martes, 22 de abril de 2014

Donde empieza el Caribe

(In memoriam G. G.-M.)

Triana era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas…


Foto: Viernes Santo 2014, Virgen del Patrocinio (Cofradía del Cachorro)
sobre el Puente de Triana.




jueves, 17 de abril de 2014

Semanas Santas (Trujillo-Cáceres-Sevilla)

No conoce "uno" la Semana Santa de Trujillo, pero sí y mucho, la ciudad (es un decir), por los tantísimos años vividos en Cáceres, de la que, ¡qué cosas!, tampoco conoce uno -otro- su Semana Santa, por los muchos años nacido en Sevilla, donde, a pesar de los casi veinte años ya vueltos a vivir aquí, se sigue uno moviendo (laus Deo!) como Kipling en Londres o John Wayne en Innisfree, esto es: inglés del exilio, irlandés de ultramar. Puede así disfrutar de todo lo bueno y ver con más distancia haberes y deberes, virtudes y lo otro.

Vaya este preámbulo por la mucha ilusión que me ha hecho que tanto de Trujillo, como de Cáceres, me hayan pedido este año poemas para distintos actos y libros sobre sus respectivas Semanas Santas. Yo, que soy autor de un libro sobre toros, y otro que se llama, no te digo más, "Cuaresma", no acepto -sin más- la cruz del casticismo, la chapela que alguno, más hortera, más cateto y en definitiva, más parecido a Gabriel y Galán (en fin: ni eso, ya quisieran) puedan poner a esta materia poética. Como en los poemas de amor el riesgo es doble o triple, pero hay que subir este ochomil, tirarse del trapecio, como lo hicieron Lorca, Machado (los dos) o Girondo, en su arte cada cual.

En Trujillo, han publicado “Semana Santa (2014)”, un antología de poemas que ha coordinado el Coro de Santa María de la Victoria de Trujillo y ha publicado el Ayuntamiento.


En Cáceres, el sábado llamado de Pasión se celebró el acto de exaltación a la Semana Santa y la saeta: “Aún mueve las piedras”, coordinado no por el Ayuntamiento en este caso, sino por “La Tortuga Producciones”. Mi compadre, Pablo Pámpano, es autor del cartel y creo que en el díptico daban mi poema sobre la noche de los crucificados, que fue ayer, el miércoles santo, de Sevilla.



Aquí, en Sevilla, después de cuatro días en la calle y un preámbulo que me concedí soy ya, aunque sea fea la comparación, un eccehomo en las últimas a la espera de ser transportado en su urna, nos queda sin embargo lo más grande: por la doble vía, la del inmenso gozo en las calles de Sevilla y por la Vía Dolorosa de Nuestro Señor Jesucristo, única Luz del Mundo.

Aquí, los poemas, con una coda a lo Oliverio Girondo, que añado para hoy, Jueves Santo, que sale en Sevilla el popular paso de “los caballos” (La Exaltación de Santa Catalina).

SEMANA SANTA (Trujillo-Cáceres-Sevilla)

Trujillo

MIÉRCOLES DE CENIZA

Alta viene la muerte por el hacha del frío y no ha salido nadie a combatirla. Los soldados huyeron con el joven monarca y su excéntrico séquito de bufones y magos. 

Fuerte viene la muerte por la estepa de hielo y los verdes pantanos del insomnio. Los gallos degollaron a la aurora y ahora la luna ondea como un cráneo sobre el estandarte de la noche. 

Larga viene la muerte como un río y sus viejos arqueros han tensado la sangre. Las huestes mercenarias ocupan la muralla y fuerzan las puertas de la ciudad. 

Inermes, vestidos con harapos, salimos a su encuentro ungidos de ceniza.

Dicen que no tenemos esperanza, pero en la frente llevamos una punta de fuego.



