diseñar, por ejemplo, la
apertura automática de una puerta o una cámara
de vídeo.
La Ciencia se fundamenta a veces en pilares “mistéricos”
no menos incomprensibles que la Santísima Trinidad:
la dualidad onda-corpúsculo en este caso.
Es curioso que, excepción hecha de los físicos teóricos,
pocas veces se cuestionen los axiomas que constituyen
la base de nuestro progreso, inspirado todavía más en
la praxis, en el ensayo y el error, que en el conocimiento
verdadero.
La clave para explicar la dualidad onda-corpúsculo
parece que está en el Bolsón de Higgs que es la particulita
que van a empezar a rastrear en el acelerador
de hadrones, donde, como si dijéramos, van a radiografiar
las canicas de Dios, con sus pequeños y monstruosos
“Big-Bangs”.
Entre las consecuencias improbables que puede
tener el choque de partículas se enumeran: la creación
de un agujero negro, la creación de materia masiva, la
creación de monopolos magnéticos, la activación de un
vacío cuántico.
Todas estas tragedias, si lo fueran, las podría desencadenar,
igualmente, un estornudo. Una maceta mal anclada
puede ser, en un momento dado, el fin del universo
fenomenológico para alguien desafortunado.
¿Por qué preocuparse?
A mí, en cambio, me hace ilusión la posibilidad de que
el acelerador de hadrones genere un Aleph porque
creo que el conocimiento poético se adelanta siempre
al conocimiento científico:
“un Aleph –dice Borges- es uno de los puntos del
espacio que contienen todos los puntos”(...)si todos
los lugares de la Tierra están en el Aleph, ahí estarán
todas las luminarias, todas las lámparas, todos los
veneros de luz”
Esto es, las maravillosas explosiones microscópicas
que van a tener en el gigantesco toroide, los “fiat lux”,
van a generar embriones de universos, cosmos paralelos,
mínimas fuentes que irradien una visión absoluta de
lo venido y lo por venir.
Alephs. Innumerables Alephs.
Tengo la esperanza de asomarme a uno de estos
abismos diminutos donde todo se contempla al mismo
tiempo y, entre otros millones de cosas más interesantes,
verme otra vez a mí mismo redactando estas líneas
de las que Borges advierte al principio de “El Aleph”.
martes 9 de septiembre de 2008
Ópera Pop Corn
transformación más prodigiosa y repentina que la
del grano de maíz vuelto en súbita y áerea palomita.
Pienso en el indio que sobre la piedra de obsidiana,
bajo el fuego talar de los volcanes vio convertirse el maíz
en blanca espuma y me quedo tan ancho, según lo digo,
como lo harían Octavio Paz o Pablo Neruda, a quienes
iba remedando en la frase según perdía el hilo.
No perdamos el hilo.
El consumo de maiz explotado en cantidades industriales
nos aleja del milagro, su brillo de grasa americana, su sal
enharinada, les restan popularidad pública, nunca privada.
Las personas felices comemos muchas palomitas. Antes de
que alguien dé aviso de mi alienación añadiré que las
personas felices también bebemos mucha coca-cola.
Coca-cola y palomitas eran, hasta el lunes pasado, los únicos
alicientes por los que me pierdo en los multicines cada fin de
semana: me da igual lo que pongan, con tal de que haya
explosiones y efectos especiales. Y coca-cola y palomitas.
Otros pierden el tiempo en el fútbol.
Yo lo pierdo en el cine viendo películas a veces malas, a
veces buenas.
También lo gano o lo pierdo en las plazas de toros,
pero esto nos llevaría mucho tiempo y no quiero perder
otra vez el hilo.
En las plazas, coñac y tabaco. Aunque ni fumo ni bebo.
El lunes pasado he visto en mi multicine favorito una
noche en la ópera. No, no era la película de los Hermanos
Marx. Desde el Covent Garden de Londres, desde la Royal
Opera House se retransmitió “Don Giovanni” de Mozart
para muchos cines del mundo.
No, no vimos “Don Giovanni”, vimos el teatro que veía
“Don Giovanni”, una representación de una representación.
Un juego de espejos y cavernas iluminados.
La retransmisión por satélite de estos eventos es fácil,
aunque hasta hace poco no estaban preparadas las salas
con sistemas de reproducción digital. La calidad del sonido
y de la imagen fue perfecta, salvo algunos problemas
de “pixelado” en los subtítulos. Lo que es más difícil es que
haya prosperado esta iniciativa tan extraordinaria. Ni que
decir tiene que el cine se llenó.
Me gusta que las telecomunicaciones y el arte se den la mano
en la órbita de los satélites y en los cruces de internet.
Me gusta que en los cines se retransmitan óperas.
Aunque era todo un poco raro ya que la empresa intentó
vestir de “fiesta” la sala. Pusieron una delgada y desgastada
alfombra roja, nos dieron una copa de champán y unos
sándwiches de mortadela (sic) e incluso hubo ¡acomodadores con
linterna! Otra metamorfosis.
Pero, por retomar el hilo, a la hora de la verdad no había ¡qué
lástima! ni palomitas de gala ni coca-cola de etiqueta.
Ni cine ni teatro: una representación.
Aunque ¿no es suficiente para lunes haber podido hacer un
tanto así el snob?
Pienso repetir.
lunes 8 de septiembre de 2008
Vacación Huracán
El impactante efecto del Katrina ha puesto de moda los huracanes que son cubiertos por los medios de comunicación como algo excepcional de unos años a esta parte, cuando son un fenómeno regular y corriente. Cuando estuve en Puerto Rico a principios de Julio de 2004 acompañando a mi mujer en sus investigaciones sobre Juan Ramón Jiménez, la gente se estaba preparando para la temporada: compraban generadores eléctricos o combustibles, provisiones, desmontaban antenas y estructuras volantes. Nos contaron el horror del huracán: cómo lanza los contenedores de basura, por ejemplo, como un misil contra los muros.
La tormenta es como la bola de la ruleta y cada año toca en una isla u otra.Es parte de la vida. El lado colérico del trópico.
A mí me admiran las grandes evacuaciones de Florida, tan bien orquestadas, como me admira la resignación con la que las naciones más humildes aceptan el paso del huracán un año y otro.Pero no me admira menos la afición española a viajar al Caribe en agosto. Me figuro que los hoteles deben ofrecer unos entretenimientos fastuosos, porque si no, no lo entiendo, así me aspen. Quien se tope un huracán durante sus vacaciones de verano se lo tiene merecido, yo creo que deben formar ya parte de la atracción turística. Si yo fuera a Santo Domingo o Cuba en agosto y no acabo secuestrado en un hotel al paso de una galerna pediría a la agencia de viaje que me devolviera el dinero. Por incumplimiento de contrato.Debe de ser muy emocionante contarlo durante el gélido invierno: “mira, este soy yo jugando al tres en raya en la habitación del hotel mientras nos sobrevolaba el ojo del huracán”.
Al Caribe recomiendan ir en navidad, cuando van los norteamericanos y los europeos del norte, huyendo de los muñecos de nieve y los villancicos en alemán, aunque en realidad, salvo para dilucidar manuscritos de Juan Ramón o para conquistar El Dorado ¿para qué querría ir nadie al Caribe?
Las playas son preciosas, desde luego, y de aguas tibias y azules, vale, pero también son azules las playas de Cádiz, el paraíso en la otra esquina.
Claro que en el Golfo de Cádiz y en la Barra de Sanlúcar de Barrameda hay más embarcaciones naufragadas que en ningún otro lugar del planeta y, a poco que uno se descuide, el Almirante Nelson bombardea la playa con viento de Levante.
domingo 7 de septiembre de 2008
Sobre una fotografía de 1900
No las acercó a la casa el arriero Yehuda porque era Sábado, pero cuando bajaron por la gran escalera a recogerlas pudieron escuchar los coros en la sinagoga desde el zaguán.
Estuvieron ensayando toda la tarde, querían darle una sorpresa a su padre, el comisario Szabo, el representante del Emperador en aquellas tierras, que celebraba su cumpleaños el domingo.
La hermana mayor había preparado unos preludios y valses de Chopin, la segunda hermana cantaría unas arias de Mozart y Donizzeti, la más pequeña había logrado memorizar algunas estrofas en alemán de Schiller y otras en húngaro de Sandor Petofi, el poeta preferido de su padre.
Por la mañana, muy temprano, vestidas las tres de blanco, con un lazo a la cintura y unos sombreros de tela azul acudieron a misa. Había llovido, pero los inmensos árboles de hojas negras se desperezaban al sol, iban con cuidado de no mancharse de barro los escarpines rosas, por encima de las tarimas de madera que atravesaban la calle principal.
Desde la taberna, un antro oscuro hecho con cuatro tablones, tres o cuatro paisanos todavía dormían su borrachera.
En la Iglesia se leyó la parábola del buen Samaritano y el sacerdote recordó un suceso acaecido hace poco en las montañas y dijo que en las altas cumbres de los Alpes Eslovenos también habitaba el buen Jesús.
Cuando regresaban a casa se cruzaron con Yehuda que arrastraba su mula acompañado de su hijo. Iban a sembrar. Les avisó de que el retratista ya había llegado.
Allí estaba, con sus maletas de madera y sus juegos de lente, atornillando el trípode de la cámara.
Entonces la más pequeña hizo bajar al padre al recibidor. El comisario Szabo tendría cerca de cincuenta y cinco años, el cabello cano y los ojos azules y pequeños sobre una cara surcada de arrugas, los ojos de sus tres hijas también eran azules, como los de su difunta mujer. Venía leyendo los diarios y fumando uno de los enormes cigarros que mandaba traer de Viena.
-Espera, papá, llevas la cadena del reloj mal colocada.
La banda del regimiento, que esperaba desde hacía media hora en el patio de la casa, empezó a tocar “Dios salve al Emperador” y el retratista dispuso a las tres jóvenes junto al piano, con el padre sonriente, aparentemente olvidado de la fecha que estaban celebrando. Una luz arrolladora -casi de mediodía y apenas tamizada por los árboles- cruzaba el salón desde el amplio vitral
El fotógrafo se inclinó sobre la cámara, bajo la sábana negra y activó la lámpara de magnesio.
En tus manos brillan ahora estos rostros felices sobre la sales de plata, en tus ojos que convocan las luces de otro tiempo, en tus oídos que pueden escuchar las melodías calladas del pasado, ¿dónde ha volado la alegría de aquella mañana? ¿Dónde están esas muchachas de las que te separan el tiempo y el espacio, pero con las que compartes la luz del mediodía que ahora baña tu salón? Deja que la luz tibia caliente tu piel, siente el pulso de la sangre y escucha, escucha la música y la risas. Y pide a alguien que te fotografíe ahora, ahora que eres feliz.
sábado 6 de septiembre de 2008
Madrid blues
cuando ya había declinado el aura kitsch de la movida
y empezaba el ocaso de la “Quinta del Buitre”, tras los
fastos del 92, durante la penúltima crisis económica.
Todavía la ciudad era imprescindible. Para cursar los
estudios de Ingeniería, por ejemplo. A mis amigos les
molesta mucho esto, pero yo creo que los españoles se
pueden clasificar en dos: los que han vivido en Madrid
y los que no. Porque Madrid, sin ser Nueva York o París,
aúna a su condición de megalópolis la triple categoría de
pueblo manchego, de corte borbónica y rompeolas de
todas las Españas. Madrid, a cierta edad, enseña a
elegir, como la vida, y en el laberinto de sus pasadizos
de metro vamos esbozando, estación a estación, las
líneas maestras de nuestra biografía que inevitablemente
habremos de transplantar. Quien ha sido madrileño
unos años de su vida ya lo será siempre. Ahora la ciudad
está muy diferente. Madrid, crisol de todas las Américas,
de todas las Europas, se enfrenta a un futuro
multicultural y ecléctico más complicado.
Pero a mí me gusta Madrid y quiero recordar los
crepúsculos ultraístas del Viaducto y las Vistillas, las
terrazas enrejadas del Palacio de Oriente que se asomaban
a esos bosquecillos oscuros en los que, con algo de imaginación,
podíamos divisar la casa de los padres, la carretera de
Extremadura en los domingos siempre tristes.
Quiero recordar la luz amarillenta y gaseosa, las bujías
sin potencia de la Plaza de Toros de Las Ventas, en cuyas
andanadas del 6 veíamos pasar la vida y nunca pasaba nada. Allí,
los pálidos ujieres y los castizos menestrales, con su abono
renovado del siglo XIX, discutían del tardosocialismo como lo
hubieran hecho del asesinato de Prim, como lo que eran,
personajes de Galdós.
Quiero recordar el autobús 27 desafiando, Castellana abajo,
como un monstruo antediluviano, a las interminables filas de
automóviles, dejando a izquierda y a derecha los olimpos de un
niño empollón de provincias: la Biblioteca Nacional, el Museo
de Ciencias Naturales, el Prado, la Plaza de Colón.
Y quiero recordar también el autobús F bajo el escalectric, ya
desaparecido, de Cuatro Caminos. El apretado frío con el
que subía y bajaba por los espacios oscuros de la Ciudad
Universitaria, con la angustia de los exámenes fijados y los
teoremas por demostrar, los miles de estudiantes como
termitas de fotocopias... El abono-transporte igual que un
salvoconducto para surcar el inframundo del metro
y los países luminosos del neón.
Quiero recordar la Escuela, cristal y pizarra negra,
osciloscopio y estaño, remiendos de electrónica, desde allí se
divisaban las cumbres de Guadarrama y las acristaladas
torres de Azca, sus brillos ilusorios, sus trabajos prometidos.
Y alguna mañana azul en el Retiro o en la Plaza Mayor, y las
grutas del cine en la Gran Vía, bajo el dintel espléndido de los
carteles pintados que ponían formas y colores a los sueños...
Y, porque cuidaban de mí, también quiero acordarme
de mi hermana y de mi abuela.
(En el LECTOR DE ALMANAQUES más...)
viernes 5 de septiembre de 2008
Dos profesionales
Encuentro fortuito con el poeta X, nos anuncia que
algunos psiquiatras recomiendan su poesía como
terapia. Lo dice orgulloso y convencido, levantando
la rubicunda cabeza de pavo congestionado para que
todos puedan oír alrededor su voz seráfica. Mientras
desgranaba su incesante glugluteo me acordé del
pintor catalán T y de la GCAS (Gloriosa Cofradía de
Artistas Sanadores). Se ve que la afición a curar
males ajenos por la vía milagrosa ha hecho escuela.
¿Y qué pondrá el galeno en la receta? ¿Y por dónde se hará la
administración y cuál será la posología? Yo creo que
estos no son asuntos menores ¿cuándo se acabe el
género en la farmacia se hará otra edición corregida
y aumentada de sus obras incompletas? ¿Hará los
mismos efectos la edición en rústica que el comprimido
en cartoné? Uno se imagina a esas pobres criaturas,
atormentadas por los fantasmas de la depresión y
la neurosis acercándose a los libros de X e
inmediatamente le entran ganas de llamar a la ambulancia.
¿Y no se les suicidan los pacientes? Le hemos replicado,
elevando también la voz cual gallo de pelea. Pero X,
que se las sabe todas, ha abierto su vistoso plumaje,
su iridiscente cola de pavo real y se ha marchado entre
las multitudes repartiendo bendiciones, como un
obispo, que es lo que le gustaría ser.
Tras una durísima jornada de trabajo, revisando los
pormenores de un complicado proyecto que debería entrar
en producción la segunda semana de octubre, el Ingeniero
Z, ilustre adjudicatario de las instalaciones, nos tranquiliza:
“¡ Y tú no te preocupes que la Virgen del Pilar seguro que
nos echa una mano!”. Y, claro, justo aquí es donde he
empezado a ponerme nervioso ¿y para eso tantos años
de estudios en Norteamérica, tantas horas de laboratorio
y erudición científica? ¿Esta es toda tu tecnología, amigo Z?
No digo yo que no esté bien encomendarse a la Virgen
de cuando en cuando, pero, puestos a rezar ¿por qué no
adelantamos la ejecución al 8 de Septiembre, día de la Virgen
de Guadalupe, Patrona de Extremadura y Reina de la
Hispanidad y vamos recuperando un mes del retraso
acumulado? Lo tenemos merecido por incautos: ahora
habrá que empezar desde cero y dedicar semanas a revisar,
uno por uno, todos los cálculos o poner una tenebrario a
Santa Rita, abogada de lo imposible, cuya festividad, según
se sabe, se celebra el 22 de mayo, fecha en la que la bola de
cristal aventura que habremos acabado con flores a María.
jueves 4 de septiembre de 2008
Licencia para matar
caduca mi licencia para manejar armas. Con ella
patrullaba con aplomo los barrios más oscuros,
cabalgaba sereno y sin preocupaciones. Tuve que
luchar mucho para conseguirla, cientos de horas
de práctica y estudio, exámenes, papeleo, diversas
burocracias. Pero no se puede salir a las calles sin
un arma en estos días si se quiere llegar vivo a
casa o al trabajo. No son baratas las armas, tienen
daños colaterales, mueren muchos por su culpa,
las hay muy lujosas y otras más modestas, aunque
igualmente mortíferas. La mía es de una potencia
reducida, pero infalible. Tuve que pagarla a plazos,
porque la quería nueva. La compré en un garito
dedicado a la cosa en un destartalado polígono
industrial. Antes me propusieron otros negocios
turbios, traspasos de otras armas, famosas por
sus lances, pero con el alma mellada, marcadas
por la pasma. Cerramos el trato y, solo ante el
peligro, mi valor no fue menor que la urgencia de
estrenarla, raudo y veloz, disparado, salí a pasear
con ella, sintiéndome seguro. Pero ahora mi licencia
va a caducar y estoy a expensas de la policía
que me puede emplumar cuando ella quiera, aún así,
sigo arriesgándome. Lo tengo que arreglar, dicen que
sólo es un poco más de papeleo, una firma en un
certificado médico que expiden al instante,
una póliza, dos fotografías y unas horas de cola
en la Dirección General de Tráfico. Me sorprende que
costase tanto conseguirla y tan poco renovarla.
En los próximos días me caduca el carné de conducir.
miércoles 3 de septiembre de 2008
Tres novelas
argumentos a sus rivales en la escena; hace
años los estudios de Hollywood pagaban un dólar
por idea y coleccionaban listas inmensas de las
que tirar cuando la mente de los guionistas se
quedaba en blanco o en huelga. Entre un extremo
y otro (pero con el debido respeto a Wilde)
ayer me corté el pelo y, además,
¡qué alivio! se me cayeron al suelo tres
excéntricas historias que ahora transcribiré
para quien puedan interesar. Ahí van, aunque,
como decía Jardiel se corra el riesgo de escribir
todo lo que a uno se lo ocurre y ¡lo que es peor!
Seguir escribiendo cuando a uno ya no se le ocurre nada...
Las longanizas salvajes
Esta no es una reelaboración de la novela de Faulkner,
The wild Palms, y tiene más de cervantina, de Cipión
y Berganza, que de perspectivismo. Dos embutidos
-Chorizo y Salchichón- regalo de navidad, recorren la
despensa y la mesa de diferentes familias. El éxito
del narrador estará en encontrar el justo medio entre
Proust y Carpanta, el McGuffin, en la tragedia
gastronómica que acecha a nuestros personajes,
siempre a punto de sucumbir en los dientes postizos
de Pantagruel. El clímax, que exigirá todo el esfuerzo
del narrador tanto en la descripción como en la
dosificación de las acciones, es la fuga de las
longanizas hasta perderse en los jardines, en los
bosques salvajes de la última cena, donde acechan
los jabalíes Evasión y Victoria. ¿Salvarán su pellejo
Chorizo y Salchichón?
La tabla periódica
En “La tabla periódica” se investiga la muerte de
un químico. Los sospechosos, interrogados
sucesivamente, son los elementos de la tabla periódica,
cada uno de los cuales interpreta un monólogo ante
el juez, desde los pesados e incomprensibles de
las tierras raras -obesas y sudorosas- a las hilarantes
coartadas de los elementos radiactivos, pasando
por la integridad de los metales y la turbia y
encarada respuesta de los haluros. El quid de la
narración está ¡cómo no! en saber combinar los
elementos y que trasluzcan su carácter moral
sin aburrir al lector. Habrá que practicar la
alquimia del verbo y las elipsis de la novela negra.