Cáceres 

MIÉRCOLES SANTO

Las manos transparentes de los niños muertos atraviesan la crestería cerrada de los balcones  para tocar la madera, pero tú no los ves. Hay un rumor continuo de abanicos románticos en la calle vacía, pero tú no los oyes. Es la hora alta de los crucificados, cuando crece la tristeza de los patios y florece la angustia rota de las cancelas, cuando la piedra lunar atrae a los desaparecidos; pero tú solo percibes el desamparo dulce  de su congregación, la estela melancólica de la ciudad. Hijo del limo, ¿por qué estás ciego? ¿Adónde huiste la noche de Getsemaní?




CALCOMANÍA DEL JUEVES SANTO 

-Plaza de la Encarnación, Sevilla-

                                                 (Con Oliverio Girondo)


Bajo el arco fungoso de “Las Setas”,
pasan dos jacos de picar sin peto,
una nube -apuntalada por grietas-
y la “Crucifixión” de Tintoretto.

Como el paso no cabe en el cuarteto;
la muchedumbre –vulgo: bulla- aprieta,
-Los Negritos se alejan in the Ghetto-
entre las sogas Cristo es un atleta.

Enfila la calle Orfila la fila
de nazarenos blancos y violetas,
y –de pronto- una gota, luego un rayo,

que a los cielos airados desfibrila,
y galopan sin freno Los Caballos,
y mueren de bronquitis las saetas.


Fotografía: http://corrientedesantiago.blogspot.com.es/



martes, 15 de abril de 2014

La del Tiro de Línea (lunes santo)

Cazos de caracoles vivos, manojos de puerros, claveles reventones y geranios puntillistas, merluzas y sardinas de plata, huevos esmaltados de corral, vetas de pórfido o ternera roja, tanque de salmuera, matas de perejil. En el mercado de abastos, sobre las descoloridas imágenes de vírgenes y cristos que tapizan los puestos -almanaques gastados por el tiempo y el dolor- rueda la lágrima de miel de la torrija. Bajo una luz de acuario y yerbabuena el barrio, como un enjambre hondo, se arremolina en la calle con las manos atadas de una misma pasión. A las esquinas traen el cáncer, la hipoteca, los estudios partidos, el infinito paro y la alegría que lleva siempre consigo la pobreza cuando sube al balcón de los cielos perdidos. Y en este mundo antiguo de vecinos y especias, es el Cautivo, ahora, en toda su soledad, la esperanza del pueblo y del planeta.
Imagen: http://cofrades.pasionensevilla.tv/

domingo, 13 de abril de 2014

La Borriquita

Blancas como las azoteas de Moguer pasan las túnicas cándidas de los niños nazarenos de Sevilla. Han bajado las nubes de los cielos que ahora rozan con las palmas amarillas de luz. Y Dios está azul. Solo la espina roja de Santiago, clavada al corazón del transparente lienzo de sus antifaces, evoca acaso la sangre del Cordero mientras descienden por la rampa cubista de la plaza. Rompeolas de la memoria, la Iglesia del Salvador levanta contra el mundo, el demonio y la carne, la gran muralla bermeja de la inocencia. Sale Platero y una lluvia de luz alumbra al mundo, hecha de rosas rosas y de rosas de oro. Lleva en su lomo al Cristo juanramoniano de los Evangelios y todos somos niños otra vez, a la busca del tiempo soñado.



domingo, 30 de marzo de 2014

Aguilas, 14

[Sevilla]

"Tantos, nunca creí que la muerte hubiera deshecho a tantos"
(T.S. Eliot, "La Tierra baldía")

Llueve sobre la casa de mi madre.
El agua descuartiza las paredes.
De pie, bajo la lluvia, ante el umbral contemplo
cómo pasan las sombras,
cómo pasan las sombras de las sombras,
a través de los siglos y los siglos.

Este solar,
que alguna vez fue huerta, cuadra,
horno de pan, taller de alfarería,
vio desfilar las águilas de Roma
y ya llevaba mil años habitado.
Desde aquel remotísimo fenicio
que atravesó la niebla y los pantanos
y cobijó sus sueños tras un muro
en el siglo, ¿cuál?, antes del tiempo.