La revolución libertaria de todos los elementos,
esposados tras las rejas, con cuánticas amenazas
de fisión o fusión puede ser una solución apocalíptica
para el desenlace, acorde con el tono nuclear e
integrado de la historia.
El extintor sinfónico
Érase la historia de un extintor colorado que dormía
en la esquina de una zona común en una vivienda de
protección oficial. Una noche alguien puso por casualidad
música de jazz en una emisora de radio y el extintor
escuchó unos sincopados ritmos que estremecieron
sus burbujas. Otro día, asomado al patio de luz, vio el
brillo de un saxofón sobre un tejado contra la luna,
como en las películas: con gato callejero y luz de neón
incluida. Desde entonces el extintor se tuvo por instrumento
musical e hizo esfuerzos ímprobos por soplar y soplar
hasta lograr la melodía. Al final, tras varios bufidos
desesperados, lo consiguió, pero dejó la escalera perdida
de espuma y acabó con sus chapas en el contenedor,
aporreado por los niños callejeros que le dieron espíritu
de percusión y la ansiada felicidad escénica. Pero para
esta historia hacen falta las dotes de Anderssen y la
caradura de Walt Disney.
Estas tres nívolas tienen en común tres cosas: que los
caracteres principales son inanimados, que no repudian
su naturaleza de fábula moral pasada por los espejos
del Callejón del Gato y que no las voy a escribir yo
-hasta ahí podíamos llegar- ¿alguien se anima?
martes 2 de septiembre de 2008
Fruta del tiempo
amarillos, naranjas, casi rojos, con algún aviso
de verde todavía en su espléndida madurez,
que parecen manzanas de Cezanne. Esta gota
de ámbar, esta lupa de azúcar sobre la piel
encarnada de los higos, como terciopelo hundido
en la copa dulce del aguador de Sevilla y
Velázquez. Estos membrillos de bronce y
oro viejo, rugosos, henchidos de carne áspera
y de sol, como un bodegón de Zurbarán.
¡Qué insípidos resultan en la boca! Llenan,
pero no alimentan y dejan un amargo gusto
de plomo y de zinc, de pigmento y trementina.
Expuestos en la frutería engañan a la vista
con sus vestidos falsos como monas de seda.
Sin su alma de carne, sin su núcleo de pulpa
cultivada, sin su nuez de verdad, nada es nadie
y nadie es nada. Porque la verdadera belleza hay
que robarla del jardín secreto cuyas frágiles
ramas se asoman a los camino polvorientos
o de la sombra húmeda de la higuera frondosa,
lija y río, o bien tomarla directamente con la
mano de los cuadros y de los libros perennes.
Para que alimenten de verdad. Lo mismo que
los hombres ¡qué hipócrita puede llegar a ser
Natura! O, peor, ¡qué transgénica!
lunes 1 de septiembre de 2008
Historia de dos ciudades
en una de las dos o tres ciudades más
bellas de España. He nacido y vivo en
una de las dos o tres ciudades más bellas
del mundo. ¿Por qué viajo? Quizá porque
el viajero no sólo ansía descubrir nuevas
verdades (beauty is truth, truth beauty,
sollozaba Keats) sino que hay en su Infinito
Viajar (Magris) una desesperada carrera
contra la flecha del tiempo, dos movimientos
contrarios que producen una sensación de
eternidad. Porque el viajero, en tanto que
viaja, no siente nostalgia, o la va sustituyendo
por otras nostalgias tan apretadas una tras
otra como el paisaje en las ventanillas del
tren, en el que todo es estático y extático.
El viaje discurre en sentido contrario al reloj
y va desembocando en felicidades sucesivas,
en el mar de lo nuevo, que no es el morir.
Es el viaje lo que importa, nunca el punto
de partida ni el destino. Sólo viajar. Pero sobre
todo esto ya se ha escrito mucho y se ha
reflexionado muy bien y muy meticulosamente,
no sé a qué vienen ahora estas fáciles
divagaciones, yo creo que sólo quería decir
que Cáceres y Sevilla son dos ciudades preciosas.
domingo 31 de agosto de 2008
Una Biblioteca
Empiezo por Borges y sus obras completas -cuentos, ensayos, prólogos y poesía- que ocupan una estantería sola. Borges es una invitación a la felicidad y una fiesta de la inteligencia. Si tuviera que elegir uno solo de sus libros, no podría, si me obligaran, hoy diría que FICCIONES, si tuviera que elegir un cuento: EMMA ZUNZ, si tuviera que elegir un poema: LANOCHE CÍCLICA. Por afinidad se sientan junto a Borges, Italo Calvino y NUESTROS ANTEPASADOS o LAS CIUDADES INVISIBLES, les acompaña Juan Perucho cuyas HISTORIAS NATURALES -el relato de un vampiro en el Maestrazgo Carlista-me descubrió la alegría de que en España (Cataluña) una Literatura Fantástica es posible. EL MANUSCRITO ENCONTRADO EN ZARAGOZA, del excéntrico conde polaco Jan Potocki, que se suicidó con una bala de plata limada de un samovar, con su colección de muñecas rusas y macabros sucesos en Sierra Morena, son las MIL Y UNA NOCHES del siglo XVIII y, junto con los cuentos árabes, cierran esta litera fantástica de mi biblioteca, por la que se asoman también Dino Buzzati (CUENTOS) y Gustav Meyrink (EL GOLEM).
La poesía en español de la primera mitad de del siglo XX sigue a los espejos y fantasmas referidos, aquí está todo Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez y todo Lorca y todo Cernuda y Gerardo Diego y Aleixandre y Guillén y Emilio Prados, Neruda... fue una media centuria de platino y brillantes. Mis preferencias son Lorca, Cernuda y JRJ. Y Rubén Darío, que los preside a todos, a caballo entre dos mundos y dos siglos.
Como una cura de humildad aparecen anexos los poetas españoles actuales, recientes y modernos, no daré nombres, el tamaño de la estantería es fijo, aquí es donde hay más rotaciones, pero se han quedado para siempre José Hierro y su CUADERNO DE NUEVAYORK y el BRONWYN de Juan Eduardo Cirlot.
Viene luego una sección de pensamiento y filosofía bastante vanidosa, donde se lucen la calavera de Adam Smith, Wittgenstein, Ortega y Gasset, Leibniz, San Agustín, Tocqueville, Bertrand Russell o Stuart Mill, no los he leído a todos, ni los comprendo a todos, pero el que más me gusta es Nietzsche y ASÍ HABLO ZARATUSTRA, porque es poesía.
En la sección de poesía en inglés veo ahora a Wordsworth, Keats, Yeats, Blake, Dylan Thomas, Shakespeare, Eliot y Ezra Pound, sin duda se queda más que corta para la tradición literaria más hermosamente larga, valgan por todos LA TIERRA BALDÍA y LOS CUATRO CUARTETOS (Eliot), con LOS CANTOS (Pound) y los SONETOS del bardo de Strafford.
De entre todos los idiomas que he estudiado y he empezado a olvidar el alemán es el más musical: todo Rilke, Goethe, Hölderlin, Heine...Rilke me parece hoy el más grande poeta de todas las épocas y las ELEGIAS DE DUINO contienen las claves del ser.
En francés están juntos ¡cómo no! Verlaine y Rimbaud, pero también Valéry y S. J. Perse, LAS ILUMINACIONES (Rimbaud) son la alquimia del verbo puro con la que todos los días me drogo. Además de con los Paraísos Artificiales de Baudelaire.
En otros idiomas me acompañan Odyseas Elytis, Leopardi, Pessoa, Seifert y la Antología de Poesía China de Marcela de Juan.
La narrativa está también ordenada por idiomas, en inglés: HISTORIAS EXTRAORDINARIAS (Poe), MOBY DICK (Melville), HISTORIA DE DOS CIUDADES (Dickens), LA ISLA DEL TESORO (Stevenson), KIM (Kipling), ULISES (Joyce), AL OTRO LADO DEL RÍO Y ENTRE LOS ÁRBOLES (Hemingway), EL RUIDO Y LA FURIA (Faulkner), EL GRAN GATSBY (Fitzgerald), ON THE ROAD (Kerouak), cito sólo algunos antes de llegar, otra vez a Francia, pero ¿quién querría cruzar el Canal de la Mancha con semejante Pléyade?
Creo que EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO (Proust) vale por todos los libros enumerados, pero no puedo dejar de leer la obra del otro Marcelo (Schwob) VIDAS IMAGINARIAS. Y la mejor educación sentimental, para mí, siempre vendrá de Stendhal EL ROJO Y EL NEGRO, LA CARTUJA DE PARMA, y mi deuda con el gran René de Chateubriand no se pagará nunca por mil veces que lea EL GENIO DEL CRISTIANISMO o LAS MEMORIAS DE ULTRATUMBA. Entre los novelistas del siglo XX, Malraux y LA CONDICIÓN HUMANA, Camus y LA PESTE.
Rusia es una de mis debilidades, en una zona de mi biblioteca siempre hay nieve, y troikas enganchadas a trineos e inmensas llanuras y palacios de invierno e istbas, mujiks y gulags: Dostoievsky (LOS HERMANOS KARAMAZOV, NOCHES BLANCAS, CRIMEN Y CASTIGO...), Gogol (EL CAPOTE, ALMAS MUERTAS), Turgueniev (PRIMER AMOR), Chejov (CUENTOS, LA GAVIOTA, EL TÍO VANIA, EL JARDÍN DE LOS CEREZOS), Nabokov (LA DEFENSA), Brodsky, Pushkin... Pero me voy a quedar hoy y siempre con el DOCTOR ZHIVAGO de Pasternak y GUERRA Y PAZ de Tolstoi, porque son más anchas y grandes que Rusia con y sin Georgia.
En Alemán Kafka lo ocupa todo (EL CASTILLO), pero es que el Imperio Austrohúngaro nos dio unas últimas luces espléndidas: Zweig (MEMORIASDE UN EUROPEO, MOMENTOS ESTELARES DE LA HISTORIA) y Joseph Roth (LA CRIPTA DE LOS CAPUCHINOS, LA MARCHA RADETZKY).
En cuanto a la novela en español, además de la hornacina donde reposan juntos Cervantes y Shakespeare y Dante y la Biblia (que suenan "divinamente" en todos los idiomas) hay dos estanterías con Galdós (EPISODIOS NACIONALES, FORTUNATA),Unamuno (SAN MANUEL, BUENO, MÁRTIR), Azorín (LA RUTA DE DON QUIJOTE), Cortázar (CUENTOS), Carpentier (EL SIGLO DE LAS LUCES),Juan Rulfo (PEDRO PÁRAMO, EL LLANO EN LLAMAS) y García Márquez (CIEN AÑOS DE SOLEDAD).
Sigue esta biblioteca portátil con los clásicos castellanos: EL POEMA DELCID, EL LAZARILLO, LA EPISTOLA MORAL, entre los anónimos, y siempre, siempre, siempre: San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Calderón y Bécquer. ¿Elegir no es sacrilegio? Aún así me emociona mucho y más que nadie Lope, pero la belleza, verso a verso de Góngora, no me produce un estremecimiento menor. Y Bécquer es el idioma que habla el amor.
En fin termina la biblioteca con los clásicos grecolatinos, desde LOS LÍRICOS GRIEGOS ANTIGUOS, a las tragedias de ESQUILO, EURÍPIDES y, sobre todo, SÓFOCLES, y en latín Horacio (ODAS Y EPODOS), Virgilio (GEÓRGICAS, BUCÓLICAS, ENEIDA), Propercio (ELEGÍAS) y, como hemos empezado por Borges, nuestro Homero, termino cíclicamente por la ILÍADA y la ODISEA ¿termino?
Mejor decir empiezo. Porque este viaje no se acaba nunca.
sábado 30 de agosto de 2008
Libros
de mis padres, de las bibliotecas públicas y de las
bibliotecas ajenas. No soy bibliófilo, pero algún día
comprendí que los libros tienen alma. Si su lectura
ha sido grata, su presencia física convocará siempre
emociones y personajes, aunque ni siquiera se abran,
por emanación. Empecé a comprar libros
compulsivamente cuando empecé a ganarme la vida
solo y quise tener cerca los libros leídos, para
acariciarlos y mirarlos, para soñar con el día en que
habré de releerlos, porque un buen libro, un buen
poema, no se acaban nunca. Una biblioteca es un
organismo vivo que va componiendo el mosaico que
es la máscara de su propietario temporal. A cierta
altura de la vida, ellos, y el amor de mis seres queridos,
son todo lo que necesito para vivir. Como algunos
amigos me suelen pedir recomendaciones de lecturas
voy a hacer una pequeña descripción de mi biblioteca,
que no será ni el catálogo interminable de las naves
de Homero ni el de las Ballenas de Moby Dick: una
biblioteca es siempre una selección porque el espacio
es un recurso limitado (ars longa, vita brevis) y
porque no creo sino en las bibliotecas portátiles,
aquellas con la que podamos huir cuando los bárbaros
vengan a por nosotros. Con Voltaire y con Séneca
diré que tan malo es leer un solo libro como haber
leído demasiados, las lecturas han de ser escogidas,
desordenadas y fundamentales. Dentro de unos años
las estanterías serán las mismas, con los huesos vencidos
por el tiempo, pero algunos libros serán igual de jóvenes
y otros habrán volado como aves migratorias: entran
y salen de la vida como las gentes, como los paisajes,
como la tristeza o la felicidad. Haré el listado muy por
encima, de izquierda a derecha y de arriba abajo, tal
y como los tengo delante de mí, su disposición no es
síntoma de ninguna predilección, todas las piedras de
una columna son ornamento y cimiento, si acaso reflejan
un estado de ánimo, la moda de una época. Pero lo haré
mañana, porque ahora me apetece releer.
viernes 29 de agosto de 2008
Radio ¿Clásica?
Nacional y Radio Clásica no ha sido ajena a esta
agresiva e innecesaria reforma. Desde la cadena se
anuncia una programación innovadora y fresca,
pero a lo largo de los últimos meses ha sido bien
triste ir viendo cómo se despedían las voces conocidas
que daban continuidad a la Música. Los que somos
fieles a la emisora desde hace años y hemos escuchado
la programación de agosto, con insólitos y débiles
experimentos, ya sabemos lo que significa esto:
una infantilización de la programación con afán
pedagógico y didáctico. En España la enseñanza de
la Música Clásica es una cuestión pendiente. Nuestros
mejores talentos todavía tienen que emigrar a la
Europa Germánica y la falta de conocimientos
musicales, aún en las personas cultas, no se tiene
por ignorancia. Afortunadamente no sucede lo
mismo con nuestras salas de conciertos, los melómanos
pueden disfrutar de una amplia oferta de extrema
calidad en las principales capitales. Radio
Clásica ha sido siempre nuestra sala de conciertos:
nuestro Teatro Real, nuestro Liceo, nuestro Maestranza,
nuestro Musikverein. Los esfuerzos didácticos se
deberían desarrollar en otro ámbito. Con estas
iniciativas se pretende rebajar a la Cultura de un
pedestal y al final no quedará ni pedestal ni Cultura.
Como si faltaran emisoras para berrear sus eléctricos
graznidos para todos los públicos. Porque la audiencia
de Radio Clásica no es la más larga, pero sí la más fiel
de toda la radiodifusión española. A mediados de los 90,
Antena 3 transmutó en Sinfo Radio con una intención
divulgadora que se agotó pronto por falta de rentabilidad.
En Sevilla, por ejemplo, devino -¡cómo no!- en Radio Olé 2.
Aunque la fórmula de Sinfo, con piezas cortas y
conocidas, funcionaba para quien empezaba
adentrarse en la música, de la experiencia de su
fracaso (paralelo al famoso “antenicidio”) se debe
aprender que la actualización de lo clásico, la retórica
de la divulgación conduce a la banalidad. Ha sucedido
en museos decimonónicos y preciosos a los que el
afán explicatico ha convertido en pabellones huecos,
exhibidores de plástico y cartón piedra, como el Museo
de Ciencias Naturales de Madrid.
Pero estamos en manos de psicólogos y educadores,
es el tiempo de los bárbaros.
Porque lo preocupante no es que se profane un templo
-gracias a Internet, cada cual puede configurarse su
emisora mundial a la carta- sino la pérdida de un espacio
público, que, con las bibliotecas, es el único medio demostrado
para universalizar el conocimiento. Sin intermediarios
simplificadores.
Entre los nuevos programas de Radio Clásica se anuncian
los que siguen:
Sólo canciones
La vida en sueños
Los colores de la mañana
Lo que hay que oír
Música sobre la marcha
Té para tres
Que pueden valer para casi cualquier cosa, incluso
(y por desgracia) para Wagner o Bach.
Es la hora de los teletubbies.
Adiós a las voces que nos han acompañado durante
tantas horas de felicidad.
jueves 28 de agosto de 2008
Gotham
¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!
Áyax era más fuerte que Diomedes,
Héctor, más fuerte que Ayax,
y Aquiles el más fuerte; porque era
el más fuerte…¡Inocencias de la infancia!
¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!
Cuando yo era niño, sin embargo, lo que me
admiraba era la fuerza de la Masa y la cuestión
palpitante era quién vencería en un duelo
Spiderman vs Superman. Porque entonces,
afectados ya por no sé cuál reforma educativa y
bien enterrado el Cid Campeador, los héroes de la
Marvel campaban por sus respetos en el imaginario
infantil de los cielos de Manhattan. Los superhéroes,
tan poderosos y tan frágiles en sus estridentes
uniformes, siempre aplastados en las viñetas por
bocadillos gigantes y extravagantes onomatopeyas
(WHAPP!!), eran el primer contacto (débil) con el
arquetipo trágico. Porque un héroe no existe sin
conflicto, y por eso Superman no es Hércules, sino
la sonrisa pop de Christopher Reeve.
Pero ha llegado Batman, el obsesivo y atormentado
guardián de la noche.
Desde finales de los ochenta varios directores han
hecho con el hombre murciélago, trasunto de Drácula
y Superman, sus particulares ejercicios de estilo,
ahí están los Batman (1989), y Batman Returns (1992)
de Tim Burton, que resucitó al personaje de las
cloacas de la serie B y los Batman For Ever (1996)
y Batman & Robin (1997) de Joel Schumacher,
con la asilvestrada tropa de personajes histriónicos
que circunda al solitario héroe, como la galería de
una feria de monstruos.
Sin embargo nadie había llegado tan lejos como
Cristopher Nolan con el reciente estreno de
EL CABALLERO OSCURO, segunda entrega de la
saga retomada en 2005 (Batman Begins). La
película tiene una orquestación grandiosa de filiación
shakesperiana y estética wagneriana, ¿Es Hamlet o
es Macbeth el Caballero Oscuro? ¿Es Tristán, es Parsifal?.
La película indaga en la existencia del mal y en la
degradación moral en sus diversas estadios: el mal
químicamente puro (Joker, un genial ángel caído
Heath Ledger), la turbia bondad (Batman) y el hipócrita
rostro de Jano de la perfección (El Fiscal del Distrito
Harvey Den). Acompañados de sus respectivas
cuadrillas de matarifes, burócratas e idealistas
(especialmente el Teniente de Policía James Gordon).
La actuación del Joker es memorable y es tanta la
intensidad de sus planteamientos, subrayados por una
tenebrosa banda sonora, que sobran la máscara y los
artilugios de Batman para plantear a la luz de la luna
el interrogante fatal ¿hay un resquicio para el bien
en nuestra acomodada existencia? Porque, frente al
Nueva York deslumbrante de los rascacielos, la sociedad
-la ciudad- tiene otra cara, la de la nocturna Gotham,
el gótico Manhattan donde una lenta lata de conservas
gotea en un basurero que devora una rata, donde una
cuchilla raja la noche con su sonrisa excéntrica. Y tus
sueños ya no son los de la infancia, sólo pesadillas, y
la noche es más oscura justo antes del amanecer.
Porque ya no hay nadie ahí para salvarte, sólo tu bondad,
si es que aún te queda, mientras vela en las sombras
silenciosas de tu alféizar, Batman, el traidor y el héroe,
solitario y dolorido. Tu máscara.
miércoles 27 de agosto de 2008
Preguntas para Pacífico
frente y zapatillas de deporte? ¿O es Su rostro
adusto y oscuro, pero dulce, como un icono mal
lijado en las meriendas de julio? ¿Está Su carne
rota y desmembrada, vacía de carcoma, pero
radiante de luz? ¿Y cómo es el Espíritu, tiene
sabor a menta, trazas de pictolín? ¿Y Ella? ¿Es
una niña de Sevilla o una extremeña lozana?