En su recinto
hubo alegría y duelo;
en primavera, flores y, en el invierno, lumbre.
Engendrados y muertos en la casa
se sucedieron hombres y mujeres
bajo los alminares y los galeones
como las hojas de los árboles.

Acaso pudo dar refugio
a un soldado de Urbina
o alojar a una escuadra de dragones franceses,
y escuchó –esto es seguro-
las radiadas arengas de Queipo de Llano
(“y nadie se atrevía a asomarse a las ventanas”) .

Sentados a la mesa cuatro niños
atienden a sus juegos.
Mi madre borda y canta,
junto al balcón su padre lee
y una luz cereal ilumina la estancia.
Es una tarde clara de verano.
La última. 

Pasajeros terrestres de la casa.

http://sevilladailyphoto.blogspot.com
La calle Águilas, en el centro del centro de Sevilla, y que ya ha aparecido aquí en otras ocasiones. De hecho el poema que sigue no es sino una larga paráfrasis de lo que dije entonces, en el aniversario de la muerte de M. G.-P.




lunes, 10 de marzo de 2014

Miércoles de ceniza

Alta viene la muerte por el hacha del frío y no ha salido nadie a combatirla. Los soldados huyeron con el joven monarca y su excéntrico séquito de bufones y magos. 

Fuerte viene la muerte por la estepa de hielo y los verdes pantanos del insomnio. Los gallos degollaron a la aurora y ahora la luna ondea como un cráneo sobre el estandarte de la noche. 

Larga viene la muerte como un río y sus viejos arqueros han tensado la sangre. Las huestes mercenarias ocupan la muralla y fuerzan las puertas de la ciudad. 

Inermes, vestidos con harapos, salimos a su encuentro ungidos de ceniza.

Dicen que no tenemos esperanza, pero en la frente llevamos una punta de fuego.







viernes, 7 de marzo de 2014

Completa la serie

MCMXIV --- WWI
MCMXXXIX --- WWII
MCMLXXXIX – WWW
MMXIV---¿?



lunes, 3 de marzo de 2014

Enero en la Isla León


Ese avión bimotor que anunciaba la muerte
bajo las nubes bajas de un pinar amarillo.

Ese campo de tiro y tranvías de niebla,
de cañones hundidos que disparan al cielo.

Esa plaza aguanosa de salitre y de piedra
sobre un foso de fango y arsenales remotos.

Esa negra laguna donde crece el encaje
de la sal y la cal como un hueso de luna.

Esa anfibia tristeza que golpean las olas,
osamentas de barcas y veleros varados.

Esa ancla clavada en el fondo del pecho
tatuada de herrumbre y de heces de vino.

Ese quejido amargo tras las tapias de nieve,
ortiga en la garganta y raspas de pescado.






miércoles, 26 de febrero de 2014

Hoy

GUITARRA ESPAÑOLA

Ciprés y palisandro,
potrillo de madera taraceada,
clavijero de dientes y cabeza partida,
brida y freno del llanto.
Una azumbre de vino y una baraja rota,
la mano tabernaria sobre las crines tersas,
el relincho cubista de la alborada gris.
Al borde del barranco,
el trémolo del naipe y de la gruta,
al borde del barranco,
el agua clara:
una Alhambra prendida de cristal en las cuerdas,
un manantial punzado por navajas y pitas,
el alma rasgueada de la patria.
Guitarra,
caballo de los blancos desiertos españoles,
Rocinante vencida que cabalgas
-solitaria y fatal-
bajo la luna.