¿Se parece a tu madre, tiene arrugas de amor?
¿Sigue loco aquel joven de los frescos de Giotto,
cantándole a la Luna, vestido como tú? ¿Es
pontonero o es místico, te has peleado ya con él?
¿Y cómo es el silencio de su amiga del alma,
tan clara y transparente como el agua que baja
por la Sierra de Gata, y que llora por ti? ¿Qué
dicen los arcángeles, los coros olorosos, de las
locas guitarras que cantan sin descanso y que
buscan a Dios por el monte pelado?
Tú nunca dabas una respuesta suave, pero
sabías decir exacta la pregunta. Ahora que tus
ojos de ardilla vivaracha galopan por las ramas
de los pinos más altos, ahora que tus manos de
niño juguetón abrazan otra vez encinas portentosas
y hay un huerto, una viña y una ermita de luz.
Ahora que tenemos todo el tiempo del mundo
y podemos hablar como siempre hemos hecho,
me pienso aprovechar. Cuenta, dime, Pacífico,
empecemos de nuevo ¿Por qué te llaman Pachi?
Tengo otra vez diez años ¿qué es lo que estás
apuntando en la libreta de hule? ¿Cuándo dices
que sale el autobús? Macuto o similar, lo hablaré
con mis padres. ¿De verdad puedo ir al campamento?
martes 26 de agosto de 2008
Tres fechas
Churchill. En una gasolinera de Milán los cuerpos
lacerados de Clara Petachi y Benito Mussolini
fueron colgados de un gancho. David Lean rodaba
Breve Encuentro y Roberto Rosesellini filmaba
Roma, cittá aperta. Tras la humeante estela de
Hiroshima un soldado americano besó a una
enfermera bajo una lluvia de serpentinas y
confetti en Times Square. En 1945 nació mi padre.
En 1947 Albert Camus publicaba La Peste. Al
Capone moría plácidamente en su residencia de
Miami y el Exodus arribaba a Palestina. En los
astilleros de Cádiz la explosión de un polvorín
dejó 155 muertos y más de 5.000 heridos. La
India se separaba del Imperio británico y Manolete
caía a los pies de Islero. “Chuck” Yeager rompió la
barrera del sonido. En 1947 nació mi madre.
En 1974 el Watergate forzó la dimisón de Nixon.
Desde el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto
Rico, se envió una señal al cúmulo de estrellas M13
en busca de vida extraterrestre. Un gol de
Müller daba el campeonato del mundo de fútbol a
Alemania frente a la Holanda de Cruyff y morían
Duke Ellington, Georges Pompidou y Juan Domingo
Perón. En 1974 nací yo.
Es una manía, pero siempre que me topo con una
fecha, calculo la distancia que las acerca o separa
de estos tres años. Todos los días de mi vida que
recuerdo he hecho cábalas con estas tres cifras que
son mi origen en el mundo. Las agujas vivas de mi
reloj y la acuciante arena de mi vida. ¿Pero quién
esta libre de las supersticiones del tiempo?
lunes 25 de agosto de 2008
Una Olimpiada de Almanaques
Quiero hacer recuento y un pequeño memorial de agradecimientos y enlaces electrónicos.
Santos Domínguez fue el primero en saludar públicamente esta página, la labor crítica y de información diaria que realiza en su revista electrónica Encuentros de Lecturas es admirable (es un lector babélico e inagotable). Los avisados hace mucho que saben que esta publicación es una referencia para conocer lo que sucede en el panorama de la edición en español. Los lectores de poesía sabemos también que estamos ante una voz lírica honda y perdurable, de frutos cada vez más asombrosos.
Francisco Silvera (un excelente prosista, con una reveladora visión del mundo siempre desde un ángulo turbio e inquietante) y la Diputación de Huelva (la provincia en la que pasé los días más felices de mi infancia) me publicaron una muy cuidada plaquette con una selección de almanaques en el ámbito del Trienio Zenobia-Juan Ramón Jiménez con la que me pude unir, modestamente, al homenaje siempre debido al gran lírico español.
Tras la edición de esta plaquette han sido muy generosos, con sus envíos y comentarios: Caballero Bonald, Luis Alberto de Cuenca, Félix Grande, Aquilino Duque, Víctor García de la Concha, Santiago Castelo y Miguel García-Posada, todos ellos maestros de obra larga y magnífica.
También he podido retomar o dar principio a amistades literarias como la de Basilio Sánchez, José Ángel Cilleruelo, Alberto Carpio, José Manuel Díez, Carlos Martínez Aguirre, Jesús Cotta, José Manuel Gómez, Fidel Villegas, Jesús Beades y Antonio Rivero Taravillo.
Ramón Loureiro, autor de “Las Galeras de Normandía” (una gran novela, entre el Cela de Madera de Boj y las alucinadas fábulas de Cunqueiro o Perucho) le dedicó una columna en La Voz de Galicia que recibí como un regalo inmerecido.
Pablo Pámpano hizo con algunos de los textos unas preciosas ilustraciones, es un proyecto que queda abierto y que ojalá podamos retomar.
En el 2007 me presenté al Adonáis, para mi asombro quedé finalista, quiero dejar constancia de mi gratitud hacia el jurado, especialmente a Julio Martínez Mesanza cuya poesía se está haciendo pensamiento en su blog y que es tan buena persona como mejor poeta, lo que ya es difícil, pues es otro de los grandes.
Gracias también a Ángel Sody que me publicó en Ateneu y a Francisco Hurtado que hizo lo propio en Hermano Papel.
Gracias a los amigos de siempre como Miguél Ángel Arévalo (que reservó el dominio), Lorenzo Clemente (nos vemos en los toros), José Rivero y Daniel Pámpano (nos vemos en la sacristía) y tantos otros.
Y -¡cómo no!- siempre a mi familia, estos textos les pertenecen.
Han sido cuatro años maravillosos: he terminado un MBA, me he mudado de empresa , me he hecho abonado de la Maestranza, he viajado a Nueva York, Alemania, Praga, Venecia, Marruecos, Florencia y Budapest, he abierto tres blogs, he tenido una hija y he cambiado de dirección de correo electrónico.
Entre las no menores cosas que me han sucedido se encuentra el hecho de que un buen amigo, Federico Calderón, imprimió y leyó mis palabras en Santa Sofía de Estambul. Sólo por esto ha merecido la pena. ¡Quién me iba a decir mí que este viaje a Bizancio que es el LECTOR DE ALMANAQUES llegaría algún día al Sancta Sanctorum!
domingo 24 de agosto de 2008
Sobre unos versos de Homero
Una belleza inmutable como el mar y, como el mar,
cambiante y nueva cada nuevo sol. Todas las ideas
y el imaginario estético de occidente se apoyan en
estas columnas clásicas y en el arca hebreo de las
dos Alianzas. Hasta en los más humildes intentos
creativos o en el más sofisticado efecto especial,
alienta el eco de Homero. Lo llevamos en la sustancia
de la especie. Quien nunca haya leído a Homero
lo ha leído sin saberlo en cada paisaje festejado,
en cada sonido de la naturaleza y en cada pasión
humana que lo haya soliviantado. Y por eso la
tradición lo quiere ciego, quien tiene la totalidad
del cosmos en su canto, quien ha visto por todos
los hombres, ¿para qué querría mirar? Y sin embargo,
cuando leo a Homero lo que más me impresiona
no es la música, las orquestas atronadoras de la
Hélade, ni los fragores de la batalla, ni el violento
mar, ni el rojo cielo, ni la aurora de rosados dedos,
sino su introspección psicológica. Sólo la Biblia iguala
a la Ilíada o la Odisea en el catálogo de sentimientos
humanos. Y por esto podríamos considerar a ambas
las más antiguas novelas y las más nuevas también.
Un ejemplo: el otro día me andaba yo preguntando
cómo podría intentar hacer llegar mis versos a
quienes por razón de edad y conocimiento pudieran
estimarlos en lo que valieran, le daba vueltas al asunto
sin encontrar ninguna fórmula que no dibujase de mí
una imagen jactanciosa o demasiado humilde o, en fin,
ridícula. Pero en el Canto III de la Odisea tropecé
con estos hexámetros en los que Telémaco se dirige
a Atenea antes de solicitar al venerable Néstor noticias
de su padre Ulises,“¿Cómo habré de abordarle?
¿Cuál será mi saludo? Pues no sé de ingeniosas
razones y siempre a los mozos da vergüenzas el
venir con preguntas a un hombre provecto” ¿No es
fantástico? Mis dudas eran las de Telémaco, mis
inquietudes la mismas, iguales mi zozobras, igual
mi juventud. Y bajo el sol radiante del mediodía,
frente al mar, en la arena de la playa, Atenea, la de los
ojos zarcos, me daba su respuesta de diosa, y yo era
ya más viejo, pero también más sabio.
sábado 23 de agosto de 2008
Expedientes
crisis de Spanair ha dejado abierta la puerta a
un conjunto de graves y adelantadas hipótesis
que sólo la investigación oficial debería aclarar.
Tanto en el improbable caso de que el anunciado
Expediente de Regulación de Empleo se señale
como una más de la concatenación de causas que
han conducido a la tragedia como en el caso de
que sea una circunstancia al margen de lo sucedido,
difícilmente será viable la compañía aérea sin un
cambio de siglas. ¿A quién beneficia un ERE? A
la luz de este caso extremo queda claro que ni
siquiera a los propietarios o inversores. La
desquiciada situación en la que se desarrolla el
trabajo en estas circunstancias suele degenerar
en una histeria colectiva y contenida que afecta
a toda la plantilla. Por lo general el departamento
de recursos humanos es el primero en perder el
control de la situación, no recibe autoridad de la
Dirección ni participa en el gobierno de la crisis.