(Una Copa de Haendel, Siltolá 2013)

Imagen: Pablo Pámpano

martes, 18 de febrero de 2014

Dos en la carretera


Sé que debería dar parte a las autoridades administrativas o científicas, pero no encuentro la hora de hacerlo. La cosa empezó así: yo hacía el trayecto entre Sevilla y Cáceres por la autovía cuando a la altura de la Sierra de Huelva se me encendió el piloto de la gasolina. Llovía y era de noche, así que renuncié a desviarme en busca de una estación de servicio por alguna de las carreteras secundarias que serpean entre esas remotas estribaciones de Sierra Morena, atestadas de bandidos y caníbales. No me puse nervioso: calculé que en el peor de los casos el motor se pararía cien kilómetros más tarde siempre que no corriera demasiado. Tiempo suficiente para encontrar dónde repostar. La lluvia dio paso a una niebla espesa y salvaje que me impedía leer los carteles y pronto perdí la cuenta de cuántas poblaciones me había saltado. A la altura de Mérida vi que la luna se deshacía como una pastilla efervescente sobre el Guadiana. Entonces aceleré y decidí no detenerme, aunque quizá hubiera debido hacerlo cuando pasé junto al accidente, pero me pareció que alrededor de los coches volcados y los heridos había ya gente de sobra. He perdido ya la cuenta de las veces que le he dado la vuelta al cuentakilómetros del coche. Tampoco estoy seguro de si cruzo o no los mismos lugares. Podría pedir ayuda a la chica que casi todas las noches me hace señales desesperadas sentada en el arcén, pero ya me acostumbrado tanto a ella, como a los ciervos que saltan la mediana en el otoño o a los bruscos jabalíes de los amaneceres.

Doctor, la pesadilla, por llamarla de algún modo, porque a mí me parece una escena real, es recurrente. Me levanto cerca de un quitamiedos, rodeada de cuerpos inertes, llevo un vestido blanco o rosa, manchado de sangre, pero no estoy herida. Me arrastro por la cuneta y se me rompen las medias. Me araño las rodillas. Cuando consigo llegar a la autovía me pongo a andar sin rumbo haciendo señales. No sé dónde estoy ni que ha pasado. A veces me despierto aquí, envuelta en sudor, pero la mayoría de las noches continúo en el sueño. No pasa ningún coche y yo sigo deambulando, parece que no fuera a despertarme nunca. Entonces me invade una honda desesperación de y me digo que ya no puedo más y me siento en el arcén y me echo a llorar. Justo en ese momento, un poco antes o un poco después la escena se repite invariablemente: el coche blanco con matrícula de Sevilla que se dio a la fuga aparece a lo lejos echando chispas y cuando llega a mí me embiste lanzándome al vacío hasta que me recoge el colchón. Yo comprendo que esto es una secuela lógica del accidente, pero ya no puedo más, doctor. Estoy cansada de la pastilla. No me hace nada y ya ni me la tomo. La dejo disolverse en el vaso de agua y solo miro las hipnóticas burbujas hasta que me derrota un sueño efervescente.




domingo, 16 de febrero de 2014

Mars Attacks!

El platillo volante, que no era mayor que la pila de un lavabo, se había materializado en el centro de mi biblioteca. Tras un breve pero estridente zumbido se abrieron dos compuertas y una escalera telescópica se desplegó hasta el suelo. Un segundo después descendía por ella un diminuto alienígena con la acostumbrada testuz dolicocéfala, los ojos almendrados y saltones y la piel verdosa por añadidura. Se llegó hasta mi sitio. Entre los dedos largos y viscosos traía un pen drive que dejó sobre la mesa antes de iniciar su parlamento:

-Hay que reconocer que esto del USB os ha salido bien, pero de lo demás mejor ni hablamos, no hay forma de poneros de acuerdo, esta noche destruiremos vuestro planeta y vuestra civilización, por llamarla de algún modo, se perderá en el tiempo como lágrimas en la lluvia, etc., ya sabes de lo que te hablo que para eso eres un poeta culturalista.

Lo que me estaba sucediendo era tan inconcebiblemente kitsch que no albergué ninguna duda sobre su verosimilitud, ni me engañaban ni los sentidos ni me engañaba la droga con la que habitualmente me consuelo de mi bohemio spleen. Al parecer habían contactado conmigo, por indicación de sus jefes, para que les preparara un resumen de 4GB sobre la Historia de la Cultura que incorporarían a su gran archivo interestelar.