La primera consecuencia es que los mejores
empleados abandonan el barco inmediatamente
y la empresa pierde su capital más importante:
el talento. El resto de la plantilla incrementa su
sensación de desamparo al desaparecer su
interlocutor en el organigrama. Este es el momento
en el que los sindicatos –que tanto pudieron haber
hecho en los meses que precedieron a la crisis-
hacen acto de presencia triunfal. En este punto
lo único que se negocia es una aséptica cifra y el
comité de empresa desaparece absorbido por
instancias mayores, los inmunes representantes
de estas organizaciones que se avienen siempre a
acuerdos presuntamente beneficiosos para todas
las partes. Es inútil llegados aquí que un empleado
de a pie pueda solicitarles información si no
dispone del carnet de afiliado. Aunque en el fondo
da igual, porque saben tan poco como los de recursos.
lo curioso es que en la Dirección saben menos todavía,
por no decir nada: cual en una corte del Renacimiento
los cabecillas de los departamentos perpetran
cuchilladas y envenenamientos, esgrimen
organigramas provisionales, manejan falsas listas.
Al final muere hasta el apuntador y en la cúspide
Nerón lamenta cómo arde la Roma que, por
supuesto, el no mandó quemar. Como consecuencia
de esta locura general los nombres que irán saliendo
en las listas y fases de despido nunca obedecen a
una lógica y no resisten ningún razonamiento.
¿A quién beneficia un ERE, por tanto? Son maniobras
sin imaginación para maquillar el pasivo de la empresa
y poder venderla adecuadamente, pero no se conoce
el caso todavía de empresas que, con el modelo de
gestión hispánico, sobrevivan a un ERE, a éste le
van siguiendo expedientes sucesivos que se encadenan
sin termino, como muñecas rusas. Podemos concluir
que en los expedientes se regula el despido sin tasa,
libre, casi gratuito y con salida al mar. Ante la
opinión pública se camuflan con jugosas indemnizaciones
que son insuficientes para paliar el horizonte laboral
de los afectados más allá de donde lo hará el INEM.
Y así, a los despedidos, no les queda ni la compasión
de otros profesionales.
Todo esto podría evitarse acometiendo, por fin,
la reforma laboral. Sólo habría que regular la flexibilidad
del despido individual, para aumentar la productividad
y favorecer la contratación de los mejores
(jóvenes y mayores). Así, escrito, parece una receta
ultraliberal, pero lo que en la práctica sucede es que
el empresario medio no puede arriesgar, mientras que
las grandes corporaciones ven cómo se aceptan sus
despidos masivos por la autoridad laboral casi sin
discusión. Estos despidos ingentes son harto más
inmorales que los que, bajo ciertas condiciones,
penalizan un fracaso individual, localizable,
incluido el de los directivos. A nadie beneficia un
Expediente de Regulación de Empleo y en el impactante
caso de Spanair tendremos la oportunidad de
verificar las consecuencias de una decisión que
casi con toda seguridad no guarda relación directa
con el accidente, pero que hace planear la sombra de
una duda ominosa y con dudas no se hacen negocios.
viernes 22 de agosto de 2008
La última canción del verano
El Puerto? La playa se ha quedado solitaria y la
arena esta fría. Unas nubes grises y distantes
ocultan un sol tibio. Todavía es agosto, pero en
la Bahía de Cádiz se despliega antes la luminosa
guirnalda de la lejanía. El mar trae y lleva los
besos del verano. Es su oficio. Convertir en arena
de reloj los humanos anhelos. En unas semanas,
¿qué quedará de nuestras alegrías efímeras? El
telón está a punto de caer... y tú partirás. El agua
gris de plata, las dunas blancas, el viento suave
pero constante: la tarde parece un paisaje del Mar
del Norte. Este gaitero extraviado es un heraldo
del otoño, el bajo continuo de las últimas olas.
Los paseantes cruzan a su lado y le dejan su óbolo,
la melancólica prenda del final del verano, la
propina del frío. Cuando queremos buscarlo
para agradecerle su triste sirena de barco
migratorio, su errante melodía sin consuelo,
ya se ha esfumado. ¿De verdad estuvo aquí? Un
último rayo de sol y las barcas inmóviles se
hundirán en la noche perpetua. Es la última
canción del verano y nosotros, agradecidos y
felices, mojamos nuestros pies a la orilla del mar,
como quien guarda unas flores entre las hojas de
un libro. Tratamos de recordar este momento y
que su postrera luz nos acompañe hasta el año
que viene.
jueves 21 de agosto de 2008
Una lengua alienígena
ocupación de la Llanura Panonia por las siete
Tribus Magiares. Estos pueblos nómadas
procedían de los montes Urales o, más al norte
de Rusia, de la Península de Kola. A lo largo de
diez siglos dominaron la Europa transdanubiana
y alcanzaron su apogeo durante la monarquía
bicéfala de Austria-Hungría. Tras la Primera
Guerra Mundial su territorio se redujo en dos
tercios, tras la Segunda Guerra Mundial fue
la única nación que se reveló contra la Unión
Soviética, en1956, doce años antes de la
Primavera de Praga y treinta y tres años
antes de la caída del muro. O al menos eso
es lo que dicen los libros de historia e incluso
Google, pero nadie avisado ignora que este
pueblo orgulloso de sólo diez millones de habitantes
(del tamaño y población de Andalucía) es de
origen extraterrestre, como confirman muchas
y variadas fuentes. Cuando el célebre físico nuclear
italiano Enrico Fermi se preguntaba obsesivamente
por la ausencia de vestigios de inteligencia
ultraterrena en el universo, su colaborador
Leo Szilard, precursor de la bomba atómica,
lo miró fijamente a los ojos y le dijo muy en serio:
“ya estamos aquí, nos llaman húngaros”.
Y es que los magiares han desarrollado una
misteriosa capacidad para la ciencia y la tecnología,
reconocida por una decena de premios Nobel
(recordemos que España apenas llega a siete,
de los cuales cinco no cuentan porque son de
Literatura), que ha producido, entre otras muchas,
las siguientes invenciones y descubrimientos, a cual
más inquietante: el bolígrafo y el carburador, la
bomba H y la vitamina C (fuente de la eterna
juventud), el ordenador y el Basic, la holografía...
Aparejos todos de muy extendido uso y
absolutamente requeridos para construir una
nave espacial como las de Star Trek y asegurar
una larga travesía, en la que el aburrimiento
intergaláctico se puede evitar (o no) visionando
“Casablanca”(Michael Curtiz se llamaba en
realidad Manó Kertész Kaminer) o practicando
cálculo manual con el endiablado cubo de Rubik.
Como se ve, a poco que se investigue, no se hallará
ámbito de la tecnología humana donde no aparezca
un húngaro extraterrestre. La mayoría de ellos,
por costumbre o educación, se someten a las
convenciones humanas, otros como Henry Houdini,
Johnny Weissmüller o Bela Lugosi han hecho
exhibición sin pudor de sus facultades sobrenaturales.
Por cierto, que Hungría tiene el índice más alto
de suicidios y el menor de creencias religiosas,
lo cual, a todas luces, no es sino una forma de
ocultar las misteriosas transmigraciones a las que
han sido siempre muy aficionados los extraterrestres.
Por algo ilustró Stanley Kubrik las apariciones del
monolito de “2.001 Una Odisea en el Espacio”
con la música cósmica del húngaro György Ligeti.
La lengua magiar es la única no indoeuropea del
continente, con el estonio, el finés y el vascuence.
Cualquier turista en Budapest podrá comprobar su
origen absolutamente sideral, con todas esas K’s
como naves nodrizas y esos acentos voladores como
cazas. Para un terrícola es imposible entenderse en
este idioma. Durante el Imperio se hablaba el alemán
como lengua franca y, durante el control soviético,
el ruso, por eso nadie habla todavía inglés. Esto es
un problema grave para el desarrollo económico de
Hungría: Budapest sería una inmensa Barcelona
y Madrid, Viena. Budapest, cuando más y mejor ha
crecido, ha sido en el ámbito germánico. Pero los
húngaros son extraterrestres y pueden permitirse
una lengua minoritaria, emigrar, vivir de sus inventos.
Me pregunto qué sería de nosotros, los iberos, los
terrícolas mas pegados al terruño del planeta,
criaturas casi del subsuelo, si nos decidimos un día a
abrir de par en par las entornadas compuertas
de la torre española de Babel.
miércoles 20 de agosto de 2008
Donde van los aviones
hecha del mundo: algodones rizados sobre la
jungla esmeralda del Yunque.
El Castillo del Morro, galeón de piedra y cielo,
a los pies de San Juan de Puerto Rico -palmeras
verdes, casas de colores- resistiendo el embate
del huracán de los siglos.
El olor a tahona y pan caliente de las calles de
Malá Strana, las flores de hielo en el parque de
Petrin, la nieve sobre el Puente, la miel dorada
de la cerveza y la espuma del Moldava.
Los castillos del Rhin y el cuerno del cazador,
la sirena en la roca, un barco que se aleja por las
olas del bosque bajo la luna de un piano romántico.
Los puentes sobre el Neva, las paredes amarillas
del Crimen y el Castigo a la luz de las noches
deslumbrantes, hermanas del hielo y de la taiga.
Las cúpulas del Kremlin al ocaso. Moscú: granito rojo
y ajedrez secreto. Liturgias sumergidas en el íntimo
lago de los cisnes.
El Gran Canal por la Academia, azul y transparente
igual que un río añil de lava, apartando barrancos
de belleza.
Cúpula de Santa María de las Flores, tejas rojas y
cenefas serpentinas, mármol y carne: la primavera
de los dioses por el Arno.
Tenerías de Marruecos, perfumes ácidos, rosas y
almizcles para la mirada azul, gastada, del desierto.
Los alucinados avisos de Time Square, su eléctrica
pesadilla, los rascacielos de plata, las columnas del
mundo.
Los ojos limpios de mi hija, echando luz al pasar
estas postales, mientras su voz diminuta de cristal
gorgotea: “má, má, má” (más, más). Sus ojos, ajenos
a la muerte, las alas del más seguro cielo, donde van
los aviones.
martes 19 de agosto de 2008
El Jugador Catódico
canales que retransmitían la misma
fórmula televisiva: la presentadora solitaria
en la alta noche junto a un panel de pasatiempos
infantiles simulando que no recibía llamadas,
mientras (supongo) ardía la tragaperra telefónica,
desbordada de euros sin respuesta. El timo no
está sólo en la composición imposible de los
paneles, sino, sobre todo, en transmitir una
inquietante sensación de soledad y lástima:
princesas aparcadas en los televisores suplicando
un ring. Mi reino por una llamada en ronda rápida.
¿Cuántos no echarán el óbolo de la pena al
desagüe opulento de los trileros catódicos?
Además de un ejemplo visible de la precariedad
laboral y de la general estulticia (¿para esto vamos
a dar el apagón analógico?) la abundancia
de estas emisiones (¿qué pingües beneficios
no generarán?) son un indicador más de la que
está cayendo.¡Qué tiempos aquellos en que
gastábamos nuestros dineros en los teléfonos
eróticos, en las brujas y los pitonisos! Nos sobraba
tanto el capital de nuestras especulaciones
inmobiliarias que necesitábamos asesores
vestidos con túnica y baraja para reorientar
nuestras inversiones temporales: que si el
amor, que si la salud, que si el cambio de trabajo.
Pero ahora hay que hacer negocios menores,
luchar la peseta, trincar un ramo de euros para
llenar el depósito y comprar unos cartones de
huevos o unos tetra briks de leche, y echarse un mal
trago de vinazo al sol, algo, lo que sea, para
olvidar las facturas de los operadores. Pero llega
la hora y mi televisor es Las Vegas. Lo juro,
mañana, mañana se acaba todo.
lunes 18 de agosto de 2008
Una estatua de ayer
están proliferando estatuas como setas, pronto
no habrá plaza o rotonda que no tenga su gnomo
de bronce, abultado y deforme, como un hongo.
Entre todas destacan, por su fealdad, las estatuas
gremiales y folclóricas que petrifican el anhelo
de inmortalidad de la cofradía o asociación vecinal
que las sufraga. Quien no haya ayudado a erigir
una estatua, no es nadie, a lo sumo un convidado
de piedra, ya lo avisaba el escultor del mausoleo
de Don Juan:
Mañana os contemplarán
los absortos sevillanos;
y al mirar de este panteón
las gigantes proporciones,
tendrán las generaciones
la nuestra en veneración.
Mas yendo y viniendo días,
se hundirán unas tras otras,
mientras en pie estaréis vosotras,
póstumas memorias mías
¡Qué nostalgia de las plazas antiguas, donde
maduraban los árboles espléndidos y sobre la
cabeza patricia de los desconocidos próceres
se cagaban las palomas jubilosas o se estrellaban
los balonazos y las risas de los niños! Eran una
metáfora visible del olvido, cenotafios de la nada
alzados por encima de nuestras preocupaciones.
Pero ahora hay que caminar con cuidado y sortear
estas modernas estatuas, descabalgadas en
ocasiones de los pedestales o camufladas en mitad
de la vía, y cuyo impacto imprevisto -ya que tienen
la mala educación de no apartarse al paso (hasta
eso llega su orgullo) nos pueden ocasionar, además
de un disgusto estético, una lesión monumental.
En Sevilla hay, sin embargo, unas estatuas
preciosas, como el monumento a Bécquer en el
parque de María Luisa, que es una delicada
alegoría del amor, una rima hecha de piedra y
bronce alrededor de un sauce centenario que,
en lugar de llorar, parece que suspira. O el
impresionante mausoleo de Joselito el Gallo en el
Cementerio de San Fernando, con toda la tragedia
del héroe joven partido por el toro, con las venas
vacías y la carne blanca de mármol y de gloria.
Y lo natural es que sea así en la ciudad que ha
hecho carne y alma de la madera, con sus cristos
portentosos, con sus vírgenes floridas.
Estas cosas pensaba yo el otro día, cuando, al
pasear por el parque, otra vez de María Luisa,
me topé, en un rincón algo destartalado un fiero
busto de bronce, flanqueado por dos sencillas
columnas toscanas: SEVILLA A DANTE. El lugar
tenía la secreta poesía de los jardines cerrados
y el adusto candor de la sinceridad.
domingo 17 de agosto de 2008
Valores Olímpicos
los deportes olímpicos de exhibición la FIDE
instituyó hace unos años el control antidopaje en
sus campeonatos. La medida suscitó la respuesta
airada y razonable de los Grandes Maestros
pues valía tanto como suponer que existen
sustancias con la facultad de mejorar el
rendimiento de la inteligencia. Las experiencias
psicotrópicas pueden haber estado en el origen
de alguna literatura alucinada (de Quincy, Poe,
Ginsberg), pero una conciencia alterada es
incapaz de producir una obra de creación
verdadera, como lo es, por cierto, una partida de
ajedrez. Resulta magnífico este menosprecio
de los ajedrecistas por los refuerzos químicos,
nunca he entendido la excesiva importancia
que se otorga a estos fraudes en los medios
de comunicación que, de alguna manera,
incrementan su prestigio. De acuerdo,
nos vienen a decir, los atajos para ser el más
rápido están clausurados en las pistas deportivas,
pero en otros ámbitos, personales o laborales,
se puede vender el alma al diablo con garantías
de éxito. Y puede que sea así, pero ¿qué es el éxito?
Aquí es donde el deporte profesional (y no sólo
el deporte, claro) no acierta a dar una respuesta
satisfactoria. La sobrevaloración de las
capacidades físicas más allá del desarrollo
armonioso del cuerpo y del valor que, en sí mismo,
tienen el esfuerzo y el espíritu de sacrificio,
son uno de los errores de la actual cultura de masas.
Por eso admiro tanto a los atletas de las
disciplinas con menor rentabilidad económica
o política. Nunca serán ídolos de barro. ¡Oh Deporte,
tú eres el Honor! Los títulos que confieres sólo
tienen valor si se adquieren con absoluta lealtad
y perfecto desinterés. Escribía el Barón de
Coubertin en la “Oda al Deporte”, presentada
anónimamente al certamen literario de los JJOO
de Estocolmo en 1.912. Porque en el origen del
olimpismo moderno también estaba la exaltación
de los valores espirituales. Y por eso en los primeros
juegos se organizaban festivales artísticos
paralelos que han degenerado en la glorificación
de las arquitecturas arrebatadas y de las
ceremonias de inauguración y clausura. Hay que
recuperar los valores olímpicos, cuerpo y mente,
para que nuestro mundo no sea tan sólo, más rápido,
más alto y más fuerte, sino más puro, más noble
y más bello.
sábado 16 de agosto de 2008
Ikea mon amour
Snorri Sturluson y, tras mi porfía con el tornillo
Ragnarök y las tuercas de Odín, creo que podría
contratarme como carpintero en una escuadra
vikinga. Navegaría por mares congelados y
lúgubres, feliz de mi destino entre las cuadernas
de pino y las duelas de roble. Rumbo a Terranova
junto a Erik el Rojo o asolando imperios meridionales.
Yo creo que las grandes contribuciones de Suecia
al mundo moderno no son ni la dinamita ni el
premio Nobel, ni siquiera las turistas turgentes,
sino la gimnasia sueca y la internacionalización del
bricolaje. Maldiciones ambas cuya sola mención
ya produce agujetas. Todos los veranos la aurora boreal
me envía avisos azules y amarillos por el cielo, pero
qué poco valen mis propósitos firmes, otra vez
escucho el canto de las valquirias: me reclaman
los fiordos, los bosques de la taiga, los géiseres de
Islandia y hasta la Policía Montada del Canadá.
Y aunque sepa que a mis manos doloridas les acechan
sumergidos icebergs en la caja de herramientas, ¿quién
podría resistirse a los encantos del Círculo Polar? Tras
las horas perdidas entre tablas y martillos, extraigo, sin
embargo, una lección positiva -no importa que las patas
de la mesa no encajen- las miradas triunfales de mi mujer
y de mi hija, cuando muestro mi trabajo de ártico
artesano, levantan mi autoestima. Es entonces cuando
de verdad me hago el sueco y hago dejación
alevosa por unas horas de otras tareas domésticas
cotidianas: que para eso me he ganado, un año más,
mi puesto en la tripulación de Erik el Rojo y me
aguardan los mares procelosos y gélidos.
viernes 15 de agosto de 2008
Filosofía de papel mojado
fresa silvestre cuando nos demorábamos en los
pabellones del jardín el último verano en Friburgo.
Yo anotaba frivolidades sin cuento en las páginas
de su diario, junto a las máximas de los filósofos
que ella había copiado con su letra redonda y menuda.
Luego ella las iba recortando y las arrojaba al agua
de una fuente, y se alejaban, como barquitos de papel
a la deriva:
HERÁCLITO
“Nadie se baña dos veces en el agua de un mismo río”.
Pero las ideas fijas patinan una y otra vez en el lecho de los ríos congelados.
DESCARTES
“Pienso, luego existo”, masticaba el rumiante.
MARX
“La religión es el opio del pueblo” y el comunismo el
opio de las clases medias. ¿Y las élites? Las élites trafican.
NIETZSCHE
“Lo que no me mata me hace más fuerte”, decía
Superman aferrado a la kriptonita y Sansón acariciando
las tijeras de Dalila.
EINSTEIN
“Dios no juega a los dados”, pero baraja las cartas y
hace rodar la ruleta del universo.
SAN AGUSTÍN
“Ama y haz lo que quieras”: antorcha en mano el
ecologista pirómano expresaba su amor irrefrenable
por los bosques.
HOBBES
“El hombres es un lobo para el hombre", aullaba el
licántropo...Y para la mujer, se lamentaba una
Caperucita feminista.
WITTGENSTEIN
“De lo que no se puede hablar, hay que callar”.
-No me sean cotillas-, conminaba, displicente,
la hermana superiora.
SÓCRATES
“Conócete a ti mismo”, ¡Y no aceptes caramelos
de desconocidos!
HEGEL
“Nada es, todo deviene”, viene de todo, pero nada de nada.
Aunque no volveré a ver a Astrid la dulce, la fruta
roja de la Selva Negra, que copiaba aforismos junto
a un río.
jueves 14 de agosto de 2008
Argumentos de autoridad
sobre todo cuando tengo que presentar alguna
documentación. Da igual si se trata del control de
acceso a un aeropuerto o de la renovación del carné
de la biblioteca. Son como un insondable desfiladero,
un precipicio donde aguardan, agazapados, los
monstruos abisales de la burocracia, con los
oscuros ojos de las pantallas en negro y los datos
extraviados. Lo mismo me sucede al acercarme
a un puesto de seguridad o de información, sé que
lo más probable es que me detengan allí mismo y
un sudor frío me recorre la espalda. Ignoro los cargos
que me imputarán, pero la Ley ¿quién la sabe?