-Bueno, majo, volvemos en dos horas y ya sabes, nada de anatomía ni de ADN, ni de disquitos dorados como los de vuestras sondas de pacotilla, que de eso sabemos más que tú. Películas, queremos películas, musicales, a ser posible y del Oeste. Ah y déjate de poesías o música sinfónica, que ya nos conocemos. De esto no se tiene que enterar nadie, tú cumple tu parte del trato y ayúdanos a completar la misión que nosotros cumpliremos la nuestra.

No me quedó claro el beneficio que podría yo sacar de esto ante la inminente destrucción de la Tierra, pero hay que reconocer que los marcianos (por entendernos) eran unos tipos simpáticos y me puse manos a la obra, comprometido con la grave tarea de preservar la dignidad de nuestra especie.

Sospechosamente no funcionaba internet y en el disco duro de mi portátil el género no se correspondía con la demanda que tan específicamente me habían encargado. Entonces me acordé del lote de películas de Pedro Almodóvar que había saldado EL PAÍS y que equilibraban una de las repisas de mi sección de clásicos grecolatinos.


Acabé pronto. El resto de la tarde, después de que recogieron lo suyo, la pasé leyendo a Homero y aguardando el apocalipsis que finalmente llegó en forma de magnífica explosión nuclear. Ignoro si este resto de pensamiento que se mece en el éter era la parte del pacto que me correspondía, pero confío en que no. No temo tanto la venganza de los marcianos como el sufrimiento al que podría someterme mi conciencia en caso de que la recuperase. Después de todo, ¿no decía Nabokov que nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad? Y además, si ya a casi nadie le interesaban ni el Partenón ni las películas de John Ford, ¿no es cierto?




Encuentros en la Tercera Fase

Homenaje a Machado en la Casa de los Poetas de Sevilla

Antonio Machado, una honda palpitación, es el título de las jornadas de homenaje organizadas por La casa de los Poetas y las Letras de Sevilla en conmemoración del 75 aniversario de la muerte del poeta. Son palabras procedentes del prólogo que en 1917 escribió para "Soledades", uno de los libros capitales de la lírica universal: "pensaba yo que el elemento poético no era la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una honda palpitación del espíritu; lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia al contacto del mundo."

El viernes 21, a las 20:00h, en el espacio Santa Clara (Calle Becas) tendré el honor de participar en este homenaje junto con los poetas Rafael Adolfo Téllez, José Ángel Cilleruelo y Francisco José Cruz. Intentaremos descifrar, con la lectura de nuestros poemas, el eco del gran maestro, aquel que dejó dicho que la Poesía no era sino palabra en el tiempo. 




El programa completo se puede descargar aquí.

lunes, 3 de febrero de 2014

Bombones de Viena

Era la clase de muchacha a la que uno hubiera llevado a patinar al Stadtpark. ¿Por qué estaba en la casa? Grandes rizos negros, como ramas de sauce colmadas, caían sobre sus hombros blancos y altivos. No era como las otras. No había en ella la mueca estridente y pintarrajeada de la muñeca rota, ni exhalaba el perfume carnoso de las orquídeas podridas. La pianola taladraba las paredes tapizadas de raso y el Bello Danubio Azul amenazaba con inundar la habitación, arrastrado por la trepidante locomotora de las teclas.

-¿Bailamos?

Por un momento pensó en Hermine, a la que hacía apenas una hora había despedido en el recibidor de la planta noble de su mansión de la Ringstrasse como todos los domingos. La bella y voluptuosa Hermine cuya larga cabellera rubia iba enhebrando miradas como la estela de un cometa cuando patinaban juntos. Hermine, un gatito que se ovillaba con cada golosina que recibía,  tan fría como caprichosa.

-¿También a ti te doy miedo?