Para las personas asustadizas siempre hay dispuesta
una norma ignota e infringida, como una bala en la
ruleta rusa. Todavía no se ha dado el caso, pero,
como soy de natural obediente, creo que aceptaría
la condena con resignación. Por otra parte estoy
convencido de que la policía patrulla las carreteras
con el solo objeto de capturarme y no puedo abrir
una carta con membrete sin despedirme antes, por
si acaso, de mis familiares más queridos. Estoy
convencido de que este trastorno no
ha sido inducido por las lecturas de Kafka, más bien
al contrario, él es el gran héroe de nuestro tiempo, y
sus pesadillas son el único remedio conocido para
transitar los turbios laberintos de la vida moderna
con algo de aplomo, un argumento de autoridad.
Mientras escribo estas líneas algo o alguien aporrea
la puerta de mi casa. La abro. Se trata de unos hombres
uniformados que me piden que les acompañe.
No protesto. No pregunto ¿Para qué? Estoy dispuesto
a admitir mi culpabilidad sin pruebas, se trate de lo
que se trate. Sólo les pido un minuto para terminar
esta columna. Algo habré hecho mal, me digo con
desolada resignación
miércoles 13 de agosto de 2008
Restauraciones
pero han desaparecido su galería de humo y sus
fantasmas románticos. Ahí están, desde luego, los
techos altos y encendidos, con pinturas neoclásicas
y molduras de dorada marquetería, la balaustrada
de columnas salomónicas que se asoma al comedor...,
pero se han evaporado la atmósfera del Imperio y
la joi de vivre de la Belle Époque. Para quienes
tuvimos la suerte de visitarlo hace diez años
resultaba increíble que un café así hubiera sorteado
dos guerras mundiales, la invasión nazi y el yugo
soviético. Ahí estaba, varado, como un galeón
austrohúngaro en el que se atendía al cliente con
estudiada majestad y delicada parsimonia. Los
modales de hoy son los de un starbuck cualquiera,
con sus sillas de acero, sus mesas de metacrilato y
un teclado electrónico donde una vez hubo un piano
de cola y un cuarteto de cuerda. Sucede en tantos
sitios... es el precio de la modernidad, la lija que
devora la pátina del tiempo, el sedimento de la historia.
En Sevilla, donde se han perpetrado auténticos
adefesios de lesa urbanidad, han restaurado el
imponente templo del Salvador, que se caía a pedazos,
y es un hecho admitido que la restauración es
modélica, pero la blancura de titanio recién
estrenado de la iglesia es ahora la de una sala de
exposiciones en la que la máscara reemplaza a los
misterios. En Córdoba hubo una vez un puente romano...
ahora hay un carril para bicicletas sobre el río Guadalquivir,
jalonado por luminarias de bricolaje. En el pueblo
de Hervás el adobe de la vieja judería se ha ido
remozando con perlita o similar y se ha barnizado
el entramado de las maderas hasta generar un
merengue pringoso para la vista, como una pesadilla
de cartón piedra.Yo creo que en todos estos casos
se produce una contradicción entre la finalidad
original del espacio recuperado y los usos y costumbres
actuales. Esto los hace anodinos y sin espíritu.
Se argumenta en contra que hay que conquistar
plazas nuevas para la ciudadanía, pero, además
de los espacios verdes, ¿no necesita el alma jardines
para la memoria y la melancolía? Estoy en contra de
todas las restauraciones, porque impiden que los edificios
cumplan el fatal destino para el que fueron construidos,
el de ser ruinas y objeto de postrera y feliz meditación.
..
martes 12 de agosto de 2008
El París vacío de Eugéne Atget
volumen que Taschen dedicó a la obra del
fotógrafo francés Eugéne Atget (1857-1927),
dentro de la colección que festeja los 25 años del
sello alemán. Las fotografías recogidas trasladan
al espectador a las calles secundarias, a los
escaparates humildes, a los oficios y comercios
del París en el que todavía vivía Marcel Proust,
aunque lo que encontramos en ellas no es el mundo
suntuario de los Guermantes, ni la torre Eiffel o
los excesos de las Exposiciones Universales,
sino el spleen que había cantado Baudelaire
en sus “Petits Poémes en Prose”, el París de los
cabarets desvencijados, de los prostíbulos, los
gatos y los traperos, que latía tras los desmontes
y bulevares de Hausmann. Eugéne Atget fue el
fotógrafo anónimo de un París vacío, sabemos
muy poco de él, en su juventud quiso ser marinero,
actor y pintor, intentos en los que fracasó
sucesivamente, a partir de 1898 se dedicó sin
descanso a fotografiar el viejo París con afán
documentalista, de lo que hizo un pequeño y
rentable negocio. Pero sus fotografías, quizá por
los rudimentario de su técnica y aparejos,
producen una desasosegante sensación de
extrañamiento. Walter Benjamin dijo de él que
era el detective en el lugar del crimen, y el crimen
no es sino el aura de París, la estela de lo que
acaba de pasar: detrás de cada imagen, al cabo
de la esquina, se destila la absenta de Verlaine,
el ruiseñor roto de Oscar Wilde. Poco antes de
morir fue rescatado del olvido por la fotógrafa
americana Berenice Abbot, -quien lo retrató
y adquirió toda su obra- y por los surrealistas
que adivinaron en sus imágenes las inquietantes
soledades de Magritte o de Chirico. Aparentemente
nada de esto le interesó y parece que pidió que
borrasen su nombre de las reproducciones que
publicaron. En el retrato de Abbott se ve a un
anciano vencido que desaparece en el vapor blanco
de los nitratos. Yo quiero pensar en un hombre
triste que fracasó en el sueño de ser otros y que
se fue borrando a sí mismo, paso a paso, en cada
fotografía, hasta disolverse en nuestra mirada.
Como en un espejo.
lunes 11 de agosto de 2008
Zaguanes
a sus zaguanes. Las fachadas de las casas,
luminosas o descascarilladas, son el traje de
domingo o el paño gastado de los días,
las máscaras de la calle que nos dan la imagen
superficial de las postales. Los zaguanes, en
cambio, son el mirador de la vida interior,
la atalaya humilde de la realidad. Los zaguanes
tienen algo de teatrillo cuya contemplación,
apenas entrevista y siempre velada por la luz
de los patios interiores, invita a la ensoñación.
Una ensoñación casi siempre triste en la que se
puede escuchar la voz remota de quienes
fueron dejando día a día su alegría y su pena en
los umbrales, junto a los mismos olores, junto
a los mismos ruidos o silencios de vecindad.
Zaguanes desportillados de los pueblos del mar
que parecéis barcas rotas donde la lluvia, que
nunca veremos, será infinitamente melancólica
en otoño; zaguanes encalados del mediodía que
adornáis de claveles y geranios vuestra blanca
tragedia; zaguanes de mansiones europeas,
oscuros como grutas, bajo la sombra frondosa
de árboles legendarios; zaguanes salitrosos de
Venecia, puertas del laberinto... cada vez que
me asomo a vosotros, me devolvéis el falso
recuerdo de una existencia alternativa: sólo
unos pasos más y estaríamos en casa.
domingo 10 de agosto de 2008
Georgia on my mind
canción que arrastra toda la pena negra
del sur de los Estados Unidos, de esa dixiland
de plantaciones de algodón y mansiones
españolas que el viento se llevó. Ray Charles
y Ella Fitzgerald, con sus voces de humo y
terciopelo, convirtieron esta canción en el
himno oficioso de Georgia, el último estado
confederado, cuya capital, Atlanta, fue sede
de los últimos JJOO del funesto siglo XX.
Camino del Puerto de Santamaría, el sur
del sur de España, escucho a Ella cantar como
los oscuros ángeles del flamenco cuando paso
junto a Jerez y caen impasibles las bombas
sobre Georgia, la república caucásica, al sur
del sur de Rusia: No peace, no peace I find/
Just this old, sweet song/Keeps Georgia on
my mind.¿Quién puede encontrar paz interior,
frente a las brutales imágenes de los desastres
de la guerra, de los dolorosos ancianos
y campesinos de Georgia, sufridores de mil
batallas, irónicos compatriotas de Stalin?
Y no puedo dejar de sentir la enorme frivolidad que
supone hacer literatura de la guerra, mientras
los aros olímpicos ruedan por las pantallas como
caen las bombas sobre Georgia. También los Beatles
jugaron con el doble significado topográfico:
And Moscow girls make me sing and shout/
They Georgia's always on my my my mind.
La canción: BACK IN THE USSR, pues eso.
sábado 9 de agosto de 2008
China Milenaria
las deslumbrantes coreografías de los
JJOO, cuando supimos que el director
sería Zhang Yimou, el autor de Hero,
cima estética del cine épico. Por eso,
consignar una protesta más contra la
dictadura comunista de China, además
de una obviedad, sería como emular a
aquel gacetillero que en los años cuarenta
escribía en su periódico español: “Aviso
por penúltima vez al Kremlin”, etc.
Hoy toca admirar a China y deplorar
que los comentaristas de TVE fueran
incapaces de balbucir más conceptos
que los de “China Milenaria” o “Gigante
Asiático” frente al prodigio que
retransmitían. Decir “China Milenaria”
es como lo del “África Profunda”,
adjetivos que ignoramos si embellecen
o redundan y que sólo valen para
prospecto de viajes. Milenario, deducimos,
viene a ser todo lo que es a la vez lejano
y antiguo y, según esta lógica, histórico
sería lo cercano y antiguo también.
España es histórica y China Milenaria.
Pero, fuera de los intereses comerciales
de los modernos juegos, la luz que brilla
en el pebetero de Pekín es la de la
Milenaria Grecia, verdadera lámpara del
mundo, frente a los oscuros mantras del
Budismo Tibetano o el Libro Rojo de Mao.
La luz de esta antorcha es imperecedera,
y más fuerte que todas las acusaciones.
viernes 8 de agosto de 2008
Mil Caracteres
de citar al maestro quien en El Otro, el Mismo
escribe: Es curiosa la suerte del escritor, al
complejidad. De los astros podemos