Un perfume de violetas umbrías inundaba la estancia. En algún lugar del corazón algo había sellado una compuerta. A lo lejos, pero no sabría decir dónde, unos amantes huían a caballo por un bosque en penumbra como en un cuento de los hermanos Grimm.

-Yo tampoco soy la muchacha que buscas, anda, corre las cortinas.

A lo lejos, el tejado y la aguja de la Catedral de San Esteban se veían cubiertas por un manto de armiño. Nevaba. Nevaba como nieva siempre que miramos esta vieja etiqueta de un frasco de colonia o la caja antigua de latón, quizá de bombones o de galletas danesas, donde unos patinadores de hace un siglo se deslizan tristes y fugaces.

Viena, 1908, patinaje en Heumarkt

miércoles, 29 de enero de 2014

In memoriam Fernando Ortiz

Ahora que con la dama de blanco pasea con Bécquer y con Fernando de Herrera por la eterna primavera del barrio de San Lorenzo, traigo aquí este poema de "Una copa de Haendel" que tanto le gustó y que le iba dedicado, no podría ser de otro modo pues nacía de su mundo.

Todas las primaveras

A Fernando Ortiz

A la luz albariza de las tardes de marzo
cuando el breve vencejo y la lenta espadaña
escriben sobre el cielo La Epístola Moral

y la flor del naranjo se posa en las callejas
con su asiático velo de nieve perfumada,
oh Góngora de oro los retablos abiertos,

cuando la muchedumbre cordial y velazqueña
irrumpe como un río por tabernas y plazas,
gran teatro del mundo y don de la ebriedad,

la dama de blanco corta las cuerdas del arpa
-nocturno de Chopin bajo la inmensa luna-
desde el ángulo oscuro de algún viejo balcón.

Una copa de Haendel, Siltolá, Sevilla 2013.

domingo, 26 de enero de 2014

Culturalismo Intimista

Así titula el poeta Francisco Onieva su reseña sobre "Una copa de Haendel" publicada En Cuadernos del Sur:

Se puede leer aquí.

Siempre gracias.

sábado, 25 de enero de 2014

Liebestod

[Muerte de Amor]

"Tristán e Isolda", R. Wagner

Cuernos de caza y perspectivas góticas,
los perros en el bosque de la noche,
un brochazo de sangre y madreselva,
un halo azul de luces sigilosas.

Ya está pintado el fondo, ahora la orquesta
navegará hasta el fondo de la muerte,
inyéctate en las venas esta música,
sumérgete en un sueño de belleza.

Que no amanezca nunca, es el amor
quien así te lo ordena, tú obedece,
no te importe que sea un espejismo,
otra copa de absenta efervescente.

Apurarás el filtro hasta la aurora,
la de rosados dedos, limpia y pura,
donde mueren las ondas de lo oscuro,
el hondo acantilado de la luz.

Que te encuentre dormido la mañana
como duermen los astros, pulcros, fríos,
en cuyo núcleo inexpugnable arde
el incendio sagrado de la noche.


NOTA: Durante la "celebración" del segundo acto del Tristán, el domingo pasado, una musa irlandesa y pelirroja me dictó de una sola tirada los versos que más arriba se copian. Luego se desvaneció, por las brumas atlánticas de Cornualles, por la secreta escala de la noche.

RECORDATORIO: http://lacolumnatoscana.blogspot.com.es/2009/06/llama-de-amor-viva.html



Waltraud Meier, Liebestod, "Tristán e Isolda", Scala de Milán.
Director Daniel Barenboim



sábado, 18 de enero de 2014

Un consejo de Miguel García-Posada

Un poema de Miguel García-Posada en el segundo aniversario de su muerte.

CONSEJO

No temblar por airados ademanes,
ni temblar por lo fútil, lo irrisorio.
Temblar por el perfume de una rosa,
por un cuerpo llovido desde el cielo.

Miguel G-P. ("La lealtad del sueño", La Veleta, Granada 2007)



Rosas rosadas, Van Gogh

viernes, 17 de enero de 2014

La era de Acuario

[Poesía y Verdad II]

España es un país de más de un millón de poetas
(según las últimas estadísticas),
cada noche se asoman al océano eléctrico
cincuenta mil cernudas por segundo
ciento cuarenta y nueve mil novecientos noventa y nueve rilkes
trescientos mil celanes
medio millón de bukowskis
y Luis García Montero.

[aquí puedes darle a “ME GUSTA”]

Arden Facebook y twitters
arden Wordpress y Blogspot
en la fiel ceremonia de la adulación recíproca
pautada como un minué del dieciocho.

(Los bomberos retiran por la mañana
muchos cadáveres que se ahogaron en Google
con un espejo en la mano.)

[dale otra vez a “ME GUSTA”]

La noche, (ah la noche, la sagrada, indecible, misteriosa NOCHE)
La noche, decía, que se mide en cavafis,
es un inmenso círculo andaluz del libro,
una foto de un burger king de Asturias,
muchos versos así -como este, sin rimo ni medida- 
en algunos suburbios de Zaragoza,
la naranja escarchada en Valencia
y un califa en Córdoba.

Y paso largas horas preguntándole a Dios
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma
por qué se pudren más de un millón de poetas en España
concertando reseñas y conjuras
bailando en festivales al son que corresponda
siempre junto al sillón de cuero de las diputaciones
y el mullido catálogo de las editoriales
de la OTI a Badajoz.

(Pero si ya no dan -creo- la flor) 

Los poetas recitan antes de acostarse
el monólogo de Hamlet de memoria
(ser o no ser esa es la cosa)
luego se recortan un poco los laureles
se repasan las mechas,
ponen una vela en el altar de las musas 
(nueve, te recuerdo)
y se acuestan a soñar con la antología de Cátedra,
la de letras hispánicas con la portada negra
y las letras de molde en un blanco marfil
(¡ojo que luego amarillea!)
esmaltada como un ataúd para la eternidad
que saldarán los biznietos en  la cuesta de Moyano
o lo que quiera que sea Moyano cuando por fin entremos
en la era de Acuario
y un cometa magnífico
con la cola rayada como los libros de Renacimiento
vuelva a recoger sus dinosaurios
y se vaya a jugar a otra galaxia.




domingo, 12 de enero de 2014

... y este sol de la infancia

Fulgor del cielo,
¿qué primavera anuncia 
la luz de enero?
Hiroshige, de "Las Vistas de Edo"

sábado, 11 de enero de 2014

Lección de Astronomía

Al telescopio
la antigua luna
se ve más lejos.


viernes, 10 de enero de 2014

Una Navidad perfecta

[Poesía y Verdad I]

En Navidad
me conforta mirar las luces de colores,
paso horas absorto
bajo las luminarias callejeras
o los grandes retablos del comercio.
Aunque, de todas, es mi favorita
la mísera guirnalda que custodia
-en las noches de fiesta-
la soledad del tiempo en los zaguanes
y en las gasolineras.
Nada tiene de extraño,
están hechas para eso.

Me consuela mirar las luces de colores,
me recuerdan un poco a mi poesía:

la escribo con cuidado,
pero al final elijo siempre,
como la urraca,
(y mira que lo evito)
las palabras brillantes,
como esferas de vidrio para adornar el árbol
en una plaza pública de una ciudad europea
mientras suenan de fondo
nocturnos de Chopin, lieder de Schubert
-y por eso me llaman, con razón, culturalista.
Pero luego me alejo y admiro el adefesio
la torpe criatura con sus brillos de plástico
tal y como imagino que la verán los otros,
y me inspira (ahora sí) ternura.

Me gustan las guirnaldas de luces de colores
porque se venden en los chinos,
y hay en los bazares chinos
más poesía que en la Victoria de Samotracia


En traje de luces, Sevilla, 21 de diciembre de 2013


Barbie, una navidad perfecta

Michael Bublé, "Christmas"


 
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